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'Buscando a Dory' sigue nadando donde le lleve la corriente

Javi P. Martín Lunes 20 junio 2016

Pixar tiene en su filmografía, salvo algunas excepciones, dos tipos de películas. Las buenas y las muy buenas. Todas ellas son entretenidas, divertidas, tienen alma y un buen guion, estudiado al milímetro. Pero en algunas de ellas hay, además, pequeños momentos brillantes de puro cine. Lo hemos visto en 'Up', en 'WALL-E: Batallón de limpieza' y en 'Toy Story 3'.

'Buscando a Dory'

Había razones para alegrarse con el anuncio de 'Buscando a Dory', porque 'Buscando a Nemo' es una de las cintas más queridas del estudio, y porque sabíamos que algunas secuelas (la tercera de Woody y compañía) podían incluso superar a sus precedentes.

También era una jugada maestra para Disney: coges un secundario favorito, le haces protagonista, y vuelves a vender entradas y muñecos a puñados.

Hay que atribuirle a 'Buscando a Dory', eso sí, el mérito de haber expandido el universo oceánico a niveles insospechados. No hay un reciclaje perezoso de personajes y escenarios, más bien al contrario: excepto Nemo y Marlin, los demás personajes de la anterior hacen acto de presencia testimonial, dando paso a toda una serie de nuevos animales marinos que acompañan a Dory en su propia aventura en un parque acuático lleno de vida.

Dirige y co-escribe Andrew Stanton, que vuelve a la animación tras el fracaso que fue 'John Carter', y que tiene en su currículum 'Nemo' y 'WALL-E'.

La historia es que un pez se pierde y acaba cruzando el océano, mientras otros dos "nadan tras sus aletazos" en su búsqueda. Es igual que en 'Nemo', pero aquí pasa por partida doble: en flashbacks vemos cómo Dory desaparece de su casa de niña, y acaba olvidando a sus padres en su deriva por el mar; en la actualidad, los recuerda y acude en su búsqueda. La primera es un relato tristísimo, de los que Pixar cuela entre risa y risa sin, de alguna manera, llegar a traumatizar a los niños. Los momentos más duros los protagoniza esa pequeña Dory, cuyo diseño es el más adorable que hemos visto en la gran pantalla desde que llegó BB-8 de 'Star Wars: El despertar de la Fuerza'. Su maldición al olvido y su miedo a perderse en las profundidades del océano y quedarse sola para siempre, y sin saberlo, causan algunas de las escenas que se acercan a esos momentos brillantes del estudio que mencionábamos. Pero en ningún momento llegan a tocar el cielo.

'Buscando a Dory'

La aventura presente cumple el otro cometido imprescindible: divertir a los niños. También lo consigue con los adultos, claro, con guiños lo suficientemente inteligentes como el terrorífico acuario de las estrellas de mar (que, con algo de suerte, hará reflexionar a los más pequeños sobre cómo tratar a los animales) o el siniestro momento en que Dory se mete en un cubo lleno de pescado y cree que se están haciendo los muertos.

Hay todo tipo de gags, y también muchos tipos de personajes: Hank el pulpo es menos robaescenas de lo que nos han querido vender, aunque su trama y su evolución acaban de una forma muy emotiva; de entre los secundarios, el pájaro ido que transporta a Nemo y Marlin en su cubo lleno de agua resulta hilarante.

Nadando con la corriente

El fallo de 'Buscando a Dory' no está en su aspecto técnico y visual (el mar es obviamente mucho más vistoso y lleno de detalles que hace 13 años), ni en su banda sonora: Thomas Newman repite en la secuela, volviendo a Pixar desde 'WALL-E' y creando un libreto precioso y con guiños marinos muy ocurrentes.

El fallo está en el guion, y no es uno cualquiera: le falla la estructura. Entendemos que "le falla" porque no es perfecta, algo que no le exigiríamos a otras películas. Pero Dory da tantas vueltas por el mar y por el parque marino que uno puede acabar mareándose con ella, y lo que es peor, olvidándose como ella de lo que estábamos buscando. Pasan muchas cosas durante esa hora y media pasada, y a veces da sensación de caos, de improvisación. Quizá ese era el objetivo, ya que así es exactamente como se guía el personaje principal ("¿qué haría Dory?").

'Buscando a Dory'

Sin embargo, e igual que le ocurre a la propia Dory, parece que el guion se introduce en una corriente muy rápida y se deja llevar por ella sin pensar demasiado. Así, nos encontramos en 'Buscando a Dory' a una de las películas del estudio que menos claro tiene su mensaje central. Hay varias ideas, pero quizá la más desarrollada es prácticamente la misma que tenía 'Nemo': aceptarse a sí mismo con sus taras, aprender a vivir de ellas, sacar lo mejor de ellas. Es un tema bonito, siempre necesario, y que además suele estar presente en todas las producciones de Pixar, pero no está planteado de forma tan clara y magistral como en, por ejemplo, 'Del revés (Inside Out)', una gran película sobre cómo aceptar la tristeza de hacerse mayor.

Hay otros trazos: perder el miedo a lo desconocido (también estaba en 'Nemo'), que las malas experiencias no te paralicen (Hank el pulpo), y en alguna parte hay una reflexión sobre el hogar y la familia, aunque no queda claro exactamente cuál es.

También han vuelto Ellen DeGeneres en su versión original, y Anabel Alonso en el doblaje español. Alonso vuelve a hacer un gran trabajo, otorgándole a Dory una personalidad que es probable que no tenga en otros países. Para los que solemos defender la versión original a capa y espada, esto es una buena lección.

Nota: 8/10

Lo mejor: Los flashbacks, la tristísima historia de la pequeña Dory.

Lo peor: Que le falte más consistencia al conjunto.

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