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Tom Hooper, de menos a más

Alberto Frutos Viernes 15 enero 2016

Tom Hooper regresa a su ruedo favorito. El del cine académico, artístico y visualmente despampanante. Una combinación de elementos que le ha llevado del éxito crítico a la repetición constante. Una carrera corta pero intensa que llega con su nuevo trabajo, 'La chica danesa', a su punto más estridente y lacrimógeno. Una nueva búsqueda de premios que se salda con una victoria del artificio por delante del arte.

Hooper

1 'La chica danesa': lágrimas doradas
'La chica danesa': lágrimas doradas

A todos nos gusta recibir elogios. Aunque nos incomoden o nos ruboricen, aunque pensemos que son exagerados, aunque insistamos en no merecerlos. Las buenas palabras, los aplausos, son una buena respuesta al trabajo realizado. El problema viene cuando te obsesionas con ello y antepones tus intereses a los de los demás factores que juegan un papel imprescindible en la tarea. Y Tom Hooper ha cometido este error, a lo grande, con 'La chica danesa'. Más cerca de la esperpéntica interpretación de su protagonista, Eddie Redmayne que de la sutileza de Alicia Vikander, el director británico apuesta sin límites por la espectacularidad, el artificio, la estridencia y la poesía barata para contar una historia que requería todo lo contrario.

Menos tormentas en busca de premios dorados y más calma para profundizar en la búsqueda de sí mismo que llevó a cabo Lili Elbe. Tras la infravalorada 'Los Miserables', atacada de manera incesante por la torpeza de su director y su obsesión por los primeros planos, Hooper lo hace todo más grande, más dramático, más intenso. Y las lágrimas suenan más a grito desesperado por captar atención que a ejercicio de realismo emocional. La película más tramposa e irritante de su carrera. La peor.

2 'El discurso del Rey': marca de la casa
'El discurso del Rey': marca de la casa

4 Oscar. No uno, ni dos, ni tres. CUATRO. En una de las ediciones más deslumbrantes de los últimos años, con nominadas de la talla de 'Cisne Negro', 'Valor de ley', 'Origen', 'Toy Story 3' o la mismísima 'La red social', este biopic sobre Jorge VI protagonizado por la tartamudez del monarca y la manera en la que superó esta situación, se hizo con los principales premios de la noche: Mejor Película, Mejor Actor, Mejor Guión y, claro, Mejor Director. Y David Fincher observando desde su butaca. Ver para creer. El tiempo ha puesto cada cosa en su sitio y el telefilm de Hooper, pese a ganar con los visionados algo de fuerza visual, continúa siendo uno de los trabajos más sobrevalorados de los últimos años. Una historia amable, más cerca de la anécdota que de la grandeza histórica, interpretada con talento por dos inspirados Colin Firth y Geoffrey Rush que se observa con gusto y que se olvida al instante. Por su parte, Hooper adopta ese toque de academia británica obsesionada por el detalle que, pese a convertirse en algo parecido al sello de un autor, termina resultando repetitivo. Marca de la casa. El resultado, en definitiva, es un trabajo correcto. (Muy) A secas.

3 'The Damned United': gol por la escuadra
'The Damned United': gol por la escuadra

¿La mejor película ambientada en el mundo del fútbol? Adelante, aquí la tiene. 'The Damned United', de nuevo una biografía, se acerca a la historia real sobre el entrenador de Leeds United, Brian Clough, con la humildad, el respeto y el sentido del humor que merecía. Un cuento deportivo repleto de buenas intenciones, con cuerpo y alma del mejor y más característico cine británico de sentimientos nobles y honestos, que cautiva desde la sencillez absoluta. Aquí no hay delirios de grandeza, ni pretensiones gigantescas, tan solo un director atinado, un guión equilibrado a la perfección y un reparto entregado, en especial Michael Sheen, soberbio. Una suma de factores que funciona a la perfección como metáfora de un club pequeño que, a base de esfuerzo, trabajo y constancia, termina triunfando. La película más infravalorada de Tom Hooper. Una joya oculta. Un golazo.

4 'Los miserables': ópera cinematográfica
'Los miserables': ópera cinematográfica

Esta historia de venganzas, romances y revoluciones, gigantesca en su propuesta pero sorprendentemente encorsetada en su formalismo, contiene las dosis de espectáculo justo para no terminar ahogada en su permanente exageración. Todo en ella es dramático, desmedido, grandilocuente, empezando por las interpretaciones de su reparto, bien todos, excelentes Hathaway y Jackman, auténticos reyes de la función junto a unas canciones ante las que uno cae, en su inmensa mayoría, rendido. Temas como 'Who I am', 'Empty chairs at empy tables', 'Red & Black' o 'One day more', son palabras mayores, cautivadoras demostraciones de sensibilidad, capaces de traspasar la pantalla para poner los pelos de punta y el nudo en la garganta. No podemos olvidar que estamos ante el musical entre los musicales, no una película con canciones sino una película cantada, una ópera con unos veinte líneas dialogadas; el resto, melodías inmortales llenas de dramatismo, humor y romanticismo.

Película irregular, sustentada por inmensos momentos puntuales entre los que median algunos tramos insustanciales, 'Los Miserables' termina triunfando gracias a escenas incontestables entre las que se eleva, por pura emoción, el 'I dreamed a dream' de Anne Hathaway. En esos minutos, en ese plano fijo, en esa mirada, en esa voz, se olvidan errores y defectos, dudas y temores, y las lágrimas invaden los ojos sin escudos que puedan detenerlas. Esa sensación se repite a lo largo de sus 150 minutos en no pocas ocasiones y cuando la enorme 'Do you hear the people sing?' pone el punto final, el sabor dulce hace acto de presencia. Curioso que la dirección de Hooper sea lo más flojo de un conjunto que termina imponiendo su grandeza a base de melodías. Polémica, extrema, inmensa. La (incomprendida) cima de Hooper.

Para muchos, uno de los directores más sobrevalorados de los últimos años, para otros, un cineasta con una sensibilidad especial reflejada en unos planos repletos de personalidad. Puede que ambos tengan razón, pero lo que cada vez parece más evidente es la certeza de estar ante un autor empeñado en que cada escena, cada movimiento de cámara, cada encuadre, represente su sello de identidad. Una labor tan pretenciosa como admirable, a pesar de los resultados.

 Tom Hooper

Cuatro películas, tres biopics y la adaptación de el musical por excelencia. Todos ellos, trabajos obsesionados por una meta, la de conseguir la grandeza en los escenarios más pequeños posibles. Una especie de claustrofobia poética que caracteriza a un director diferente. A continuación, analizamos sus trabajos desde el punto más bajo hasta su cima. Una trayectoria repleta de errores de cálculo y destellos de genio. Más por atrevimiento que por esencia.

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