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CRÍTICA

'Oldboy' de Park Chan-Wook: Si yo tuviera un martillo

Una oda a la venganza en la que todos los elementos que hacen del cine algo único se dan de la mano en una obra irrepetible de principio a fin.

Por Carlos Manuel Hernández Fernández 21 de Enero 2014 | 10:00

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Hay en la Historia del Cine algunas producciones que escapan de lo usual, que nacen para dejar huella y ser estudiadas en escuelas de cine. Así es con 'Oldboy' de Park Chan-Wook, una producción surcoreana de 2003 que se convirtió en una película de culto casi instantáneamente, un portento visual donde la imagen, la música, una dirección que demuestra que aún no está todo inventado y una historia brutal como un golpe de martillo, el cortar de unas tijeras o el sabor de un pulpo vivo. Así es 'Oldboy', una película que solo recomiendo a aquellos amigos que saben disfrutar del cine, que habré visto diez o cien veces y que sigue siendo igual de apabullante.

'Oldboy' de Park Chan-Wook: Si yo tuviera un martillo

La historia del filme, basado en el manga de Garon Tsuchiya y Nobuak Minegishi, narra la historia de Oh Dae-su, un hombre secuestrado y encerrado en una habitación durante 15 años hasta que un día, sin explicación alguna, es liberado. Tras pasar los últimos tres lustros encerrado, una única pregunta se ha pasado por su cabeza: quién le ha hecho esto y por qué, y ahora en libertad su misión será complacer sus 15 años de curiosidad y buscar venganza. Y es esto, la venganza, el tema principal de un obra que demuestra hasta donde es capaz de llegar el ser humano para hacer realidad este sentimiento, y el resultado es abismal.

'Oldboy' no busca agradar a todos los públicos, y la verdad es que para lograr disfrutarla en su plenitud, uno debe saber que se va a enfrentar a una cinta violenta y perturbadora, que no duda en mostrar algunas de las escenas más patéticas y descarnadas que se pueden ver en el cine, con unas interpretaciones protagonistas realmente crudas, veraces y sacrificadas, ya que la historia del filme es tan atrayente para un actor como repelente, ya que su protagonista caerá por una espiral de violencia en caída libre del que hubiera sido muy fácil sobreactuar o no desarrollarlo del todo a fondo debido al reto que es, pero que con Min-sik Choi, todo está atado.

El actor surcoreano se ha atrevido en este filme a rodar algunas de las escenas más simbólicas y complicadas se pueden recordar. Sin querer destripar nada, alguno de sus momentos conllevan no solo una capacidad psicológica admirable, sino unas dotes físicas igual de elevadas. Con ello quiero exponer que el reto al que se enfrentó Min-sik Choi con su papel de Oh Dae-su sigue siendo uno de los mayores y mejores ejemplos de entrega de un actor con su papel, no solo por enfrentarse a algunas escenas arriesgadas sin necesidad de extras, sino por demostrar que aún hay gente que se deja la piel, la sangre y el estómago por el cine. El resto del elenco estará a un nivel muy similar, con uno de antagonistas más memorables y carismáticos que he tenido el placer de contemplar, interpretado por un Ji-tae Yu en estado de gracia, con una propuesta interpretativa igual de brutal que la del protagonista.

'Oldboy' de Park Chan-Wook: Si yo tuviera un martillo

Si en el término interpretativo el filme se refugia con un elenco entregado, qué decir de la dirección de Park Chan-Wook, sin el cual la visión de este filme no sería la que es, no tendría la crudeza que tiene, y mucho menos hubiera sido tan arriesgada. Tuvo que llegar Chan-Wook para atreverse a usar el simbolismo de manera tan exacta y medida, con una puesta en escena que hace que todo 'Oldboy' respire una atmósfera única, que su atrezo se convierta en icono (después de ver el filme, no verás a un martillo como antes), y sobre todo, que se atreva a usar un lenguaje visual rico y rompedor, desde unos recursos entre transiciones de escenas brillantes: recuerdo como Mi-do, la protagonista femenina de la historia, pasa de secarse las lagrimas a despejar su cara del sueño en un mismo movimiento que sirve de transición entre escenas, tan simple y tan visualmente atractivo

