Lo cierto es que el éxito rotundo en 2002 del documental de Michael Moore Bowling for Columbine abrió -un poco, sólo- las puertas de las grandes salas a un género acostumbrado a vivir de pases televisivos, festivales o formato doméstico.
Tras el éxito de Moore, el documental llegó con una mayor facilidad al gran público y, por ende, el número de producciones incrementó, con tÃtulos como Farenheit 9/11, Balseros, The corporation, La pesadilla de Darwin, Una verdad incómoda o Super size me. Mientras que algunos de éstos y otros tÃtulos abogan por una neutralidad hiriente, algunos otros tendieron a rehuir la objetividad inherente del documental para decantarse por una melodramática denuncia social más próxima al espectador aunque menos imparcial, y Fast food nation estarÃa en éste último bando.
Antes que nada, debo aclarar que la pelÃcula de Richard Linklater no es un documental propiamente dicho, sino más bien un docudrama, pero su esencia está tan próxima a los primeros que serÃa impensable por mi parte obviarla.
Fast Food nation está dividida en tres historias, las cuales no llegan a entrelazarse plenamente entre sÃ, aunque todas tienen un nexo común: Mickey's, una cadena de comida rápida estadounidense. En la historia inicial, Don (Greg Kinnear), vicepresidente de Mickey's, descubre que los Ãndices de estiércol en su producto estrella, el Big One, son alarmantes. Por ello, decide viajar al sur del paÃs para comprobar las condiciones trabajo tanto de su fábrica como de la empresa ganadera que les suministra la carne. Paralelamente, un grupo de espaldas mojadas cruzará la frontera en busca del sueño americano, obteniendo un empleo en la factorÃa cárnica de Mickey's, cuyas condiciones laborales dejan mucho que desear. Y, finalmente, tenemos también a Amber (Ashley Johnson), una joven estudiante que trabaja en una de los locales de Mickey's, y cuya relación con un grupo de jóvenes ecologistas le hará plantearse su futuro laboral.
Estas tres historias se unen para denunciar, por un lado, la pésima calidad de la comida rápida, por otro, la explotación de las grandes empresas para con la inmigración, y finalmente, la efÃmera solidaridad de nuestra sociedad, retratada en los conatos de boicot de un grupo de jóvenes activistas.
El hecho de que Richard Linkater haya usado este formato para exponer su particular denuncia social tiene aspectos positivos y, cómo no, negativos: en el aspecto positivo tenemos una trama, un argumento bastante más atractivo que un mero cúmulo de entrevistas y datos, más aún si contamos con la intervención esporádica de actores del renombre de Bruce Willis o Ethan Hawke; en el aspecto negativo, en cambio, nos encontramos con que Fast food nation adolece de cierta falta de crudeza y, por qué no decirlo, objetividad, en beneficio de un mayor dramatismo de sus personajes.
Asà pues, Fast food nation pretende ahondar en diferentes temas de escabrosa actualidad sin llegar a profundizar como deberÃa en ninguno de ellos, en una mezcla de Super size me y The corporation en clave dramática; de todos modos, merece la pena verla aunque sólo sea por recordarnos ciertas verdades cotidianas que, mostradas, bien pueden resultar escandalosas, pero que nuestra sociedad del bienestar y nuestro conformismo (y ahà también me incluyo) nos hacen obviar a diario.