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'Redención (Los casos del Departamento Q)': Inquietante y oscuro thriller danés

Borja Abelleira Viernes 15 abril 2016

Una granja aislada en la Dinamarca profunda, dos obcecados agentes y un mensaje en una botella. 'Redención' es la brillante contraposición entre la generosidad más pura y desinteresada hasta los más bajos instintos del ser humano, que pueden estar ocultos en el más mínimo detalle, en los lugares más insospechados y en los corazones más opacos. Dibuja la delgada línea que separa la locura y la cordura, el temido abismo hacia lo inestable y traumatizado del hombre contra el sentimiento más sincero y visceral, el amor de unos padres. Y entre medias, de nuevo, los detectives Carl Mørck (Nikolaj Lie Kaas) y Assad (Fares Fares), cuyo impenetrable objetivo no es otro que el de reequilibrar la balanza en favor del bien.

Redención

La película dirigida por el noruego Hans Petter Moland supone el regreso a la gran pantalla de 'Los casos del Departamento Q', con la tercera entrega cinematográfica de la saga inspirada en las novelas de suspense de Jussi Adler-Olsen. Todo un best-seller mundial, el de este autor danés, que en su traslado al séptimo arte también ha batido récords en su patria ('Redención' fue la película más vista de la historia en su fin de semana de estreno). Para dirigir este nuevo capítulo, la dirección pasó de manos de Mikkel Nørgaard (al mando en las entregas anteriores: 'Misericordia' y 'Profanación') a las de Moland, pero el ritmo trepidante y la oscura visión con que se aborda cada caso son prácticamente idénticos. ¿Por qué habrían de cambiar si el método ha funcionado hasta el momento? El guión, eso sí, vuelve a correr a cargo de Nikolaj Arcel, artífice de la adaptación original (la sueca) de la popular saga 'Millenium'. Una garantía tratándose de una obra que sin duda ha atraído la mirada de toda Europa al frío y hermético estilo de los thrillers nórdicos.

Caracteres enfrentados

Los iniciados en el universo Adler ya conocerán a los protagonistas, dos personajes de caracteres enfrentados y creencias paralelas, que se complementan el uno al otro al más puro estilo 'True Detective'. Carl Mørck (Kaas) es un atormentado agente que debido a sus errores se ve relegado a un departamento olvidado de la policía danesa, donde catalogan antiguos casos sin resolver. Sombrío y distante, las experiencias que le ha deparado la vida le han conferido un carácter descreído y desconfiado sobre todo lo que le rodea. No ha conseguido recuperarse de las heridas del pasado (una evolución por la que vale la pena revisar las anteriores películas), cicatrices emocionales que no dejan de recordarle a dónde no pudo llegar, a quién no pudo salvar, todo y todos los que ya no volverán. Desencantado con su destino y el de todo aquel que se cruza en su camino, tilda de ilusos a quienes todavía albergan esperanza de ver la bondad en el mundo. Es ahí donde emerge la figura de Assad (Fares), pilar fundamental de su compañero y, por ende, de la película, ya que sobre sus hombros se apoya la mirada optimista, amable y confiada que su traumatizado amigo parece haber desterrado para siempre.

Redención

En medio de esta maraña de sentimientos encontrados y traumas sin resolver, llega al Departamento Q un misterioso mensaje escrito con sangre que ha viajado muchos años a bordo de una pequeña botella de cristal. Como si de un guiño del destino se tratase, el caso llega a manos del dúo de detectives justo a tiempo para, sino reabrirlo, sí llegar a tiempo de evitar que de nuevo se desaten fatales consecuencias. Basta con haber visto el tráiler para conocer estos datos, pero por si acaso... [COMIENZO SPOILER] La llamada de auxilio corresponde a un niño secuestrado hace más de ocho años, en un caso cuya denuncia fue retirada por los padres a los pocos días, quedando archivada la causa. Es entonces cuando Mørck y Assad deciden buscar más pistas para descubrir el paradero de los autores de la misiva, pero de pronto se ven envueltos en una nueva trama que podría estar relacionada. [FIN SPOILER]

