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'Nebraska': Un fragmento de vida

Carlos Hernández Martes 04 febrero 2014

De ven en cuando la cartelera da un respiro para todo aquel que busca un entretenimiento alejado de la gran parafernalia de Hollywood. Porque hay un cine al que no le hace falta saltar coches por los aires, ni contar historias que recorren medio mundo para fascinarnos con puestas de sol y tomas desde helicópteros. Hay historias que son tan reales y cercanas que no necesitan mucho más que una mano lo suficientemente fuerte que sepa guiarla y a su vez, unos actores que sepan ser de carne y hueso. Eso es 'Nebraska', una cinta que habla de cosas pequeñas, de cómo esas cosas pequeñas se van haciendo cada vez más grandes, y cómo esas cosas que son tan grandes, en realidad, no dejan de ser esas cosas pequeñas de las que están compuestas las vidas.

La historia del filme están simple como fácil de complicar: "Después de recibir un "premio" por correo, Woody Grant, un anciano padre con síntomas de demencia, cree que se ha vuelto rico, obligando a su receloso hijo David a emprender un viaje para ir a cobrar el talón en Nebraska. Poco a poco, la relación entre ambos, rota durante varios años por los continuos desvaríos etílicos de Woody, tomará un cariz distinto ante la sorpresa de la socarrona madre de David y su triunfador hermano Ross. Pero ¿qué ocurrirá cuando Woody regrese al pueblo, donde le ha prometido a todos que se ha convertido en millonario?". Rodada en blanco y negro, y con tan solo unos cuantos escenarios que visitar, el filme narrará la travesía de un anciano en busca de su ansiado millón de dólares, que a su vez será un viaje entre padre e hijo para conocerse mejor, y como no, una oportunidad para tener una casi última aventura en la vida.

El anciano que da su simbólico perfil al póster es Bruce Dern, un actor que ha conseguido que durante gran parte del metraje pensemos que de verdad, sufre algún comienzo de demencia en el mundo real. Supongo que llegados a una edad (Dern cuenta 77 años ya), una persona puede llegar a eso que tan bien se llama una "segunda infancia", y si encima se es actor, verlo en pantalla es todo un lujo, ya que el personaje de Dern muestra por momentos esa inocencia de un niño pequeño, de no saber muy bien dónde está, de simplemente, estar jugando y no querer salir de su ensoñación. Dern consigue crear un personaje que tiene esa ternura del abuelete que comienza a desvariar, aunque eso sí, que ha contado con un pasado reprochable, que no ha sabido ser un buen padre, y que como todo señor mayor, cuenta historias que son difíciles de creer hasta que se descubren que son verdad. Escogido como Mejor Actor Principal en el último Festival de Cannes, la interpretación de Dern se muestra sólida durante todo el metraje, inocente cuando debe serlo, desubicada cuando toca, y sobre todo, entrañable, en un personaje que realmente podría existir.

No hay mejor compañero para esta aventura que Will Forte en el papel del hijo del protagonista. He de admitir que no conocía la carrera de este actor, y para mi ha sido un descubrimiento al ser una cara que no logro situar en ningún otro filme, y que en esta ocasión, me ha demostrado que esconde un gran talento, y sorprende a cámara. Forte logra que nos sintamos identificados con su personaje, cuyo buen fondo y humildad hace que de veras creamos que sea capaz de llevar sus acciones hacia donde gira el filme. A ello sumamos que también se convierte en casi el único personaje más o menos cuerdo de todo el metraje: un pobre hombre que intentando cumplir un sueño de su padre descubre que todo se le está yendo de las manos, y pese a ello, continúa con su fluir en la cinta, dando vida a un hombre que podría ser cualquiera de nosotros, con una vida tan normal y rutinaria que no es difícil el ver en el viaje que planea el filme como algo no solo necesario para su padre, sino también para él mismo. En definitiva, una interpretación íntima y sólida, y perfecto contrapunto para Dern.

