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CRÍTICA

'The Program (El ídolo)': Cuando la ambición te lleva al fracaso

El 22 de junio se estrena en los cines de España 'The Program (El ídolo)', película dirigida por Stephen Frears y protagonizada por Ben Foster.

Por Fernando Sánchez Palenzuela 22 de Junio 2016 | 18:32

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Stephen Frears vuelve a los cines con su nueva película, 'The Program (El ídolo)'. Tras el éxito que le reportó 'La Reina (The Queen)', el británico se atreve de nuevo con el género del biopic, en este caso reflejando la figura de Lance Armstrong. El que durante años fuera el mayor ciclista de la historia por haber conseguido ganar hasta en siete ocasiones consecutivas el Tour de Francia, acabó desposeído de todos sus títulos al ser descubierta su implicación en un destacado caso de dopaje donde se demostró que había consumido drogas en cada una de las carreras en las que había participado. De este modo, la película trata de reflejar todo el período de tiempo que transcurre desde su primera participación en la conocida carrera francesa hasta su decadencia al terminar confesando su culpabilidad. Un Ben Foster en alza es el encargado de mostrarnos la manera en la que el ciclista llevó a cabo su personal camino a la victoria al mismo tiempo que nos acerca un mundo deportivo viciado por las drogas.

El relato está basado en torno al libro 'Siete pecados capitales: Mi búsqueda de Lance Armstrong', escrito por el periodista David Walsh, otro de los personajes principales de la cinta. Walsh, interpretado por Chris O'Dowd, se presenta como el antagonista de Armstrong y el encargado de desvelar sus sucios secretos. El inicio de la película nos dará a conocer a ambos personajes con una partida de futbolín. Cuando el ex heptacampeón todavía no era más que un aspirante, este periodista será quien le entreviste y le dé a conocer, siendo uno de sus apoyos al comienzo de su carrera. Ese juego entre ambos mientras se suceden las preguntas y respuestas servirá como presentación a la tensión y al continuo tira y afloja que veremos en la cinta. Resulta muy representativo el hecho de que David Walsh sea el perdedor de esa pequeña batalla, sobre todo teniendo en cuenta que la guerra está a punto de comenzar y ambos, desde su posición, se enfrentarán al otro sacando a relucir toda su artillería.

Lance Armstrong preparándose

Según Stephen Frears, su propósito inicial no era hacer una película biográfica, sino policíaca. Pero el resultado no parece reflejar sus intenciones. Durante la cinta se mostrará el recorrido de Armstrong, pero poco veremos sobre la investigación de Walsh, quedando relegada al final de la misma. Bien es cierto que manteniendo un desarrollo cronológico de los años, y especialmente de tantos años, es lógica la inclusión de la investigación al final. Sin embargo, no puedes considerar una película como policíaca cuando la mayor parte de la cinta se centra en sospechas (fundamentadas, pero sospechas), y la parte realmente investigatoria es tratada de manera rápida y poco profunda.

El comienzo de la película ya hace presagiar el principal problema que tendrá la cinta: la intención de abarcar un periodo de prácticamente 20 años en poco más de hora y tres cuartos de metraje. Los primeros años de las corredurías de Armstrong son tratados de manera excesivamente rápida, lo cual no es de extrañar ya que son los menos interesantes para la trama. Además, el tratamiento empleado deja mucho que desear, ya que las conexiones entre unas secuencias y otras resultan chirriantes y ayudan a incrementar la sensación de que quieren deshacerse de ese segmento lo antes posible. Sin embargo, el tema del cáncer solo se atisba pese a tratarse de un hecho que supuso la consolidación de su mito. Lo que podría llegar a haber sido una perfecta ocasión para indagar en un tema vital para el personaje, queda como una excusa para el inicio de la resolución del caso y un pequeño respiro entre tanta carrera. Por tanto, la enfermedad no llega a aportar mucho a la cinta salvo una pequeña historia de superación enmascarada por el empleo de estupefacientes. Ya desde los inicios vemos al ambicioso Armstrong intentar ganar a toda costa y convertirse en campeón, por lo que no es de extrañar que una vez que ha superado este mal dé un paso más en el camino que ya había comenzado a andar.

