Una película sencilla, pura, sin florituras,sin nada que despiste al espectador, donde lo único importante son los personajes, sus pasiones, sus sufrimientos,sus angustias... Una película que no pierde la esencia del teatro, no olvidemos que estamos ante una adaptación, donde la palabra lo es todo.Sin embargo, es en los pocos momentos donde no cabe el diálogo donde se aprecia la delicadeza narrativa de Terence Davies, ya sea a través de la música o de planos de gran belleza estética.
Lo bueno: rachel weisz, tom hiddleston y simon russell beale,impecables.