Esa señora que tanto nos hará reír se llama June Squibb, actriz que dará vida a la malhablada esposa de nuestro protagonista, y que se trata de una de esas mujeres mayores a las que la vida no tiene nada que enseñarles, y desde su altar de edad y experiencia, ya no hay nadie que les tosa. Squibb construye un personaje al que da gusto ver en pantalla, ya que también el guión le ha otorgado una categoría superior a sus demás en el reparto, y todas las burradas que puede llegar a decir están perfectamente asimiladas y son creíbles, y pese a que nos pueda impactar su manera de ser, todo en ella respira un aroma de autenticidad que simplemente, no podemos más que pensar que es una más de la familia y hay que saber llevarla. Sin duda, su papel es que el que más humor negro y violento proyecta en el metraje, y que bien lo hace la señora.

Me sorprende en el reparto la participación de Bob Odenkirk como hijo mayor del protagonista, y junto a su hermano, el que más lógica le da a la historia. Si bien su papel sabe a poco, ya que no es tampoco un personaje especialmente principal, pero cuando está en pantalla sabe dar el contrapeso ideal a la trama, ofreciendo una interpretación bastante correcta, que sin ser especialmente destacable, sí que consigue hacerse notar al ofrecer una imagen más elevada de toda la acción, y pese a que no hace un recital, sí que se muestra centrado en pantalla y no desentona en toda la atmósfera del filme. Un buen paso para ir saliendo del rol de Saul Goodman.

Alexander Payne, director de 'Los descendientes', consigue en esta obra ofrecer un largometraje costumbrista, que muestra las cosas más pequeñas de una sociedad atada a la rutina y monotonía, y que pese a tales calificativos, todo ello consigue ser extrañamente nuevo y a su vez, no deja de contar la misma historia que se vive siempre. No digo esto como algo negativo, todo lo contrario: Payne muestra cómo todo se va haciendo una bola cada vez más grande según el metraje aumenta, pero no deja de ser a su vez una llamada de socorro en una sociedad de pueblo en la que realmente no pasa nada, y es la visita de nuestro protagonista un verdadero acontecimiento.

Con ello se logra que la cinta respire un aire muy pausado, donde el blanco y negro acompaña perfectamente a una historia que es simplemente gris, donde las vidas de los personajes apenas dejan ver colores especiales, ya que como una gran mayoría de la población, la propia vida no les ha dado mayores historias que contar que aquella vez que llegaron del punto A al punto B en menos tiempo que otro, o que como más de una vez nos habrá pasado en la realidad cuando volvemos a ver a alguien de nuestro entorno del que hace tiempo que no veíamos: a veces no hay mucho que contar, todo sigue igual. Esta es la sensación que mejor muestra 'Nebraska', esa atmósfera de que en la realidad del día a día de una persona normal, no hay realmente grandes aventuras que narrar, simplemente uno se limita a vivir y punto.

El mayor acontecimiento del pueblo

Esta temática hará que los momentos más divertidos de esta comedia dramática sean aquellos que son más patéticos, más cercanos y a su vez, más de "andar por casa". Este humor es bastante inteligente y sano, en el sentido que por momentos nos sentimos identificados con lo visto, y simplemente logra ponernos una sonrisa en la cara ya que no lo vemos como algo alejado de nuestras vidas. Es por ello también que algunas escenas sean algo predecibles, y esto reste impacto tanto al drama como a la comedia, y sobre todo, el aroma costumbrista de todo el filme, donde todo está pasando, y pese a que en el metraje es grande e interesa, en realidad son cosas pequeñas y cotidianas, hasta el punto de sentir que hay momentos que podríamos salir del cine y volver y todo seguiría igual, o más aún, podríamos alargar el filme hasta las 45 horas, porque continuaría siendo igual de costumbrista, e interesante a tramos, pero a su vez, pequeño.

Todo ello provoca que haya momentos en el largometraje en el que podríamos simplemente colocar un The End y funcionaría igual que el prefijado en edición, ya que cuando acaba el filme sabemos que hemos contemplado una historia que es real, viva e interesante, pero que a su vez no es más que un tramo de vida, y ahí recae el valor de 'Nebraska', una película que ofrece un fragmento de vida como es un vida hoy en día, con su rutina, monotonía, y pequeños grandes líos, pero lo que es más importante: respira, y vale la pena verla solo por ser espectadores de una aventura tan auténtica.

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