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PRECRÍTICA

'El último Justo', tedio nacional

Diego Martín protagoniza este thriller con aires cabalísticos que incumple la principal norma de toda película de suspense que se precie: aburre.

Por Óscar Martínez 28 de Febrero 2008 | 11:04

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'El último justo' fue una de las muchas películas nacionales (en coproducción con México) presentada en la pasada edición del Festival de Sitges, y tras haber caído en el olvido junto a títulos como 'El rey de la montaña' o 'Los cronocrímenes', parece que llegará finalmente a nuestras pantallas mañana viernes.

Dirigida por Manuel Carballo y protagonizada por Diego Martín, Ana Claudia Talancón, Federico Luppi, Goya Toledo, Antonio Dechent y Pedro Armendáriz Jr., 'El último justo' (también conocida como 'El último de los Justos') cuenta la historia de Teo, un joven fotógrafo de guerra que se ve implicado en un asesinato cuando regresa a casa. Convertido en sospechoso por la policía y perseguido por unos desconocidos que intentarán matarle, Teo se ve obligado a huir. Al tratar de averiguar quién le acosa y por qué, descubre que todo guarda relación con la fecha de su nacimiento y con una secta milenaria que cree en la existencia de 36 elegidos: los 36 Hombres Justos. Pero, ¿quiénes son los Hombres Justos? ¿Por qué alguien se ha propuesto matarlos a todos? ¿Qué tienen que ver con Teo? Las respuestas pueden cambiar el destino de Teo... y el de toda la Humanidad.

Muy poco que ofrecer

Producida principalmente por Antena 3, 'El último justo' apenas sí merecería ser emitida en dicha cadena un domingo a media tarde: sirviéndose de todos los clichés habidos y por haber, en un refrito con regusto a telefilm, 'El último justo' resulta tediosa, insulsa y, lo más preocupante en un thriller, previsible: el héroe inconsciente de su importancia, la chica que por los avatares del destino termina compatiendo aventuras (y cama) con el protagonista, el policía de turno, un personaje enigmático interpretado por Federico Luppi y un entramado batiburrillo entre masónico, templario y apocalíptico son las bazas que Manuel Carballo esgrime en su ópera prima, un debut gris y relamido en el que -esta vez sí- a la media hora de metraje uno ya sabe cómo finalizará.

A semejante falta de originalidad, consecuencia de un guión de libreto y una total carencia de tensión, tan sólo merecería destacarse la labor de Diego Martín, ni mucho menos brillante, pero quien por lo menos trata de aportar algo de énfasis a su interpretación, pues ni Federico Luppi se salva de la quema en cuantoa reparto se refiere. Eso, y la presencia de Goya Toledo, que puede que le amenice la tarde a más de uno.

En fin, un telefilm estrenado en cines, que provocó el mayor numero de bostezos y escapadas al baño sin retorno en mi estancia en el pasado Festival de Sitges. Doy fe.

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