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'Hannibal': canibalismo 'cool'

Jorge R. Tadeo+ Jueves 04 abril 2013

En los años ochenta Thomas Harris publicó una serie de novelas policiacas con el punto en común del personaje de Hannibal Lecter: una suerte de psicópata de refinados modales con afición por la música clásica... y la carne humana. Tan morboso y atractivo material no tardó en ser llevado a la pantalla en 1986 por Michael Mann en la frecuentemente olvidada 'Manhunter', en la que Lecter era un secundario de lujo interpretado por Brian Cox.

Con mucha mayor relevancia (y cinco oscars en su haber) se estrenaba en 1991 'El silencio de los corderos', adaptación de otra de las novelas de la saga de Harris ('El silencio de los inocentes') a cargo de Jonathan Demme, en la que Anthony Hopkins convertía al personaje en algo más que una mera anécdota y, con su magnética interpretación, lograba que su escasa media hora en pantalla le bastase para crear uno de los villanos más memorables de la historia del cine.

Diez años después, el eficiente Ridley Scott (que acababa de recuperar su crédito con la exitosísima 'Gladiator') dirige con bastante tino una secuela en la que pocos confiaban y en la que el personaje de Lecter adquiere el papel estelar de la función. El guion de 'Hannibal' iniciado por David Mamet y rematado por Steve Zaillian, siempre sobre la obra de Harris, sitúa al sibarita caníbal de retiro en Florencia tras haber huído de prisión y funciona (con algnos altibajos) en su carismático y magnético dibujo del personaje central y su enfermiza relación de atracción-rechazo con la agente Clarice Starling, a la que en esta ocasión Jodie Foster no quiso interpretar, por considerar que el guion traicionaba el espíritu del personaje que le dio a la actriz su segundo Oscar.

Nueva agente Starling

No se echa de menos tanto como cabría esperar a la estupenda Foster, pues coge el relevo con mucha dignidad Julianne Moore. La actriz dota a Starling de un toque más violento, maduro e incluso sensual. La enrarecida química psicológica e intelectual que desprendían los protagonistas en la película de Jonathan Demme, evoluciona aquí hacia una apasionado y morboso juego del ratón y el gato que deja detalles de gran fuerza (el momento en que Lecter coge en brazos a una Clarice inconsciente o esa escena del desenlace en la que ambos quedan esposados).

El guion funciona en tanto que no intenta alargar la sombra del original. Se aleja del estilo canónico de thriller policiaco con elementos psicológicos de la primera entrega, para erigirse en un fascinante retrato de un personaje violento, ambiguo y sin embargo cautivador. La película se beneficia del talento de Scott en la creación de ambientes para explotar al máximo el escenario de una Florencia tan bella como inquietante. Sus criticados jugueteos con el gore (la subtrama de venganza con un Gary Oldman desfigurado) funcionan moderadamente bien dentro de un logrado tono que, al igual que el personaje central, oscila entre lo elegante (la secuencia de la ópera) y lo excesivo (la viscosa e inolvidable cena orquestada por Lecter).

'Hannibal' es por tanto una más que digna continuación de la magistral 'El silencio de los corderos' que sirvió para ahondar en la psicología del personaje y que se beneficia de una muy lograda atmósfera entre lo exquisito y lo perturbador. Una grata sorpresa, que obtuvo en su estreno hace más de una década buena respuesta comercial y crítica. Veremos si sucede lo mismo con la serie sobre el personaje que hoy estrena en Estados Unidos la NBC...

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