å

CRÍTICA

'Django Desencadenado', cuando la violencia es la única solución

Un esclavo con deseos de venganza y un cazarrecompensas alemán con ganas de ayudar se enfrentarán a todo por hacer justicia en la nueva obra maestra Quentin Tarantino.

Por Guillermo Álvarez 18 de Enero 2013 | 09:00

Comparte:

Ver comentarios (25)

Desde hace unos años, España ha querido recordar mediante la ficción los episodios más trágicos de su historia reciente, la Guerra Civil y la Dictadura franquista; Estados Unidos también cuenta con épocas abyectas en su corta historia, teniendo la esclavitud como mayor ejemplo de la vergüenza nacional; sin embargo no se ha tratado tanto en el séptimo arte a pesar de que Hollywood es la mayor industria del cine.

Y una vez más ha llegado Quentin Tarantino, un director con una corta pero imprescindible filmografía, que ha rodado un 'western' que utiliza la venganza como hilo conductor de la trama, algo nada original a priori, pero que se ha atrevido a tocar la esclavitud, un borrón en la historia del país de Lincoln, lo que dice mucho a su favor.

Christoph Waltz y Jamie Foxx en 'Django Desencandenado'

Texas, 1859. Faltan dos años para que comience la guerra de Secesión que enfrentó a los estados del norte y del sur de Estados Unidos y que se saldó con la victoria de la Unión y la abolición de la esclavitud. Dos negreros llevan atados a su 'mercancía', entre la que está un esclavo con una triste historia, Django (Jamie Foxx).

Una noche son abordados por el doctor King Schultz (Christoph Waltz), que aparece en su carruaje dispuesto a descubrir una información que le puede ayudar a señalar a tres delincuentes que están perseguidos por la Justicia y con la que Django le puede ayudar. De este modo, Django se convertirá en un hombre libre e iniciará un camino hacia su venganza y al rescate de su amada Broomhilda (Kerry Washington).

Leonardo DiCaprio enloquecido en una escena de 'Django Desencadenado'
Nunca saber alemán fue tan importante, pues eso será vital para que Django recupere a su esposa con la ayuda de Christoph Waltz. Por el camino a Candyland, ambos se encontrarán con muchos peligros en los que correrá la sangre y la violencia al más puro estilo Tarantino.

En esos peligros y aventuras, en busca de recompensas asesinando forajidos primero, y posteriormente de Broomhilda, Django y Schultz se encontrarán con un plantel de secundarios de lujo como Don Johnson, Walton Goggins, James Remar, Laura Cayouette, y sobre todo Samuel L. Jackson y Leonardo DiCaprio, que sin lugar a dudas son los dos personajes más despreciables de la película.

Sangre y violencia siempre al servicio de Tarantino

La actuación de los actores es magnífica, tanto de los protagonistas, (Foxx y Waltz), como de los secundarios anteriormente citados y de otros muchos que aparecen en una película en la que el propio Tarantino se ha reservado un papel pequeño pero muy importante. Entre ellos sobresale DiCaprio, a quien no chirría verle como un rico despiadado y enloquecido dispuesto a todo por ganar y que una vez más ha sido injustamente ninguneado por la Academia de Hollywood, que en esta ocasión ni siquiera se ha dignado a nominarle.

No se le puede pedir más ni a la fotografía ni a la banda sonora, ambas brillantes y perfectamente adecuadas a lo que requiere la película. Los planos están perfectamente elegidos, y se muestra lo que Tarantino quiere que se vea, que no es tanto como en otras cintas de su filmografía, pues aunque la violencia está presente -y mucho-, y la sangre cae a borbotones -a veces de forma excesiva-, no se ha puesto tan explícito como de costumbre y se ha sabido controlar en al menos dos escenas, quizás las que parecen ser las más salvajes. Además, el humor negro que impregna la película la hace aún más imprescindible.

Jamie Foxx en 'Django Desencandenado'

En el lado opuesto se encuentra la duración de la película, 165 minutos que siempre son una eternidad en un séptimo arte que nos suele ofrecer productos de entre 90 y 120 minutos. A su favor se puede decir que no se hace especialmente larga, si bien es cierto que sobra metraje, no mucho, pero sobra, pues se puede contar lo mismo en menos tiempo. Y es que no todo puede ser perfecto.