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'Los idus de marzo', un genial retrato de la degradación de los valores

Jesús Márquez Sábado 10 marzo 2012

'Los idus de marzo' es el cuarto trabajo de George Clooney como director y su segunda colaboración con el guionista Grant Heslov, con el que ya escribió en su momento 'Buenas noches, y buena suerte'. Aunque ambas son películas comprometidas con su causa, con intención de denunciar algo, también son más diferentes de lo que parece.

Mientras que en 2005 apostó por sobriedad y narrar un caso real, lo que nos encontramos ahora es un acontecimiento completamente ficticio. No existe Morris, candidato a representar el partido demócrata, no existe Stephen, responsable de la comunicación de la campaña, ni ninguno de los participantes de estas primarias inventadas. Además, frente a la eficaz sencillez de 'Buenas noches, y buena suerte' tenemos el apoteósico ritmo de 'Los idus de marzo'. Clooney demuestra una gran versatilidad con estos dos trabajos.

Philip Seymour Hoffman y Ryan Gosling en 'Los idus de marzo'

Honradez política en el punto de mira

Morris, Clooney, es un demócrata en mitad de una campaña dirigida por Paul, Philip Seymour Hoffman, que trabaja con un joven idealista y con una aparente moralidad inquebrantable: Stephen, Ryan Gosling. Con un tono incluso cómico, el primer acto de la cinta se dedica de principio a fin a presentar este entramado político, si bien ya se empiezan a dar pistas de por dónde podrían ir los tiros.

Durante la primera conversación con el siempre genial Paul Giamatti, 'Los idus de marzo' ya se apresura a afilar cuchillos para dejarnos una potente crítica política. Sin embargo, el distanciar la película de un marco de acontecimientos real perjudica al impacto que puede tener lo que propone. De hecho, no se hace una sola mención a nada ocurrido en el pasado de EEUU, salvo cuando se enumeran algunos presidentes. Ni siquiera se habla del actual, Obama. Puede parecer un detalle sin importancia, pero no, le resta mucha garra a la cinta, le hace creer al espectador que lo que está pasando puede llegar a ocurrir, que así de chungo está el panorama, pero que no tiene por qué llegarse a este extremo. A Clooney le ha faltado tirarse a la piscina de lleno y no dejar títere con cabeza.

Ryan Gosling y Paul Giamatti en 'Los idus de marzo'

Pero no hay de qué alarmarse, 'Los idus de marzo' no sorprende demasiado, no, pero eso no le quita que sea una buena película. Es más, es buenísima. Pese a que ciertos momentos son predecibles, está repleta de giros, a cada cual más jodido, que están introducidos con tan buen hacer que ninguno queda forzado. Pese a que el personaje de Evan Rachel Wood aparenta ser un mero accesorio para hacer avanzar la trama, Clooney consigue añadirle valores morales a todo lo que la rodea para que lo concerniente a ella no quede como un pegote, algo que a un guionista más mediocre podría haberle ocurrido sin demasiada complicación.

Ryan Gosling comiéndose la pantalla

La cinta avanza con paso lento hasta más o menos la mitad del metraje. No es que hasta entonces sea pesada, pero sí que puede hacer que alguna que otra persona con la cabeza en otra parte se pueda perder antes las conversaciones sobre senadores, delegados y primarias. Se desarrolla con algún sobresalto, pero nada que marque con demasiada fuerza al espectador. Sin embargo, llegados al importante giro del centro de la película, todo cambia. Gosling, que no había dejado de creer en las causas que defendía y que en ningún momento había parado de sonreír, pasa a ser otro completamente diferente.

Ryan Gosling y un cartel de George Clooney en 'Los idus de marzo'

Ya se está convirtiendo en costumbre hablar sobre lo bien que está Gosling en tal o cual film, pero es inevitable. Junto con Michael Fassbender, aún cuando ambos ya han protagonizado numerosas películas, es uno de los actores jovenes con más futuro en Hollywood. La evolución que sufre su personaje en 'Los idus de marzo' no es algo que pueda hacer creíble cualquiera, pero Gosling no es cualquiera. Entiendes todo lo que hace, parece lo más lógico; sus actos son coherentes - lo que deja también bastante impactado, que hayamos asimilado de forma tan sencilla que hacer cosas de esa índole sea tan normal -, algo en lo que también Clooney tiene parte de "culpa".

Es en la segunda mitad cuando la cinta explota. El ritmo no para de crecer hasta llegar a ese final, magnífico y perfecto. El último plano es sublime a todos los niveles, acompañado por la genial música de Alexandre Desplat. 'Los idus de marzo' es una película excelente, que acaba empañada por falta de ambición y una primera mitad bastante descafeinada. Merece la pena, sí, pero Clooney, sabemos que puedes hacerlo mejor.

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