'10.000 Km': Estar lejos, hoy

Jesús Márquez + Martes 13 mayo 2014

Internet: toda una revolución. No solo lo ha cambiado todo lo que significaba la era de la información en la que nos encontramos y cómo acceder a la nueva materia prima del mundo, también nos ha afectado en un plano mucho más emocional: nuestras relaciones personales. Caminamos por la calle y usamos Whatsapp para no desconectarnos de alguien que hemos visto solo 30 minutos antes. Pese a ello, ¿cómo de lejos nos encontramos realmente de esa persona, tanto física como sentimentalmente?

10.000 Km

De eso nos habla, o sobre eso profundiza, '10.000 Km'. El recorrido de galardones del film está siendo alucinante: durante su presentación en el Festival SXSW de Austin consiguió muy merecidamente el premio especial del Jurado al mejor dúo interpretativo, conformado por Natalia Tena y David Verdaguer, y en el Festival de Málaga se alzó como la gran vencedora con 4 biznagas de plata y una de oro: mejor película y mejor dirección, para Carlos Marques-Marcet, entre otros premios. Y no es sorprendente: la ópera prima de Marques-Marcet es un soplo de aire fresco con un mensaje muy contaminado, una obra relevante que habla de temas de siempre en un contexto muy de ahora y con un lenguaje formal alucinante que no se aleja jamás de su fondo.

El ritmo como emisor de relatos

Empecemos por el principio. Su plano secuencia de 23 minutos. Todo está orquestado para que no notemos el movimiento de la cámara, para que la escena sea tan planificada como orgánica. Tena y Verdaguer derrochan química durante su totalidad, nos encariñamos de la pareja que forman Alex (Natalia Tena) y Sergi (David Verdaguer): sabemos en qué situación de su relación se encuentran, somos capaces de diferenciar sus problemas y lo que hace que estén juntos. Marques-Marcet nos contextualiza siete años de relación en apenas 23 minutos de una mañana entre una pareja.

La idea más alucinante en torno a este plano es lo que supone para el resto de la película, dividida en pequeños fragmentos de días. Pasamos del plano secuencia a un constante plano-contraplano, protagonizado por Alex o Sergi con el contrario en la pantalla de un ordenador. Todo el contacto físico que ese plano secuencia permitía a la pareja se pierde en el momento en que entramos en las escenas fragmentadas y los planos segmentados: la comunicación cambia, así como la relación y sus dinámicas.

10.000 Km

Curiosamente, esta fragmentación lejos de ofrecer un ritmo desenfrenado lo que hace es frenarlo. Las escenas no acaban de tener un inicio y un fin marcados, los días pasan despacio: el tedio y la desesperación se apoderan del espectador por la lentitud con la que avanza el tiempo narrativo, así como el propio tiempo fílmico. Y no en un mal sentido. De hecho, es más una sensación de angustia que de aburrimiento, es el haber dado en el clavo en cómo contar un sentimiento a través del guion, la dirección, el montaje... Sergi se impacienta: lleva días sin saber de Alex y aún queda mucho tiempo para que vuelva. La escena continúa. No hay catarsis. Cortamos a otro día.

La utilización de la tecnología

Ante esta situación, los personajes acuden a los recursos de los que disponemos hoy día. Ya no son cartas, ni siquiera basta con el teléfono móvil. La webcam es una de las grandes protagonistas de '10.000 Km'. La webcam y sus restricciones: la imposibilidad de que Sergi o Alex se miren a los ojos, pues ambos deberían mirar a la cámara en vez de a su pareja; el lag entre lo que vemos y lo que se escucha, que provoca desincronización labial incluso en diálogos que deberían ser emocionales; y, por supuesto, la falta de contacto físico.

Así, la "ausencia de" se convierte en algo menos grave que "la sustitución de". De hecho, la ausencia de contacto empeora porque algunos de esos momentos se cubren con la sustitución de ese contacto por algo diferente: una relación que no es como la que tenían. ¿Qué significa para ellos que solo se vean de ese modo y en esa representación? ¿Es posible que tras haber pasado por eso puedan resetear al estado en que la relación estaba en un principio?

10.000 Km

El análisis de '10.000 Km' sobre los nuevos tipos de comunicación es bastante extenso: además de la webcam, tenemos Facebook, el propio correo electrónico... En este último medio se produce uno de los monólogos internos más alucinantes que he podido presenciar, un examen interior por el que quien más y quien menos habrá pasado en los últimos años. Asimismo, la escena correspondiente a Facebook también tiene una relevancia que asusta: la capacidad para espiar sin ver de verdad, mediante la visita de perfiles; de sugerir sin decir, a través de un simple comentario en forma de canción... La comunicación a medias, a fin de cuentas.

Y volvemos a la pregunta que la película sugiere, ¿qué cambia cuando nos exponemos a esta comunicación a medias? El momento en que la distancia física, intentando ser erradicada, se convierte también en una distancia personal. La reflexión sobre la propia pareja que se origina y la deformación de la misma. Abarcando esta temática, '10.000 Km' es una película oscura, pero muy emotiva al mismo tiempo: fría, pero llena de amor. Es una constante dualidad de ambigüedades, la historia de una pareja que se quiere pero cuya distancia no para de crecer.

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