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'La novia cadáver' cumple 10 años. El inicio del camino más irregular de Tim Burton

Alberto Frutos Miércoles 23 septiembre 2015

Jamás pensé que escribiría un artículo con semejante titular. Si me obligas a decirte los que considero los cinco mejores directores de la historia del cine, no aparecerá Tim Burton. Otra cosa es hablar de cineastas que han marcado la educación cinematográfica de varias generaciones. Ahí llegan las dudas. O las certezas. Muchos descubrimos nuestro amor hacia el cine gracias a clásicos del tamaño de 'Bitelchús', 'Batman', 'Ed Wood' o 'Pesadilla antes de navidad', un trabajo dirigido por Henry Selick pero con el alma, el corazón y el espíritu de Burton. Mención aparte para 'Eduardo Manostijeras', su obra maestra definitiva. Crecimos con su cine y, pese a errores mayúsculos ('El planeta de los simios'), siempre encontrábamos nuevos tesoros que nos reconciliaban con su talento ('Big Fish', 'Sleepy Hollow'). Y así, entre pasión y dudas, llegamos hasta 2005, el año en el que Burton nos presentó a 'La novia cadáver'.

1 'La novia cadáver': Deudas pendientes

Tim Burton

La estrategia era tan evidente como respetable: tener su película de animación propia. De acuerdo, Selick es la víctima directa de la ignorancia con la que se suele hablar de 'Pesadilla antes de navidad', pero tampoco debe ser sencillo para alguien como Burton que le recuerden que uno de sus trabajos más emblemáticos, bueno, no es suyo. Puede que realmente sintiera la necesidad de contar una historia tradicional que, honestamente, parece escrita para dar el salto de cabeza a su universo, pero la estrategia comercial tras la decisión artística parece demasiado evidente. La cuestión es que, más allá de su origen, 'La novia cadáver' se convertía en un trabajo mayúsculo dentro de la carrera del cineasta, una obra de arte de una melancolía y belleza transparente, capaz de unir a través de notables números musicales (brillante banda sonora de Danny Elfman) dos mundos, la vida y la muerte, que jugaban al contraste visual con resultados que cautivaron todos los corazones burtonianos. No, no alcanzaba la categoría de clásico contemporáneo que 'Pesadilla antes de navidad' ha cultivado desde su estreno, pero nos devolvía al mejor Burton, aquel capaz de combinar el humor más extravagante con la poesía visual, la emoción de los cuentos con el romanticismo más clásico. Un éxito de crítica y público que acompañaba a sus dos estrenos anteriores, la maravillosa 'Big Fish' (2003) y la estupenda 'Charlie y la fábrica de chocolate' (2005), para dar forma a un triángulo que conseguía hacernos olvidar su desastre simiesco de inicios de 2001. Burton respiraba y su ejército de admiradores lo hacíamos con él. Su siguiente paso nos daría la razón.

2 'Sweeney Todd, el barbero diabólico de la calle Fleet': Directo al cuello

 Sweeney Todd

El coqueteo entre Burton y el género musical es casi una constante en su cine. Desde la delirante coreografía de 'Bitelchús' hasta las numerosas canciones que inundan 'La novia cadáver', la mayoría de sus películas habían vivido un apasionado romance con melodías que funcionaban como elemento imprescindible a la hora de dar forma a la narración. Por eso, el salto definitivo en forma de adaptación cinematográfica de una obra clásica dentro del catálogo de musicales de Broadway, más que sorprender, se entendió como un paso coherente dentro de su filmografía. Con la ayuda de su inseparable Johnny Depp en una de sus mejores interpretaciones, Burton mantenía el humor negrísimo pero sustituía la ternura por rabia, el romanticismo por odio, las sonrisas por litros y litros de sangre. Elevada hasta el infinito por la maestra partitura de Stephen Sondheim, 'Sweeney Todd' se convertía en la mejor película de Burton desde 'Big Fish', una obra maestra en la que nada sobra y nada falta, perfecta en lo visual, marca de la casa, pero excelsa también en su intensidad dramática. Burton y su mundo se fundían con la historia del barbero Benjamin Barker y conseguían, de nuevo, unanimidad en el aplauso. Lo que pocos podíamos esperar era que aquel momento de euforia y entusiasmo general se vería, a día de hoy, como el último gran momento de un cineasta que, a partir del último corte de cuello, comenzaría un triste camino por el desierto.