A medida que avanza el film, tanto en la trama principal (ligada a una ferviente congregación religiosa) como en la relación entre los protagonistas se intenta trazar un trasfondo espiritual casi presentado en el límite entre lo humano y lo divino. Pero poco a poco se deja paso a un capítulo detectivesco al más puro estilo 'Caso abierto', en el que se suceden las llamadas, los flashbacks y las averiguaciones, dejando bajo mínimos ese presumible calado divino y ni siquiera emocional. Ni los reproches y las discusiones existenciales entre el dúo de detectives consiguen remontar esa vertiente paralela que nunca llega a confluir con la trama base. Al final solo queda el reflejo de una intención fallida y las únicas huellas las marcan los pasos del asesino y el rastro de sangre de sus víctimas.

Un villano estremecedor

Es Pål Sverre Hagen quien da vida a un villano que está a la altura de las circunstancias. El intérprete danés resulta muy creíble en un papel que al principio destila un desequilibrio contenido, pero que a la postre se desata como un maníaco sin escrúpulos. Una evolución que se contextualiza a base de recuerdos de una traumática infancia que le marcó para siempre. También destaca el papel de algunos secundarios, como el caso de los desesperados padres de familia. Por su parte, el policía interpretado por el joven Jakob Oftebro termina siendo engullido por el peso y la enorme caracterización de los dos protagonistas, lo que reduce su rol al de mero espectador, un "extra" pero con frase. Una lástima para este prometedor rostro del cine escandinavo.

En comparación con los las dos entregas anteriores, quizá en 'Redención' encontremos algo menos acción en pos de una vis más reflexiva. Pero desde luego, el nuevo caso del Departamento Q no deja de lado esas escenas irremediablemente explícitas, gráficas, violentas y viscerales a más no poder que caracterizaron a sus predecesoras. Será a juicio de cada quien catalogarlas como necesarias o todo lo contrario, pero una vez dentro de lo escabroso y macabro de este juego es indudable que juegan a favor de obra, encumbrando los momentos álgidos de tensión e incertidumbre con una demencial explosión de rabia que causa pavor.

Redención

Lo que vuelve a asombrar una vez más son los paisajes. Dinamarca plasmada a través de hipnóticos planos lejanos de campos o el propio océano, en los que el frío y la soledad parecen hacerse guardianes de los más oscuros secretos, de realidades ocultas que esperan ser descubiertas. Todo ello entrelazado con los enigmáticos semblantes de los habitantes del pueblo hacen de la narración un conjunto equilibrado, sobrio y que da sentido por sí mismo a la trama.

Esa entereza compensa ciertos fallos infantiles de guión, de los que cabe preguntarse cómo estarán descritos en la versión original de las novelas. Se trata de los clichés más manidos de los thriller de suspense, esos momentos en los que el espectador se pregunta desesperado: "¿Pero a dónde va? ¿Y por qué va solo? ¡Pero si está ahí el asesino!". Y ya que relajamos el tono, valga citar también dos o tres momentos cómicos que si bien no acaban de casar con el ambiente sombrío en el que transcurren las casi dos horas de película, sí dan el aire y la luz necesarios entre tanta penumbra en el momento idóneo. Es entonces cuando la química entre los dos protagonistas después de tres películas juntos sale a relucir en su lado más amable y logra incluso provocar la carcajada entre público.

En conclusión, 'Redención' es otra notable producción a la altura de sus predecesoras. Mantiene la intriga y el suspense hasta el final, recupera el ritmo cuando parece decaer mediado el metraje y el final, si bien no explora un espectacular giro argumental, tampoco decepciona. Así, la saga cinematográfica de 'Los casos del Departamento Q' parece tener su futuro asegurado. Desde esta butaca, al menos, ya esperamos con ansia la llegada del cuarto capítulo.

Nota: 7

Lo mejor: La intensa y atractiva narrativa de suspense

Lo peor: La ausencia de un gran giro argumental y los clichés del género

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