'Demolición': realidades destructivas

Andrea Fuentes Viernes 01 julio 2016

La pérdida de un ser, cada uno que decida si es querido o no, puede ser un momento clave en la vida de una persona. Una etapa en la que el mundo como lo conocías deja de tener sentido. 'Demolición' nos muestra una historia de pérdida, de locura, de pasotismo, de (auto)destrucción cargadas con humor ácido con las que intenta proyectar una forma de lidiar con el pasado, el presente y el futuro.

Demolición

Davis Mitchell es un hombre de éxito. Trabaja en un banco de inversiones junto a su suegro, tiene la casa perfecta, el coche perfecto y la mujer perfecta. Todo es perfecto en su vida hasta que ella muere tras un accidente de coche que a él le deja ileso. Un golpe duro que no genera ningún efecto sobre él. Su vida no cambia tras el accidente sino después de recibir respuesta a una queja/desahogo que escribió a una empresa de máquinas expendedoras cuando una de estas se "tragó" su dinero. Durante ese duelo, Davis experimenta una evolución en la que, tras reprimir cada uno de sus sentimientos, explota hasta destruir, literalmente, todo lo que en un día tuvo sentido para él.

'Demolición' nos muestra, sin que sea una novedad, un drama humano sin toques de surrealismo. Nos presenta a unos personajes con defectos, con miedos e inseguridades. Con maneras bastante peculiares con las que intentan adaptarse a sus realidades y redimirse de los errores cometidos. También mezcla ese drama existencial con una historia de amor poco convencional que, aunque no acaba de convencer del todo y se mantiene en un segundo plano, no deja de ser vital para la transformación del personaje protagonista.

Si a algo nos tiene acostumbrados Jean Marc Vallée ('Dallas Buyers Club') es a presentarnos historias capaces de impactar, aunque sea mínimamente, al espectador. Incluso si acabas desquiciado viendo la película, es capaz de generar esa respuesta que muchas otras no serían capaz de hacerlo. Aunque está muy lejos de considerarse el mejor trabajo del cineasta canadiense, sí que tiene el mérito de no cansar al público con este tipo de historias con las que va engrosando su carrera en la industria cinematográfica. Su estilo y su capacidad de articular la película, aunque en esta ocasión cuente con un rostro desconocido llamado Bryan Sipe para este efectivo guión, comienza a convertirse en una huella de director incapaz de pasar por desapercibida.

Personajes destructivos con encanto

Pero como es un drama humano, qué mínimo que centrarnos en el personaje principal y en la magnífica interpretación que nos regala el que podría ser, o al menos así lo pienso yo, uno de los mejores actores (a la vez que ignorado) del momento: Jake Gyllenhaal. Este papel no ha sido un desafío para él ya que ya han sido muchas las veces que el actor estadounidense se ha tenido que enfrentar a personajes complejos, inadaptados y con una personalidad bastante atrayente a la vez que destructiva. Quizás todos sus papeles memorables tengan esto en común. Pero esa empatía que consigue por parte del espectador es una cualidad que muy pocos intérpretes son capaces de conseguir durante su carrera. Su manera de desafiar a esta mente torturada crea un antes y un después tanto en los personajes secundarios que le rodean como a cada una de las personas que podrían estar viéndole.

demolición

Junto a él participan en esta película tanto rostros conocidos como el de Naomi Watts en el papel de la mujer encargada del servicio al cliente de las máquinas expendedoras así como Chris Cooper en el papel de suegro. Pero sin duda, una vez más, la revelación la encontramos en el personaje de Chris, interpretado por un inexperto actor llamado Judah Lewis. Sin proponérselo, el personaje de Gyllenhaal se convierte en su saco de boxeo personal a la vez que su mayor confidente, otorgándonos las mejores escenas cuando ambos están en la pantalla. El trasfondo social que acarrea este personaje es innegable: una adolescencia dura, represión de la sexualidad y la no aceptación del verdadero ser lo convierten en otro capaz personaje capaz de dejar huella en el espectador.

La voz de Gyllenhaal nos narra esta historia que, aunque a veces puede resultar algo confusa, nos deja claro que la vida es tan enrevesada y difícil como este largometraje pero que, al final, todo tiende a solucionarse. Un claro ejemplo de vidas entrelazadas capaces de destruirse entre sí mismas antes de ayudarse a recomponerse. Una película tóxica, embriagante, atrayente por el uso de unas bellísimas imágenes a cargo de Yves Belanger, director de fotografía de películas como 'Brooklyn' o 'Laurence Anyways'. Sin duda, 'Demolición' es una película que quizás no llegue a ser recordada ni como la mejor película del director ni la de su intérprete pero sí que conseguirá mantenerse en la mente del espectador durante mucho tiempo.

Nota: 7

Lo mejor: La gran actuación de Jake Gyllenhaal con baile incluido.

Lo peor: La falta de innovación del director.

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