3 'Alicia en el país de las maravillas': Domesticando el genio

Alicia en el país de las maravillas

Dientes largos, impaciencia, uñas que desaparecían por culpa de los nervios. Con estas sensaciones se recibió en el mundo la noticia de la próxima adaptación de Burton, un estreno que parecía digno de subrayar con permanente en el calendario cinematográfico de 2010. Nada más y nada menos que 'Alicia en el país de las maravillas', el clásico de Lewis Carroll, saltaba de sus páginas a las manos de Burton para, supuestamente, dejarse contagiar por el espíritu de un cineasta que, a pesar de la perdida de ideas propias, había demostrado saber conquistar terrenos ajenos. Aquel territorio repleto de personajes extravagantes, paisajes alucinantes y alucinados e imaginación desbordante, parecía perfecto para Burton. Lástima que Disney no diera la libertad suficiente para que eso sucediera, y lo que es más doloroso, que el cineasta lo permitiera. Si le quitamos la forma a su 'Alicia en el país de las maravillas', nos quedamos sin nada. O peor, nos tenemos que confirmar con un torpe conjunto de tópicos infantiles y torpes que no permiten que la película termine de despegar en ningún momento, quedándose en insuficiente ejercicio de estilo y descubriéndose como obra de encargo. Ni rastro del autor que nos enamoró tantas veces, ni del creador de imágenes inolvidables. En cualquier caso, las taquillas explotaron de éxito. Mientras tanto, Alicia seguía persiguiendo al conejo blanco, Depp hacía el ridículo y nosotros, en las butacas, con la sensación de estar presenciando una oportunidad perdida. ¿Piloto automático? La duda ofende.

4 'Sombras Tenebrosas': El mismo chiste

 Sombras tenebrosas

Dos años después de que su versión de 'Alicia en el país de las maravillas' mostrara una preocupante falta de personalidad y signos de autor domesticado por la industria, Burton acude de nuevo a un material ajeno, 'Sombras tenebrosas', una serie de televisión de los sesenta, que le ofrecía todo un abanico de posibilidades argumentales para volver al punto de origen. Vampiros, brujas, licántropos, fantasmas y traumas infantiles. Un nuevo juguete con el que el director, uno, recuperaba a sus admiradores perdidos en Wonderland, o dos, se distanciaba un poco más. Y ganó la segunda opción. La diferencia, en esta ocasión, es que estamos ante una película cien por cien Burton, que sin embargo, no consigue ir más allá de su atractivo punto de partida, la adaptación de un vampiro nacido en 1752 a la década de los setenta. ¿Suena divertido? Lo es. Al menos en los primeros gags. El problema es que la película dura casi dos horas en las que el chiste se repite hasta la extenuación, hasta que, de golpe y porrazo, todo se convierte en un delirante homenaje al terror clásico con una apuesta extraña entre el blockbuster de acción y el romance gótico. ¿Suena extraño? Lo es. A pesar de todo, 'Sombras tenebrosas' recibió muchos más golpes de los merecidos, más por ser el segundo trabajo menor consecutivo de su autor que por sus méritos. No era el horror que muchos vendieron pero, desde luego, estaba muy lejos de sus mejores momentos.