Lance Armstrong en una carrera

Por otro lado nos encontramos con un excesivo protagonismo de Lance Armstrong, cuya figura llega a comerse a prácticamente el resto de los personajes. Mientras que muchos de ellos son clave para narrar los sucesos, como en el caso del doctor Michelle Ferrari (Guillaume Canet), a quienes podríamos considerar que se le da un peso relativamente coherente, por otro lado tenemos otra serie de personajes cuya aparición es anecdótica y metida con calzador. La mujer de Armstrong tiene dos escenas en el film y para cuando ha pasado media hora de película te olvidas por completo de que el ciclista estaba casado. Sin embargo, el mayor error a este nivel se encuentra con el tratamiento de David Walsh. Quien en suposición es la otra estrella de la película, queda relegado a un segundo plano que no resultaría tan llamativo si no fuera porque se nos intenta vender una doble perspectiva de los hechos. Por supuesto que la mirada del personaje de Ben Foster se encuentra perfectamente nítida y trabajada, pero no ocurre lo mismo cuando se intenta focalizar en el periodista. Volvemos al error primario de la cinta, es decir, intentar abarcar en exceso.

No obstante, no todo son peros en este punto, y es que hay un personaje que resulta la auténtica revelación de la cinta, pero sin eclipsar al protagonista, por supuesto. Todo lo que no tiene Walsh lo tiene Floyd Landis, interpretado por un correcto Jesse Plemons. Puede que se deba a que no te esperas el desarrollo de este personaje, pero en su caso sí que se entienden las motivaciones y se ve una perfecta evolución. Landis es el nuevo miembro que el equipo de competición de Armstrong ficha y que, al igual que todos, se introducirá en esa vorágine de ambición. Sin embargo, su personalidad pronto despuntará con respecto a lo que esperan de él, convirtiéndose en uno de los personajes de la cinta mejor llevados.

Lance Armstrong y Floyd Landis

Frears recupera lo que le funciona

Como he apuntado al comienzo de la crítica, 'The Program (El ídolo)' recuerda a 'La reina (The Queen)' en tanto al regreso del género. Comparando ambas cintas vemos cómo el director mantiene varios de los puntos que le funcionaron en la de 2006. Uno de ellos es la inclusión de las imágenes de archivo. Se trata de un buen aprovechamiento que le proporciona el toque histórico a la película, permitiendo tocar algunos puntos con mayor profundidad de la que por razones de presupuesto sería posible. El director ya afirmó que esto se debe a lo costoso que resultaría grabar una etapa del tour tal cual es por la cantidad de medios y personas necesarias. Sin embargo podemos considerarlo todo un acierto, ya que enriquece la cinta.

Por último, y para nada lo peor, es la actuación de Ben Foster. La estrella indiscutible de la película se encuentra en estado de gracia, realizando una interpretación magistral que, sin lugar a dudas, es lo mejor que ofrece 'The Program'. El actor llega a vivir tan intensamente el personaje de Lance Armstrong que sientes cada frustración y deseo que transmite. Desde el comienzo consigue que el espectador comprenda su ambición y todas las consecuencias que lo llevarán a comportarse de esa manera. Cabe destacar especialmente dos puntos de la película. El primero de ellos es la de su enfermedad, donde la credibilidad expresada por Foster es máxima. El segundo la derrota que vive a manos de Alberto Contador, llenando de significado esa pequeña escena.

En definitiva, Stephen Frears hace un buen trabajo de dirección en la película, donde destaca su trabajo en cuanto a la dirección de Foster. El intérprete consigue mimetizarse a la perfección con el ciclista al trasladar una completa credibilidad. Por otro lado, las pequeñas escenas de ciclismo resultan muy agradecidas, ya que el trabajo que ha depositado en ellas es más que satisfactorio. Sin embargo, nos encontramos ante una película que no consigue destacar más allá de la intención de servir de guía a aquellos que no conocen los hechos o que quieren aprender un poco más. Bien es cierto que esta faceta documental ayuda a darse cuenta de lo viciado y falto de deportividad que puede llegar a encontrarse el mundo del deporte y, especialmente, de cómo la prensa favoreció que se estableciera el dopaje de Armstrong. La ambición que la narrativa de la película mantiene es equiparable a la del ciclista y el resultado, también semejante.

Nota: 5

Lo mejor: La magistral interpretación de Ben Foster y la inclusión de imágenes de recurso.

Lo peor: Intentar abarcar mucha historia y terminar por vagar entre los hechos de la vida de Lance Armstrong.

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