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CRÍTICA

'La doctora de Brest': Compromiso puramente social

Crítica de 'La doctora de Brest', la película de Emmanuelle Bercot que inauguró el pasado Festival de San Sebastián.

Por Iván Ginés Fernández 19 de Noviembre 2016 | 13:56

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¿Qué es lo que ocurre cuando, sin tener ni un poco de talento, se intenta hacer una película comprometida y dramática pero al mismo tiempo simpática y frenética? 'La doctora de Brest'. Sí, eso es lo que surge de una combinación que en según qué caso podría haber sido hasta interesante. Emmanuelle Bercot se ha convertido, antes que en una cineasta reputada, en inauguradora de la Sección Oficial de festivales de categoría A por excelencia.

Si en 2015 fue la encargada de dar paso a la sexagésimo octava edición del Festival de Cannes con 'La cabeza alta', en 2016 le ha tocado hacer lo propio en el Festival de San Sebastián, donde su película fue recibida entre los aplausos del público y la frialdad de la crítica. Este hecho habla por sí solo y sirve de radiografía de la cinta sin necesidad de visionarla, analizarla o pensarla. No tendría mucho sentido pensar una "obra cinematográfica" que durante su metraje no ofrece la más mínima posibilidad de reflexión, ni ética ni fílmica. Y después tampoco, no nos engañemos, aunque siempre nos quedará la historia real de superación.

'La doctora de Brest' #1

'La doctora de Brest' narra la historia real de la neumóloga Irène Frachon, tomando como punto de partida el libro que ella misma escribió ('Mediator 150 mg.: Combien de morts?'). Esta doctora del hospital de Brest decidió llevar a cabo una arriesgada investigación contra una importante empresa farmacéutica francesa, poniendo en peligro incluso su vida familiar, que estaba comercializando un medicamento para combatir la obesidad femenina que, según ella, era el causante de una serie de muertes que llevaban años produciéndose. Esta es la carta de presentación de una película que habla de la lucha de minorías (la doctora frente a las autoridades sanitarias y la empresa farmacéutica, la gente de provincias frente a la de ciudad... en definitiva, los buenos contra los malos), con una protagonista dispuesta a pagar el peaje necesario para hacer justicia; es decir, para asegurar la salud de los pacientes, su principal responsabilidad como médico.

Con todas las cartas sobre la mesa desde los primeros minutos, sólo queda acompañar a la protagonista en el largo proceso que tendrá que llevar a cabo para llegar hasta los tribunales, donde se dictará sentencia al respecto de la cuestión. No obstante, el primer paso será convencer a algunos de sus colegas, aunque será ella quien lleve en todo momento la voz cantante. Si bien es imposible pedirle a unos hechos verídicos que alteren su desarrollo para evitar el maniqueísmo, debería ser perfectamente lícito requerirle unos mínimos a la directora, cuya labor no es otra que subrayar ridículamente todas las situaciones que se prestan a ello.

'La doctora de Brest' #2

Una obviedad alarmante

Bercot solo hace acto de presencia para, además de subrayarlo todo, utilizar la música sin ningún tipo de criterio, montar las escenas con prisa y de forma arbitraria, dotando a la narración de un frenético ritmo cuyo único punto a favor es que las excesivas más de dos horas de metraje no se hagan eternas, y convertir el interesante personaje interpretado por Sidse Babett Knudsen en una parodia. Si el objetivo era empatizar con ella y con su lucha, ese histerismo y esos forzados cambios de humor no logran sino generar antipatía, hacia el personaje y hacia la propia película.

'La doctora de Brest' es la enésima muestra de que no sólo hay que tener claro qué contar, sino también cómo hacerlo. Aquí solamente encontramos un cúmulo de tópicos que, unidos a la presencia y al carisma que aporta la protagonista, que interpreta con solvencia a un personaje sencillamente ridículo, pretenden simpatizar con el espectador para, finalmente, asestarle un buen golpe emocional. Pero esto era previsible y por eso mismo no se puede decir que moleste en exceso; el problema de la cinta es el largo y tortuoso camino a recorrer que. una vez más, minimiza la fuerza de la historia y lucha que adapta.

Nota: 3

Lo mejor: Sidse Babett Knudsen.

Lo peor: Que todos las situaciones de la película tiendan al subrayado.