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'Sharknado': No ser buen cine pero tampoco intentarlo

Jesús Márquez Viernes 02 agosto 2013

¿A quién no le gusta un concepto loco? Mientras más loco, mejor. Estamos tan saturados de ideas recicladas, remakes, reboots y secuelitis en general que cuando aparece una idea genuinamente original, tan descabellada que no la habríamos poder concebido jamás, flipamos bien fuerte. Y con razón: un tornado de tiburones es algo tan ilógico, inesperado y, aún más importante, tonto, que no cualquiera es capaz de resistirse ante el pensamiento de ver una película basada en un concepto así.

Es por ello que, pese a que el día del estreno televisivo la audiencia no la acabó de acompañar, 'Sharknado' se convirtió en todo un fenómeno en las redes sociales; fenómeno del que aún se sigue hablando. De hecho, hoy mismo se proyectará en varios cines de Estados Unidos y el 20 de septiembre llegará a los televisores españoles desde el canal SyFy, el canal de la caspa. Incluso habrá secuela porque, además de la molesta necesidad de toda película de éxito actual de convertirse en franquicia, también tenemos a la productora The Asylum, que quiere aprovechar el boca-oreja que ha provocado el filme para recaudar los beneficios que no consiguieron con los resultados de audiencia originales.

Crítica de 'Sharknado'

"Vamos a necesitar un helicóptero más grande"

Se suele decir que la razón por la que el 'Tiburón' de Spielberg no se llega a ver durante casi toda la película se debe más a problemas técnicos que a una decisión creativa. En cualquier caso, el cineasta supo aprovechar sus limitaciones y antes que mostrar una criatura averiada puso su esfuerzo en que aquello que se llegara a mostrar estuviese pulido, llegando a aprovechar la cámara subjetiva para ponernos en la piel del tiburón sin necesidad de enseñarlo en pantalla. Pues bien, 'Sharknado' es justo el opuesto a lo que os acabo de contar. La loca, loca tv-movie de Syfy grita a cada fotograma que su lema es en enseñar cuanto más mejor y sin preocuparse de si el presupuesto alcanzará.

Y, bueno, qué otra cosa se le podría pedir a una película cuyo título hace referencia a tiburones voladores. Es el mejor lema para una idea así. El mejor lema porque significa que vamos a ver tiburones cayendo del cielo que fueron digitalizados un solo día antes de realizar el montaje, explosiones que bien podrían haber salido de las pruebas con 3D Studio de un niño de 13 años, imágenes de archivo de tiburones reales que se intercalan con otras de la propia película con una diferencia cromática y de resolución que haría que se indignara hasta el supervisor menos exigente de una cadena de televisión... El mejor lema porque es una maravilla que exista una película sobre tornados de tiburones que convierte los despropósitos cinematográficos en su eslogan principal.

Crítica de 'Sharknado'

Si uno se dispone a quedar con sus amigos para ver una película mala, suele desear que no esté en un punto intermedio más cercano a la mediocridad que a la pura catástrofe; algo que no ocurre con 'Sharknado': es un total y agraciado desastre. La cutrez con la que Syfy ha preparado esta producción es su mejor baza; la producción técnica es una calamidad y la creativa se corresponde de la mejor forma: con una buena dosis de ideas descabelladas, one-liners vergonzosos y una progresión dramática basada en preparar una barbaridad aún más grande para la siguiente escena. De cualquier forma, 'Sharknado' también tiene momentos donde se columpia profundamente buscando el tono adecuado: en un intento en absoluto necesario de dar profundidad a los personajes, el protagonista pasa gran parte de la película intentando arreglar sus problemas familiares con su mujer - una Tara Reid que pasaba por allí - y sus dos hijos. Así, cuando uno cree que este festival del despiporre de caspa solo tiene ojos para la diversión, se encuentra con que de vez en cuando llega el tedio para estropear la función durante unos instantes. Con cierto distanciamiento irónico, también se puede uno reír de lo terriblemente mal escrita que está la historia de Fin y su familia, pero desde luego no es a lo que uno se dirige cuando va a ver un "sharknado".

Ideas locas muy mal realizadas, en el mejor sentido

La diferencia entre la actitud de Spielberg con 'Tiburón' y la de Anthony C. Ferrante con 'Sharknado' no está únicamente en la forma de llevar un presupuesto bajo. No se trata solo de que a Ferrante no le importe que el tiburón se vaya a ver mal porque él desee que haya más tiburones de los que se puede permitir; la clave está en que tampoco desearía trabajarlo demasiado tiempo si el presupuesto se lo permitiese. Para 'Sharknado' lo importante es el concepto, no si éste está bien ejecutado. De hecho, es divertido ver la película porque los conceptos, a los que Ferrante sí parece darle mucha importancia, no están bien ni bien montados, ni bien rodados ni bien planteados siquiera. Por ejemplo: Fin, el protagonista, desea cruzar la carretera con su coche, pero las olas que han entrado en Los Angeles por culpa del tornado no se lo permiten. Aquí, el concepto, la idea que Ferrante cree que será divertida para el espectador, es que Fin usará sus habilidades como surfista para calcular en qué segundo debe cruzar con su coche para que las olas no le alcancen. La razón por la que la escena acaba siendo hilarante es porque la ejecución es tan mala que un encuadre mal hecho y un coche dibujado en 3D representan la victoria de Fin el surfero.

Crítica de 'Sharknado'

Afortunadamente, el viral tráiler de 'Sharknado' no ha podido con la propia peli: el metraje completo es tan delirante como el avance; quizás padezca de una trama sentimental que la aleja bastante del tono desenfadado que tiene el resto de la película, pero afortunadamente funciona más como McGuffin sin importancia que como centro del filme. En definitiva, quien busque buen cine deberá hacerlo en otra parte, pero quien quiera un extremo divertido de la mala cinematografía tiene un gran cacho de él aquí mismo. Lo bastante consciente de sí misma para desarrollar ideas locas y lo bastante inocente para ejecutarlas tan mal que solo consiga mejorarlas. Tiburones que saltan desde tierra firme y devoran a gente en cuestión de uno o dos segundos, rusos locos, chistes sobre menstruación tras escenas de gore sin control... un festival de todo lo que ilustra mejor a la serie Z que ha encontrado un nuevo estandarte entre la cultura popular. Ojalá la inevitable segunda parte se esfuerce lo mismo en sus conceptos locos, bastante menos en dibujar las relaciones de los personajes y tan poco como esta en absolutamente todo lo demás.

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