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'Cien años de perdón': Curados de espanto

Jesús Agudo Jueves 03 marzo 2016

Desde hace tiempo llevo esperando a que alguien decidiera hacer en España una película con la corrupción política como escenario. Vamos, era demasiado jugoso para no aprovecharlo. Cierto es que tenemos la gran 'B, la película'. Pero en un plano más de entretenimiento, han llegado Daniel Calparsoro y 'Cien años de perdón', para demostrarnos que la realidad siempre supera a la ficción.

Cien años de perdón

La película nos lleva a Valencia (oh, sí), a una ostentosa sede de un banco, donde comienza un día que se prevé extraño: la gota fría tiene colapsada la ciudad con la lluvia trastocando las vidas de los valencianos. Y tanto. Aprovechando que la ciudad está como dormida, un grupo de atracadores entra en el banco y toma rehenes a empleados y clientes. Piensan llevar a cabo un golpe muy gordo, pero lo que no saben es que pueden salir con un botín mucho más grande que el dinero: En una de las cajas de seguridad hay un disco duro de un político corrupto con información que llegaría hasta la mismísima presidenta del gobierno. Fuera, el partido intentará hacer todo lo posible para que ese disco duro no salga a la luz.

Este thriller policiaco empieza con muy buen pulso. No solo destaca su interesante fotografía, sino también el montaje del inicio del atraco. La tensión empieza pronto. Y la carga ideológica también. La directora de la sucursal, interpretada por una muy intensa Patricia Vico, descubre que el banco va a hacer recortes, y ella está en la lista. Poco le dura el disgusto, porque se le presenta un problema peor fuera. Otro de los clientes quiere un préstamo, y por la situación económica no se lo dan, una pareja joven está a punto de ser desahuciada... Este banco es un ejemplo de todo lo malo que ha tenido la crisis. ¿Intento de que el espectador se vea más implicado? Quizás, pero tampoco se mete mucho en el asunto a lo largo de la película. La película pasa a ser un atraco al uso con rapidez, luego llegará el segundo asalto ideológico.

Hay que destacar, y mucho, el trabajo de los dos atracadores principales. Luis Tosar es, como siempre, un valor seguro. Consigue que nos creamos a su personaje. Es y será un líder fantástico para cualquier reparto. Pero esta vez tiene competencia. Grandísimo trabajo el de Rodrigo de la Serna, que interpreta al verdadero cabecilla de los atracadores. El argentino acaba siendo lo más interesante de la película, con un personaje fuerte y una interpretación fantástica. Ellos dos y su magnífica química acaban llevándonos a lo largo de la cinta todo lo que la historia no puede. Porque la cinta es, a grandes rasgos, entretenida, pero tiene ciertos fallos que la alejan de ser un thriller más efectivo.

Cien años de perdón

Mientras que el inicio es casi impecable, hacia la mitad se vuelve bastante tediosa, y no hay una negociación entre los atracadores y la policía lo suficiente tensa como para mantener el ritmo cuando la cosa se calma un poco. Tampoco ayuda nada que aquí se le de más protagonismo al personaje de Joaquín Furriel, otro de los ladrones, que le ha tocado hacer el papel de tonto, y resulta excesivamente cargante. Tiene un momento grandioso con el disco duro en cuestión, pero también otro bastante innecesario y absurdo con una de las rehenes. Un buen thriller no debería necesitar ningún alivio cómico, lo normal es que revienten la atmósfera, como es este caso. Cosas como esa, que habría sido mejor dejar fuera, habrían reducido bastante el metraje y habrían hecho la película en un thriller más simple pero más directo, lo que se busca para una película así: acción ágil y palomitera. De eso también hay, pero está bastante disperso.

El show de una crisis política

Fuera del banco, la policía tiene las manos atadas porque el gobierno tiene miedo de que encuentren el disco duro o que los malos lo hagan público antes de tiempo. Los políticos son los que ponen la tensión fuera. Aunque en ningún momento ponen nombre al partido o a la lideresa del mismo, que el escenario sea Valencia y que los personajes de Raúl Arévalo, Marian Álvarez o Miquel Fernández cumplan todos los estereotipos en lo que a look se refiere de un votante de derechas, pocos espectadores dudarán de la inclinación, o incluso del partido, que tiene este ficticio gobierno. El espectador disfrutará de lo lindo viéndoles sufrir intentando parar la montaña de mierda que les viene encima. Es el pequeño placer culpable extra que te da 'Cien años de perdón', el poder ver a los políticos corruptos sudar en ese backstage que no nos enseñan los telediarios. La mayor parte de los actores están lo suficientemente aceptables, aunque siguen siendo Tosar y De la Serna los que acabarán despuntando sobre los demás.

Cien años de perdón

En la parte central de la película, Daniel Calparsoro y Jorge Guerricaechevarría frenan de forma bastante brusca, y aunque hacia el final vuelven a meterle caña, cuesta mucho levantarnos después de eso. No ayudan tampoco ciertas situaciones excesivamente forzadas o absurdas, aunque qué sería del cine de acción sin ellas. Un intento de rescate, alguna negociación telefónica muy tensa y un poco de acción bajo tierra vuelven a elevar la película, si hemos conseguido retomar la atención. No voy a negar que Calparsoro me ha resultado lo suficientemente efectivo detrás de la cámara, y eso es algo que no siempre se puede decir del catalán. Lo mismo de Guerricaechevarría, que consigue integrar bien la trama de la corrupción en la película, aunque luego patine con sentimentalismos o ideas a medio cocinar. El haber coordinado dos equipos, uno desde Argentina y otro desde España, y que hasta cuando se cruzan sin cruzarse de el pego, denota que, al menos en lo técnico, aprueban con nota. La película es ambiciosa, y sabe demostrarlo.

'Cien años de perdón' intenta ser algo más que un simple thriller de atracos. Y a veces lo consigue con una situación que podría superar a la realidad, si no fuera porque ya estamos curados de espanto con nuestros políticos, y eso también puede hacer que la película nos resulte menos sorprendente de lo que debería. Sin embargo, ese punto extra de la corrupción es muy apetecible y está bastante bien llevado, da a la cinta un toque distintivo. Y aunque cuenta con una factura técnica bastante conseguida, y con dos protagonistas a la altura, al guión le sobran bastantes cosas para ser el golpe perfecto.

Nota: 6/10

Lo mejor: La factura técnica, Tosar y De la Serna. La trama política que le da un toque distintivo.

Lo peor: Todo lo que le sobra al guion y que habría hecho la película mucho más ágil.

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