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'Peter y el dragón': Disney nos recuerda qué es una aventura

Javi P. Martín Miércoles 17 agosto 2016

A primera vista, parece que Disney esté sufriendo los síntomas de desgaste y falta de imaginación que definen la situación actual de los grandes estudios de Hollywood. La compañía del ratón ha anunciado un sinfín de remakes, reboots y secuelas de los grandes (y no tan grandes) clásicos de su filmografía, además de cubrir cuentos y relatos de la cultura popular que no habían adaptado hasta ahora.

Sin embargo, algo están haciendo bien cuando han estrenado las cuatro películas más taquilleras del año, todas ellas por encima de los 900 millones recaudados en todo el mundo: 'Capitán América: Civil War', 'Zootrópolis', 'El libro de la selva' y 'Buscando a Dory'. La única basada en una idea original es la segunda.

En este contexto llega 'Peter y el dragón', basada en la película de 1977 'Pedro y el dragón Elliot', aunque sin ser el exitazo de taquilla que fueron las antes comentadas: se estrenó en un tercer puesto en Estados Unidos y lleva poco más de 30 millones recaudados, habrá que ver cómo aguanta a lo largo de las semanas y en el resto de países, como en España, donde se estrena el 19 de agosto.

'Peter y el dragón'

Lo que sí repite este remake es la máxima que está cumpliendo Disney en la mayoría de sus proyectos recientes, que parece haber aprendido con la gestión de las franquicias de Marvel y 'Star Wars': venga de donde venga tu historia, cuéntala bien. Y para contar bien una historia, hay que elegir un buen equipo. En este caso, el estudio eligió a una promesa del indie, David Lowery. Había recaudado premios por sus dos largometrajes, 'St. Nick' y 'En un lugar sin ley', en varios festivales, pero sin duda entró en el radar de Disney con su laureado cortometraje 'Pioneer', en el que un padre contaba un épico cuento para dormir a su hijo.

Precisamente 'Peter y el dragón' empieza con un niño leyendo un cuento, que servirá de tronco emocional y temático para todo el relato. En él, un perro llamado Elliot se pierde y vive una aventura. "¿Qué es una aventura?", pregunta el niño. Al padre le fascina que su pequeño hijo no entienda ese concepto que todos, incluida la industria de Hollywood, hemos dado por sentado.

Pero el simple hecho de que el guion de Lowery y Toby Halbrooks (productor de 'En un lugar sin ley' y otras cintas indie) empiece con una cuestión tan sencilla y a la vez tan difícil de responder es la prueba de que han conseguido capturar la mirada de un niño, que bañará y dará forma a la película. Y ahí está la mayor virtud de 'Peter y el dragón': no pretende ser más que un cuento infantil. Pero como tal, es uno que le contaría a mis hijos todas las noches.

'Peter y el dragón'

Lowery podría haber hecho, con su mirada de fotografía estilizada y cámara en mano, una cinta a lo 'Donde viven los monstruos', aunque puede que no le hubiera salido una película tan mágica y memorable como la de Spike Jonze. Pero el director sabía dónde estaba, y ha entregado al estudio una película comercial, con un lenguaje cinematográfico y un montaje claros y concisos que no despistará a nadie.

Eso no quita que haya varios momentos en los que esa claridad y certeza den pie a escenas de inusitada belleza o atino, lo que confirma a David Lowery como un nombre a seguir teniendo en cuenta, sea cual sea el proyecto en el que se embarque (de momento, se queda en Disney con una nueva versión de 'Peter Pan'). Por ejemplo, la primera secuencia en la que Peter pierde a sus padres, y con dos planos bien montados y sin información de más nos volcamos con el personaje, entendemos cuál es su situación y queremos ver lo que pasa con él.

Una bonita fábula

La historia es, como las mejores de Disney, triste pero llena de esperanza: Peter es el único superviviente del accidente de coche que tiene con sus padres en medio de un bosque al norte de Estados Unidos. Entre los gigantes árboles, un dragón verde le acogerá y le criará durante seis años. Entonces, los habitantes del pueblo vecino descubrirán la existencia de Peter, que tendrá que elegir entre volver a la civilización con su especie, o seguir llevando una vida salvaje con su amigo y protector el dragón Elliot.

'Peter y el dragón'

Oakes Fegley, el niño protagonista, cumple llevando el peso de gran parte de sus escenas y, a diferencia del pequeño Mowgli en 'El libro de la selva', su interpretación es correcta, medida y está bien dirigido. Al mismo nivel está el resto del reparto: Oona Laurence (la niña Natalie), Wes Bentley, Karl Urban (el malo malísimo que tendrá que aprender una valiosa lección) y Robert Redford, que está mucho más cómodo narrando al principio y al final del metraje que interpretando a un viejo lleno de ilusión.

Pero la que brilla por encima de todos es Bryce Dallas Howard, como ya hizo en 'El bosque', 'La joven del agua' y 'Jurassic World', por ejemplo. Sus facciones y su mirada son el mayor acierto de casting de una película que respira, de lado a lado, buenas intenciones, y la relación de su personaje, Grace, con el niño perdido Pete da para algunos de los momentos más emotivos de la película.

'Peter y el dragón'

Visualmente, 'Peter y el dragón' nos ofrece el nivel al que ya nos hemos acostumbrado, para bien o para mal, y aunque no supone la mastodóntica misión de crear un mundo digital tan creíble y magnético como 'El libro de la selva', aglutina la belleza de los paisajes rodados en Nueva Zelanda con el destacable diseño del dragón Elliot, un animal que recupera vitalidad y color cuando le dan cariño.

En conceptos tan poderosos, simples y, sí, empalagosos como este es donde reside la fortaleza de 'Peter y el dragón', una cinta inofensiva que servirá como agradable entretenimiento veraniego para mayores y, con suerte, marcará la infancia de muchos niños. Porque eso es lo más valioso de la propuesta de David Lowery: mientras otros se pierden en artificiosos y artificiales regresos a las técnicas de los éxitos familiares de los 80, y hasta el propio Spielberg falla tirando de nostalgia, 'Peter y el dragón' nos trae lo realmente importante de aquellas películas. El corazón. Sí, un poco cursi todo, pero aquí, y durante unas dos horas, funciona.

Nota: 8/10

Lo mejor: El espíritu del cine familiar de los 80 está aquí, sin recurrir a la nostalgia más artificial o engañosa

Lo peor: Quizá a algunos les resulte una propuesta demasiado naíf o cursi

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