Ejemplos de buen hacer detrás de las cámaras pueden sacarse miles de esta producción, por lo que no es broma que algunas de sus escenas se estudien en escuelas de cine. Park Chan-Wook demuestra que no hay tener miedo a nada cuando se trata de cine, y cómo la visión de un director sin impedimentos ni censuras puede ofrecer a este arte. Es por ello que asistiremos a uno de los planos secuencia de lucha mejor grabados que se han hecho, a unas muertes tan inhumanas que solo pueden ser efectuadas por un humano, a juegos con la cámara entre tramos de escaleras que recuerdan a M.C. Escher o a movimientos visuales que nos proponen la escena como se de un cuadro se tratara. Todo ello con un gran atrezo detrás, que convierte elementos como un martillo o unas tijeras en un objeto icónico desde que salen en pantalla, ya que esta producción es poética en mucha de sus secuencias, ordenadamente caótica, pero poesía a base de golpes, lágrimas, gritos y giros argumentales que consiguen tenernos enganchados a las desventuras de Oh Dae-su de principio a fin, como si estuviéramos realmente en su cuarto de cautiverio durante tres lustros, y al igual que el protagonista, solo queramos dejar libre a nuestro monstruo para que se encargue de buscar respuestas por nosotros.

Si en materia visual 'Oldboy' es una cinta de 10, todo ello no sería lo mismo sin una banda sonora a la altura, y es en ese aspecto donde este filme también demuestra que hay momentos en la Historia del Cine en la que todos los elementos se pueden dar la mano. La música escogida para el filme es simplemente perfecta, y no solo para el metraje, sino musicalmente es todo un alarde maestría, que sin duda vale la pena comprar en CD si la oportunidad lo ofrece, ya que la melodía principal del largometraje es interpretada por una banda de música clásica de diferentes modos e intensidades, desde piano a violín, y sin duda, es el contrapunto perfecto para ilustrar unas escenas que ganan enteros cuando la música acompaña.

'Oldboy' de Park Chan-Wook: Si yo tuviera un martillo

"Ríe y el mundo reirá contigo. Llora y llorarás solo"

El ritmo del filme no decae en sus dos horas de metraje, algo atípico, sobre todo por la sensación de que no hay nada en la cinta que ha sido puesto de relleno, lo cual es de agradecer ya que consigue que estemos absortos con los múltiples caminos que se irán abriendo y cerrando a lo largo de esta historia de descubrimiento de la verdad. Es por ello que encontramos en el filme un toque de misterio e intriga que nos pone al mismo nivel que el protagonista, que después de verle sufrir (y hacer sufrir) tanto, consigue una carisma que provoca que sus pequeños avances en la investigación nos sepan a nuevos a nosotros también, más aún cuando su historia no tiene nada en común con lo visto antes, por lo que la sorpresa y asombro nos llegará como un golpe en la cara según avanza el filme.

Entre muchas de sus virtudes, 'Oldboy' puede presumir de tener uno de los desenlaces más turbadores que se recuerdan, ese tipo de cintas como pocas hay que consiguen literalmente dejar atónito al espectador ante lo que está contemplando, y demuestra una vez más hasta donde es capaz de llegar el ser humano, y quizás es así de brutal ya que uno puede pensar seriamente que puede ocurrir. Es por ello que el filme consigue algo que, en mi opinión, valoro mucho en cualquier producción excepcional: que termines de verla con una sensación diferente de cuando empezaste. Es por ello un largometraje que no deja indiferente, que no se puede llevar a la ligera ya que todo lo que muestra tiene un peso lo suficientemente importante como para que estemos hablando de ella una semana, un mes, un año, una vida.

Una frase que se repite en el filme y que es tan poética como triste y veraz es: "Ríe y el mundo reirá contigo. Llora y llorarás solo" del poema 'Soledad' de Elle Wheeler Wilcox, una sentencia que aúna en parte lo que ofrece este largometraje: unos personajes oscuros y torturados, una fotografía cuidada hasta la saciedad, escenas memorables desde el minuto uno, una dirección que no se priva de nada y un reparto entregado. Todo ello se une en 'Oldboy' para conseguir una cinta irrepetible, que roza la perfección, (algo reprochable sería su epílogo, algo ambiguo), y que logra convertirse en una de esas películas que saben ganarse el apelativo 'de culto' llevando al espectador a un sin fin de emociones en la gran escala de grises que tiene la venganza, y haciendo que sus dos horas de metraje pasen volando, como si nos encontráramos bajo la hipnosis visual y musical de la obra maestra de Park Chan-Wook, un director que no tiene películas malas, y que en 2003 se atrevió a contar una historia que ya hacía temblar al lector en el manga original, y que visto en la gran pantalla, gana crudeza, visceralidad y maestría, y recuerden: "Ya sea un grano de arena o una piedra, en el agua se hunden igual".

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