'Crudo': Apetito insaciable

Alejandro Rodera Viernes 17 marzo 2017

Las fronteras del cine de terror cada vez son más inexistentes. El drama y la intriga más convincentes están filtrándose por las grietas de un género apaleado por productos dañinos a nivel cualitativo, aunque no tanto en lo comercial. Los bajos presupuestos no han impedido que emerjan prometedores autores del ámbito del terror, como David Robert Mitchell y Robert Eggers, que no se limitan a los engañosos efectos de sonido y los objetos que aparecen y desaparecen convenientemente. 'Crudo' es otro paradigma de ese terror maduro, ya que combina el gore más salvaje con una historia íntima y dramáticamente imponente.

Crudo

Sorprendentemente, nos encontramos ante una ópera prima. La cineasta francesa Julia Ducournau ha firmado una carta de presentación que le abrirá las puertas de todos los estudios de Hollywood, aunque precisamente es su desbordante personalidad la que distingue a su primera obra de la mayoría de producciones americanas de género. La parisina nos sumerge en un drama con tintes personales y sociales, brochazos de humor negro y un núcleo femenino tremendamente fuerte. Una combinación difícil de mezclar con éxito, y más si se trata del primer intento.

El film acompaña a Justine durante su primer año de universidad. Esta joven vegetariana se enfrentará a un ambiente hostil en su nueva residencia, donde se someterá a las novatadas y a costumbres etílicas y alimenticias que nada tienen que ver con ella. Somos testigos omniscientes de la evolución de Justine a lo largo de ese impactante periodo, desde que la fuerzan a comer carne hasta que adopta su nueva e inevitable personalidad. A lo largo de ese proceso influyen especialmente su hermana, Alexia, y su compañero de habitación, Adrien. Consecuencia de ese cambio es el viraje que sufre su dieta, que sustituye las verduras por la carne cruda, pasando rápidamente de los filetes de pollo a las proteínas humanas. Es decir, que el canibalismo entra en juego de una forma extrañamente orgánica. Obviamente choca la nueva adicción de Justine, pero los atracones están tan bien elaborados que no resulta ridículo mantenerse a su lado.

Las explícitas escenas bañadas en sangre nos dejan imágenes para el recuerdo, sobre todo para aquellos capaces de mantener la mirada fija en los actos de Justine, a pesar de lo grotesco de los mismos. A no ser que tenga el ojo y el estómago algo insensibilizado, el espectador puede sufrir para entrar de lleno en la hipnosis caníbal propuesta por Ducournau, y aun así no se estará perdiendo lo más importante, que es la liberación de la naturaleza innata de Justine ante un entorno que pretende someterla a normas estúpidas. Su personalidad se ve alterada, pero no pierde un ápice de garra en todo el metraje. Es una mutación realmente atractiva, que contiene elementos con los que no resulta tan complicado identificarse, como el despertar de los deseos sexuales, que se canaliza a través de la nueva afición caníbal de la protagonista.

Crudo

Terror en su máximo esplendor

Garance Marillier, también debutante, interpreta a Justine de forma totalmente convincente tanto en sus conflictos dramáticos como en sus hambrientos arrebatos. En 'Crudo' también tienen cabida los enfrentamientos familiares y la defensa de la libertad sexual, reflejada hábilmente con el personaje de Adrien, un joven homosexual que también estalla ante la posibilidad de tener que reprimir su orientación sexual. Ducournau huye de juzgar a sus personajes por géneros, razas o sexualidades, y el canibalismo es la muestra definitiva de su desprecio a los convencionalismos y conservadurismos establecidos.

Las raciones de gore tienen sentido en el marco de la narración y dotan de un mayor potencial de perdurabilidad a la película, que llega a los cines impulsada por su fama de revolver el estómago del público. Pero estrategias comerciales aparte, hay que reconocer el valor de una película capaz de indignar, levantar carcajadas, aterrar y sorprender. 'Crudo' es terror de autor (o autora). Quizá condensa demasiados temas en 100 minutos, pero ese es el principal indicio de que la directora tiene algo relevante que decir, y vaya si sabe cómo transmitirlo de forma poderosa e indeleble.

Nota: 8

Lo mejor: El ingenio de Ducournau para equilibrar el terror y el drama.

Lo peor: Si la ves con tu familia, probablemente alguien se cambiará de sala.

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