'Los miércoles no existen': Relaciones imposibles que se sienten cantando

Berta F. del Castillo Jueves 15 octubre 2015

Lo bonito de 'Los miércoles no existen' es que invita a reflexionar acerca del arte y las relaciones, otra cosa es que salga mejor o peor parada cuando ates cabos. Momento en el que querrás salir corriendo a tu videoclub favorito para alquilar 'El otro lado de la cama'. Porque otra cosa no, pero es muy probable que esta película despierte tu lado romántico o te empuje a celebrar tu independencia al más puro estilo vintage. Con ese aire a 'Begin Again'.

Lo miércoles no existen

El caso es que para perfilar un film como aquel protagonizado por Keira Knightley y Mark Ruffalo, y sacar a relucir un recuerdo a cine independiente, que no se preocupa de buscar demasiados adornos porque cuenta con una historia sólida y entrañable; para eso, hace falta una base más dramática que cómica.

Y la sensación que transmite el film de Peris Romano es que podría haber sido una comedia musical fabulosa, si esas conversaciones en vez de llevar las risas tan escondidas detrás de una gente muy triste, hubieran buscado la ironía y ese lado cómico subyacente al drama.

También podría haber apostado por el lado melancólico pero entonces todos esos personajes con pensamientos que quieren ser profundos acerca de las relaciones, no podrían estar soltando chascarrillos inconexos. El equilibrio de la dramedia, el arte de arrancar carcajadas de la miseria ajena, es complicado de encontrar.

Lo miércoles no existen

Los trucos del cine

Seguro que algo de nostalgia también aparece, y de repente te apetece disertar sobre tus relaciones o la falta de ellas... Y esa película sí la querría ver yo.

Porque al final 'Los miércoles no existen' no es más que otra obra acerca del tema inagotable que es el amor, cuando hay que construir puentes hacia el otro y rezar para que no se vengan abajo, para que los dos busquéis lo mismo.

Es otra obra que viene a decir mas o menos lo que has escuchado, leído y visto cientos de veces, de manera directa y sin demasiado artificio.

Normalmente adoraría un film franco y honesto, pero no si me hace echar de menos un escenario. No si de repente me gustaría poder oler a los actores, que me guiñasen un ojo, sentir las risas y emociones de todos.

Los miércoles no existen

El cine tiene sus propias armas para eso, su propio lenguaje, uno que dista mucho del que conquista en el teatro. En la gran pantalla el ritmo ha de ser otro, los escenarios tienen infinitas posibilidades, los saltos temporales sus propias normas y la estructura no puede salvarse con una interpretación cercana.

Total que, lo que podría haber sido una curiosa reflexión acerca del egoísmo y de esa magia del porqué tú sí y no el anterior o el siguiente, se queda en una sucesión de escenas que piden a gritos un poco más de vida.

Los miércoles no existen

En tierra de nadie

Porque de repente podría ser un musical pero no sé muy bien que hacer con esa parte, entonces concluyo que lo que era una maravillosa música en directo en la obra de teatro de la que nació este film, tiene que estar ahí, como sea.

Otro reto más para unos actores, que en general salen bastante airosos de esa falta de estructura y de unos diálogos que te hacen echar de menos aquellas películas de los 50 en las que te contaban esto mismo pero hablando de otra cosa.

Ese sutil juego de la ambigüedad que quizá no hubiese faltado tanto si Romano se hubiera apoyado en las imágenes para dar forma a unos personajes que a veces cojean porque no demuestran ser mucho más de lo que dicen.

Como bien le comentaba Patricia, personaje interpretado por María León, a César (Gorka Otxoa)... la cosa no fluye.

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