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'El Padrino. Parte II': pasado y presente de la familia Corleone

Jesús Márquez Jueves 22 marzo 2012

Hoy continuamos con nuestro repaso a la trilogía cinematográfica por excelencia, que comenzamos por motivo del 40º aniversario del estreno de esta maravillosa obra. Es el turno de la secuela, de esa continuación que demostró que las segundas partes pueden incluso superar a las primeras. Como le ocurrió con 'El Padrino', Francis Ford Coppola tampoco tenía intención de participar, pero una vez involucrado lo dio absolutamente todo.

Reparto impecable

'El Padrino: Parte II' cuenta dos historias, que por separado no hubieran sido ni la mitad de buenas de lo que lo son juntas. Vito Corleone es el protagonista de la trama ambientada en el pasado, mientras que su hijo, Michael Corleone, acapara la atención de lo que ocurre en el presente. Lo interesante es cómo Coppola lo aprovecha para comparar dos generaciones y distintas formas de llevar las cosas. Padre e hijo son unidos de nuevo por el montaje, y se puede comprobar tanto que han tenido que pasar por problemas diferentes como que se mueven por motivos muy distantes.

Robert De Niro en 'El Padrino: Parte II

Robet De Niro tuvo la complicada tarea de interpretar al personaje por el que Marlon Brando recibió el Oscar en su momento, Vito. Y el resultado fue tan satisfactorio que él también se llevó la estatuilla, siendo así la primera vez que dos actores la consiguen por interpretar al mismo personaje. Pese a todo, no se puede decir que los Oscar fueran demasiado justos con el reparto de la película, ya que Al Pacino no ganó absolutamente nada. Su mastodóntica interpretación pone los pelos de punta, es contenida y absorbente; perfecta a fin de cuentas.

No hay que desmerecer tampoco al resto. Robert Duvall tiene esta vez mayor presencia en la película, y demuestra de lo que es capaz en no pocas cosas ocasiones. Diane Keaton, John Cazale, Michael V. Gazzo... todos geniales. De hecho, 'El Padrino' es una saga con un reparto envidiable, sin un solo fallo de casting en sus dos primeras entregas. Hasta que llegó la tercera parte era imposible encontrar una mala interpretación dentro de la trilogía.

Los tiempos cambian

Vito tuvo una vida difícil. Huyó de su pueblo tras la muerte de toda su familia, cuando tenía tan solo 9 años. Una vez emigra a EEUU, se casa y empieza una nueva etapa para él. Cada segmento sobre los momentos por los que pasó es intercalado con lo que está viviendo su hijo. Cuando Michael se preocupa por cuál es el sexo del vástago que ha pasado por terribles dificultades mientras estaba fuera, su padre observa a su retoño alarmado por sus problemas de salud. Mientras Vito celebra que su negocio empieza a prosperar, su hijo está siendo juzgado por todo lo que ha hecho en beneficio de su "imperio".

Pero hay algo que se mantiene en ambos. La preocupación por la familia, el interés por convertirla en lo más importante. Aunque Michael lo pasa mal intentando conservarla tanto a ella como al poder. No solo es una cuestión de negocios, él empieza a ejercer el rol de padre y, por ejemplo, podemos presenciar cómo influye a Connie en sus relaciones sentimentales. Hace uso del respeto que su hermana tiene por él para mantener unida a la familia. Sin embargo, no perder ese poder también lo lleva a tomar decisiones complicadas.

Diane Keaton y Al Pacino en 'El Padrino: Parte II'

La peculiar idea de familia y la hipocresía de los protagonistas queda retratada a la perfección. Mientras con la primera parte se habló mucho de un supuesto ensalzamiento de la figura de los mafiosos, aquí quedan representados con aún más fuerza como lo que realmente son. Hay escenas tan sutiles como sublimes que describen esta ideología. Así, cuando Michael vuelve de su viaje a La Habana, tras llevar un tiempo sin ver a su esposa, baja la cabeza decepcionado cuando descubre que ella misma está cosiendo. Es curioso también cómo su hija recibe mucha menos atención que su hijo.

Por otra parte, Coppola juega con mucha frecuencia con la contraposición entre el pasado y el presente. Se puede percibir cierta alegría en los fragmentos protagonizados por De Niro. Sin embargo, los de Pacino se exponen mucho más oscuros, con una atmósfera triste y agobiante. En ningún momento vemos a su personaje sonreír, es completamente diferente a aquel Michael de la primera parte. Vito parece moverse por el honor y su hijo por pura avaricia.

De principio a fin

'El Padrino: Parte II' es una obra muy completa. Repleta de escenas y momentos que se quedan grabados en la cabeza del que la ve. La conversación entre Tom y Frankie. El primer asesinato de Vito. El beso. Ese beso. Y las palabras que lo siguen. Es un momento tras otro. Sin entrar en si es realmente superior a su predecesora; se trata de una película de más de 3 horas, quizás más lenta que la primera parte, y aún con eso sin un solo plano que no sea brillante.

Robert Duvall y Michael V. Gazzo en 'El Padrino: Parte II'

Pero si tuviera que destacar algo sería el final. El momento cumbre del film. Si la última escena de 'El Padrino' ya era maravillosa a todos los niveles, la de la segunda parte no se queda atrás. Ese silencio; esa mirada de Pacino, perdida en el horizonte. Sin entrar en detalles, observamos la cara de alguien que ha luchado, usando por el camino las peores armas que nadie pudiera imaginar. Sin embargo, ¿qué le queda ahora? Sentarse en su silla y contemplar la nada.

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