5 'Frankenweenie': Carta de amor

Frankenweenie

La escena podría ser la siguiente. Entras en una casa, reconoces algunos muebles, te da la sensación de identificar algunos detalles, pones nombre a los rostros que pueblan las fotografías, intuyes el aroma del hogar, todo te suena pero, a la vez, te resulta extraño. Demasiado recargado, poco natural, un exceso en la ambientación y el decorado, quieres captar la esencia que un día te enamoró locamente de este lugar pero algo te aleja cada vez más de aquellas sensaciones. El pasado ya no es suficiente para defender lo indefendible. Así se podría explicar la sensación que despertaba Tim Burton en 2012. Sus últimos trabajos parecían homenajes fallidos a la figura de un director con un universo propio tan marcado que cualquier intromisión sería más que evidente y castigada. Excepto si la llevaba a cabo él mismo. Por eso, la noticia de que 'Frankenweenie', un maravilloso corto original de 1984, se convertiría en largometraje de la mano del director californiano, se recibió con un entusiasmo justificado para todos aquellos que pedían con impaciencia algo diferente y propio, alejado de adaptaciones literarias y remakes. Y, al fin, el optimismo estaba justificado. Llena de encanto y nostalgia, emoción y humor negro, 'Frankenweenie' supone el reencuentro de Tim Burton con su pura esencia, con las señas de identidad que le convirtieron en uno de los directores más personales y carismáticos de las últimas décadas. No estamos ante una obra maestra, pero sí se saborea cada fotograma en deslumbrante blanco y negro como si de una pequeña obra de arte se tratara, dando forma a una joya más que sumar a una carrera repleta de ellas. La tristeza hipnótica del relato, repleta de personajes marginados y melancólicos, propone también un juego de referencias que supondrá un placer para todos los que han seguido con devoción la carrera de Burton. 'Eduardo Manostijeras', 'La novia cadáver' o 'Bitelchús', están presentes en diseños de personajes y ambientación, mientras que clásicos del cine de terror de toda la vida, véase Godzilla, la Momia, Drácula o, evidentemente, Frankenstein, reciben un rendido homenaje por parte de un director empeñado en convertir su película en una carta de amor a su infancia. Los que nunca han comulgado con su cine, sus personajes y sus historias, no encontrarán aquí nada nuevo que les haga cambiar de idea, pero los que han seguido con pasión su carrera se vieron recompensados con un delicadísimo reencuentro entre un autor y su pasado, un director y su cine. El regreso del cuentacuentos de la oscuridad y la ternura. Lástima que fuera simplemente un paréntesis.

6 'Big Eyes': Academia de andar por casa

 Big Eyes, Amy Adams

Burton y los Oscar. Esa historia imposible. Ignorado incluso en sus propuestas más académicas, con 'Big Fish' a la cabeza, sus películas nunca han pasado más allá de la consideración técnica. 'Big Eyes', respaldada por los hermanos Weinstein, debía ser el trabajo que cambiara la dinámica. Pero no. Ni muchísimo menos. El biopic sobre la artista Margaret Keane y su tormentoso matrimonio supone el punto más bajo de la obra de Tim Burton. Descafeinada, falta de vida, aburrida y previsible, Burton anula toda su personalidad en la búsqueda de un academicismo de andar por casa que convierte a la película en poco más que un telefilm de sobremesa. Salvando la interpretación de Amy Adams, luz en medio del desastre, 'Big Eyes' es el último tropiezo de una carrera que se muestra definitivamente falto de ideas originales, de personajes antológicos, del espíritu alocado y romántico de un cineasta genial que ha convertido su marca en lastre. Sus próximos proyectos, la adaptación de la novela juvenil 'El hogar de Miss Peregrine para niños peculiares', la secuela de 'Bitelchús' y el remake en imagen real del clásico Disney 'Dumbo', no hacen más que confirmar que Burton sigue sin encontrar el camino de vuelta a la imaginación, a ese mundo de hombres con tijeras en vez de manos, esqueletos que aman las fiestas navideñas y perros resucitados. Aún así, no perdemos la esperanza de que, algún día, podamos volver a bailar bajo la nieve con las melodías visuales de Tim Burton. Así son los cuentos.

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