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La crítica de 'El hombre bicentenario' de KireMarried

9

Lecciones de la vida

07 oct 2012

Debo de ser muy raro, o no he debido de ver la misma película, por las notas negativas que ésta tiene. Como anécdota personal, he de decir que la primera vez que la vi era muy pequeño, y descubrir tan pronto el significado de la vida tal y como lo muestran en la obra me resultó muy duro, probablemente me marcara para siempre. Sin embargo, no me arrepiento, pues considero que el mensaje es de vital importancia dentro de la filosofía de la vida. Y es que todos pensaremos en algún momento en la muerte y en lo que esto significa.

No exagero cuando digo que es la única película que consigue hacerme llorar, y eso que yo no soy muy sensiblero en ese sentido, pero este film tiene varias escenas que pueden conmigo, por más que vea y revea la cinta. La historia nos presenta a un androide que es adquirido en un futuro no muy lejano por una familia para que colabore en las tareas de casa. La sorpresa viene cuando poco a poco va desarrollando sentimientos emotivos, lo que hace que, irremediablemente, la comunidad humana tenga que ir otorgándole concesiones como ser racional que es. Finalmente, decide renunciar todas las ventajas de ser un robot para convertirse en un hombre con todos sus defectos. Sí, entre ellos, la posibilidad de morir, facultad que antes no poseía al no ser un ser vivo.

Este acto causa instantáneamente confusión en cualquier espectador, pues la muerte ha sido siempre el tema tabú por excelencia, el mayor terror, aquello que nunca tiene remedio. Casi cualquier persona accedería a la inmortalidad si se lo propusieran, pero antes de aceptar, hay que valorar una serie de condiciones que son las que precisamente se reflejan en la película. El hecho de que no sientas el efecto del paso de los años físicamente puede ir carcomiéndote la mente. En primer lugar, todos tus seres queridos morirán, y tú estarás allí para verlo. Y no solo estos, si no también sus hijos, y sus nietos, y así sucesivamente. Quedas, por tanto, aprisionado en un cuerpo, quedándote solo.

En segundo lugar, llega un momento en que la vida te resultaría costosa, aburrida, cansada. Es en ese instante en el que es preferible aceptar el descanso eterno, y liberarte así de todas las preocupaciones, para quedar en paz para siempre. En tercer lugar, ese "don" te marginaría del resto de la sociedad, que te vería como un ser extraño, incluso llegándote apartar de la categoría de "humano". La deducción es, por tanto, dolorosa, y así se transmite en la película. Andrew, el robot, decide morir como un hombre antes que vivir como una máquina, aunque solo sea para poder experimentar todas esas emociones propias del ser humano, tan bellas que merece la pena nacer solo para sentirlas.

Para terminar, el resultado filosófico que obtenemos es que las dos únicas opciones son negativas y no podremos escapar nunca a ellas: morir, o vivir para siempre viendo morir a los demás, tortura que puede llegar a ser peor que la muerte. Otra reflexión es que, si logras una fórmula para vivir durante muchos años, puedes decidir morir algún día, pero una vez que te mueres, ya no puedes renacer.

A todo esto hay que sumar la siempre agradable interpretación de Robin Williams, y quizás esos altibajos entre comedia alegre y drama existencial que acaban por dejar muy tocada la fibra sensible de quien la ve. La película no es para nada mala, pero es normal que cause desasosiego en las personas, pues de lo que se trata les atañe muy de cerca, y es un instinto humano que este tema sea rehuido todo lo posible. Pero es una verdad evidente, universal y absoluta, que el único destino que todos tenemos a ciencia cierta es que vamos a morir algún día.

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