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'Oasis: Supersonic': Estallido de rock and roll

Alejandro Rodera Viernes 28 octubre 2016

Pocas bandas de música consiguen ser noticia cada semana. Y mucho menos seguir teniendo esa abrumadora presencia en los medios siete años después de su disolución. Oasis sigue teniendo aires de fenómeno, pero fue en los años 90 cuando ese grupo fue capaz de mover masas con su refrescante música, plagada ahora de himnos imposibles de olvidar. La razón de ese éxito fue la explosiva mezcla de talento y ego que unió y terminó por distanciar a los hermanos Gallagher, Liam y Noel, que a duras penas conseguían terminar un día sin discutir y arrearse con un elemento cercano. El documental 'Oasis: Supersonic' nos permite tener una privilegiada cercana visión de los años en los que se formó el grupo y, sobre todo, de algunas de las locuras que les llevaron a convertirse en una de las bandas más populares de la historia del rock.

Liam y Noel Gallagher

Desde la fractura de la banda en 2009, los hermanos fueron por diferentes caminos y no se han cruzado demasiadas palabras agradables. Buena prueba de ello es que hasta la premiere de esta película se convirtió en excusa para que Liam le dedicará un insulto a Noel por no asistir. Y así cada semana, por la razón que sea, hasta por conciertos benéficos. Por eso resulta interesante echar la vista atrás y remontarse a los comienzos de los años 90 para comprender cómo esta relación fraternal absolutamente disfuncional pudo exportar decenas de millones de discos por todo el mundo. El director Mat Whitecross se ha encargado de darle forma a este documental que se toma con humor los conflictos internos de la banda y que estructura un relato muy bien elaborado y ordenado para comprender cómo en pocos años Oasis pasó de estar tocando en una sala minúscula a ofrecer uno de los conciertos más multitudinarios de la historia. El realizador acierta al rechazar convencionalismos propios de este tipo de documentales, como ofrecer la imagen actual de los protagonistas relatando su experiencia, en cambio decide tomar únicamente sus peculiares voces combinadas con animaciones y materiales fotográficos audiovisuales de la banda, que son mucho más efectivas.

El documental comienza mostrando un fragmento del apogeo de la carrera de Oasis, ese concierto en Knebworth que reunió a 500.000 personas en dos días, para después remontarse a los primeros años de vida de la banda y la creación de sus dos primeros discos. Primero hace referencia al impacto global de la banda y después va explicando cómo alcanzaron ese punto en el altar de la música. Una estructura similar a la empleada por Jim Jarmusch en su documental sobre The Stooges, 'Gimme Danger'. De esa manera Whitecross revela la autoridad de la banda, que contrasta con unos complicados primeros tiempos que no auguraron en todo momento lo que los hermanos Gallagher podrían conseguir. Al mismo tiempo, el documental se convierte en un estudio de la personalidad de Noel y Liam, y, por supuesto, de la evolución de la relación entre ambos desde su infancia hasta que se consolidaron como estrellas de rock. Durante unos minutos se Whitecross deja de lado el humor para mostrar el pasado de violencia en el que se criaron los Gallagher, mostrando que cada uno de los hermanos ha tratado de ocultar sus heridas emocionales cubriéndose o exhibiéndose de diferentes maneras, los cual ha promovido su conflicto continuo.

Liam Gallagher

¿Para qué moderarse?

Los hermanos no son los únicos que prestan testimonio, ya que todas las partes implicadas tienen voz y anécdotas que relatar. La madre de estos angelitos se hace con algunos de los mejores momentos del documental, potenciados siempre por el ingenio de Whitecross para que una sencilla fotografía pueda tener el efecto de una secuencia de vídeo inteligentemente elaborada. También toman la palabra el resto de miembros de la banda -que, aunque no lo parezca, ahí estaban, detrás de las sombras de Caín y Abel- y aquellos profesionales de la música que aportaron su granito de arena para que emergiera una banda innovadora. El relato cronológico nos muestra numerosas actuaciones en directo de la banda, sus experiencias durante la grabación de sus primeros discos y su primer tour por Estados Unidos, lo cual siempre es una delicia. Incluso ver aquellas que terminaron en desastre y las numerosas provocaciones de Liam al público. Tampoco se olvida de mostrar la adicción a las drogas de algunos miembros de la banda, introducidos en esa espiral de control perdido de la cocaína y las metanfetaminas que llevaron a cancelar algún que otro concierto, y a embarcarse en un ferry a Ámsterdam sin dejar señales de su existencia en Reino Unido. Lo cual lleva a sus constantes apariciones en periódicos y tabloides sensacionalistas, que se hacían eco de cada uno de los periplos de Oasis, y que consiguieron que lo infame se pusiera de moda. Que el rock basado en complementar la música con llamar la atención de forma descarada pudiera ser el que cimentara las bases del grupo.

Whitecross logra captar y reproducir la espontánea esencia de una banda muy difícil de encasillar, al menos todo lo que se puede contar sin haberlo vivido como sus protagonistas. Se retrata con precisión a unos personajes que no habrían sido más interesante ni aunque pertenecieran al mundo de la ficción, y que consiguieron que su inmensa ambición prevaleciera a sus brechas emocionales. 'Oasis: Supersonic' es un documental tan entretenido como escuchar a Liam meterse con Noel y viceversa, con humor a raudales y drama cuando es necesario. Una película que permite comprender por qué Oasis sigue teniendo relevancia y por qué las grandes bandas de rock de hoy en día, como Kasabian o Arctic Monkeys, bebieron en su nacimiento de los méritos cosechados por los imprevisibles y talentosos hermanos Gallagher.

Nota: 8

Lo mejor: Whitecross domina un ritmo ideal durante dos horas de película, que en ningún momento decae ni deja que se pierda el interés en una banda con anécdotas suficientes como para realizar una miniserie.

Lo peor: Como todo documental centrado en un grupo de música, aquellos que no tengan el más mínimo interés por la misma no lo disfrutaran tanto como los que llevan sus canciones por las venas.

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