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'Idol': Una estrella en la franja

María Aller Viernes 03 junio 2016

Miles de ciudadanos delante de sus televisores por un concurso que busca la mejor voz. Van a proclamar al ganador y un pueblo entero está pendiente por si su paisano, un veinteañero participante del show, se alza como ganador. Se pronuncia su nombre y todos los conciudadanos se unen en una celebración máxima. El chaval ha cumplido sus sueños y se ha convertido en un verdadero embajador de su tierra. Esta anécdota nos es familiar: hemos sido testigos de varios jóvenes compitiendo por ser el mejor cantante, y no hace mucho que España entera se emocionaba con estas finales. Pero ahora no nos referimos a chicos de aquí, ni a poblaciones volcadas como en su día lo estuvo San Vicente de la Barquera. El nuevo caso es más cercano en el tiempo pero más lejano en el espacio. Hay que remontarse hasta la Gaza de 2013, año en que cambió la vida de Mohammed Assaf.

 'Idol'

El cineasta Hany Abu-Assad se basa en esta biografía en su última película, 'Idol'. La historia que compone tiene dos capítulos bien señalados: el primero es de 2005, donde un Mohammed niño juega a lo que quiere ser de mayor. Su situación como refugiado no le augura un futuro prometedor, pero se divierte con la banda musical que ha compuesto con sus amigos, y pese a que una gran tragedia le llega a tan pronta edad, no va a perder la esperanza. Assad se centra en alentar con el mensaje que manda con la película, que de hecho pone en boca de un personaje: "que no te hagan sentir que tus sueños son imposibles", como si el director se lo estuviera diciendo al pueblo palestino, que es lo que representa Mohammed Assaf, un símbolo vivo. Tras una marcada elipsis se pasa a 2012 con un protagonista ya veinteañero. Aquí ya se explica cómo Mohammed consigue a duras penas llegar a las audiciones de Arab Idol, que se celebran en El Cairo; un hecho que demuestra que la vida de este chico merecía una película, vistas las miserias que pasa hasta ponerse delante del micrófono del casting. Es un viaje muy arriesgado, pero le supone el pasaporte a su cambio de vida.

Tras consolidarse por varios festivales con sus aclamadas 'Omar' o 'Paradise now', el realizador muestra un cambio de registro. Ahora su reivindicación no enmudece pero se aparta el conflicto con los israelíes para poner el foco dentro del propio pueblo palestino. 'Idol' ha sido comparada con 'Slumdog millionaire', pero el árido paisaje de Gaza dista de los colores de la tumultuosa India. La presente película se desarrolla en un tono más pausado y sin tanta vertiginosidad que la de Danny Boyle. Pese a que la historia y el triunfo de Assaf es encomiable, a esta trama le falta algo más de profundidad y se excede con el candor y los estereotipos del género. Pero como 'Slumdog Millionaire', ésta también es una historia sobre un éxito merecido de un héroe anónimo que enarboló la bandera de la libertad de una sociedad en constante estado de alerta. El mensaje por tanto, nos ha quedado claro: querer es poder, aunque esa ilusión carezca de datos más incisivos, necesarios para un relato de esta envergadura. Aunque la narrativa es clara, se echa de menos algún detalle más suculento.

Idol

Tawfeek Barhom hace del palestino de mayor, e impregna a este Mohammed mitificado de un aire taciturno y preocupado. Le acompañan actores como Eyad Hourani ('Omar') o Nadine Labaki('Caramel').

La música une

En el primer mundo nos hemos acostumbrado a la imagen de los talent shows donde muchas veces se presentan jóvenes con aspiraciones a vivir un sueño y dar un giro de 360 grados a sus vidas. A veces esos premios caen en realidades tan extremas que son difíciles de creer. Por eso quizás estos concursos sean necesarios, al igual que esta película. Su trama se presenta de manera amable y amena, y con ese aire reconocible en cintas que hablan sobre Cenicientos tocados por una determinada varita mágica, venga ésta en forma de amor o de una audición.

Las finales de estos concursos -al menos cuando estaban en su mayor esplendor en España- se viven como auténticas celebraciones de finales de fútbol, y Abu-Assad recurre a imágenes de archivo para insistir en lo que supuso: la unión y esperanza de un pueblo. Con este triunfo nacía un sentimiento, más fuerte que cualquier arma.

Nota: 6

Lo mejor: Acerca una realidad de forma muy amena

Lo peor: El relato no es tan inspirador como lo fue su protagonista

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