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CRÍTICA

'Lost River': Lobos sin disfraz

Ryan Gosling debuta tras las cámaras y como guionista con esta interesante propuesta de planteamiento complejo, que cuenta con un gran reparto y una estética llamativa. Ya en cines.

Por Alejandro Rodera Herrero 17 de Abril 2015 | 09:30

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El oficio de director de cine no es sencillo, al menos para aquellos realizadores que buscan contar una historia sin perder el tono artístico que debería tener una película. Por esa razón es complicado pasar de ser el que recibe órdenes en un rodaje a ser el que tiene que darlas, así que cuando un actor decide dar el salto a la dirección puede ofrecer una ópera prima conformista que no tenga marca de autor sino de principiante o un trabajo que denote una mayor ambición e implicación. Puede haber mucho descontento o desconcierto alrededor de 'Lost River', pero no cabe duda de que Ryan Gosling no se ha dejado nada en el tintero, se ha arriesgado y ha demostrado personalidad.

 Iain de Caestecker en 'Lost River'

La decisión de no formar parte del reparto remarca su implicación total en el desarrollo creativo de la película, la cual no solo ha dirigido y ha guionizado, sino que también ha ejercido de productor y de compositor e intérprete de una de las piezas musicales de la banda sonora. El producir su propia ópera prima supone una mayor libertad de lo que la mayoría de realizadores tienen con su primera película, y esa menor cantidad de limitaciones queda reflejada en el resultado final, que, a pesar de ciertas carencias técnicas, desprende un estilo propio que pocos alcanzan en su debut. Aunque por momentos todo parezca desordenado y confuso, como si el montador se hubiera encontrado con un complejo puzzle, una vez que se entra en el juego visual y metafórico la obra parece cobrar vida, no tanto sentido, pero sí vitalidad.

La estética de la película debe mucho a Benoît Debie, el director de fotografía de 'Spring Breakers' y 'Enter the Void', que ha plasmado esa corrupta ciudad que se encontraba en la mente de Gosling, compaginando los días inundados de luz natural con las noches y la perversión repletos de neón y color. Aunque haya planos que recuerden que no nos encontramos ante un director como tal, porque la imagen queda forzada por movimientos de cámara o por redundancias algo cansinas como el presentar el techo de un edificio para luego ver lo que ocurre en su interior, entre otras cosas, es cierto que por encima de todo eso prevalece un planteamiento interesante y ciertas imágenes realmente bellas. Sobre todo hay que destacar el plano en el que Bones se encuentra en el lago y las farolas se van encendiendo detrás de él, un trabajo de composición increíble que deja buena muestra del buen resultado visual surgido de la colaboración entre Gosling y Debie.

 Saoirse Ronan en 'Lost River'

La perversión es lo que mueve la película, en una ciudad en la que las ruinas impiden recordar tiempos mejores las únicas motivaciones parecen ser las más viscerales. La lucha por sobrevivir en ese oscuro lugar puede parecer absurda, ya que huir sería la opción más comprensible y sencilla, pero no toda la gente es capaz de arrancar sus raíces de tajo. Para reflejar esa población no había mejor sitio que la desolada ciudad de Detroit, antaño una de las más ricas del país y actualmente en proceso de abandono. Jim Jarmusch ya nos llevó de paseo con sus vampiros de 'Solo los amantes sobreviven' por esta decadente ciudad, que cuenta con espectaculares edificios que han perdido todo su brillo. En la película de Jarmusch un teatro se había convertido en parking y en 'Lost River' el valor de todo edificio ha quedado reducido al cobre que corre por sus paredes, reflejando el desinterés de la sociedad por mantener viva su propia creación, que se desmorona irremediablemente al igual que los valores que tratan de vendernos como modélicos.

Envidiable reparto

Entre las ventajas de ser una estrella de Hollywood no solo están el dinero y la fama, sino también la influencia y los contactos. Ryan Gosling no es ningún desconocido y ha conseguido atraer a su proyecto a un elenco de primera clase. Empezando por su compañera de reparto de 'Drive', Christina Hendricks, que aquí cumple en sus momentos sangrientos y se convierte en el hilo conductor de un gran equipo de actores. El otro protagonista es Iain De Caestecker, a través del cual vemos la parte más fantástica del relato, contrastando con toda la perversión explícita que afronta el personaje de Hendricks. Mientras que Matt Smith deja de lado su faceta de Doctor Who para interpretar a un inestable rey de la ciudad con aspecto del personaje de Gosling en 'El creyente', que se aprovecha de la situación sabiendo que el miedo es una de las sensaciones que más rápido se apoderan del ser humano. Aunque los dos intérpretes más destacados son Saoirse Ronan y Ben Mendelsohn. Ronan sigue demostrando que la juventud no significa inmadurez. Y Mendelsohn es capaz de resultar intimidante mientras se marca un baile y da vida al personaje más útil para criticar la corrupción de la sociedad actual, banquero de día y dueño de un club en el que la gente satisface sus necesidades más oscuras por la noche.

 Ben Mendelsohn en 'Lost River'

Es cierto que la película puede ser excesivamente críptica durante algunos momentos, pecando más de inexperiencia narrativa que de enredar sin sentido, pero el riesgo corrido por Ryan Gosling es digno de aplauso, ya que cada una de las escenas de 'Lost River' dejan claro que tras ellas hay un director con inquietudes artísticas que es capaz de reflexionar comprendiendo las ventajas y enfrentándose a las complicaciones de este medio.