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El Festival Internacional de Cine de Cartagena maravilla con 'Frantz' y Sonia Braga

Alberto Frutos Martes 29 noviembre 2016

Hay tradiciones que están relacionadas directamente con la ilusión. Son la antítesis de la rutina y el sopor, de los contratos firmados con desgana, de los compromisos inevitables. Y en ese terreno del entusiasmo y la impaciencia destaca con especial intensidad el Festival Internacional de Cine de Cartagena, o lo que es lo mismo, el FICC, que el pasado domingo celebraba por todo lo alto la inauguración de su edición número 45.

Confirmando año tras año un crecimiento que se combina a la perfección con la humildad y sencillez de sus responsables, el Festival llega a 2016 repleta de fuerzas renovadas, manteniendo iniciativas tan maravillosas como el ciclo para alumnos de distintos centros escolares de figuras esenciales de la historia del séptimo arte, siendo Billy Wilder la excelente elección de esta edición, así como distintas jornadas sobre cine y civilización, talleres de Super 8 o actividades sobre la preserveración de cine amateur de Cartagena, entre otras propuestas.

Todo ello es un estupendo añadido a una programación de cortometrajes y largos que continúa apostando por trabajos que, de otro modo, tendrían muy complicado llegar a tierras murcianas, al menos dentro del circuito comercial, y que vuelven a demostrar una inquietud y valentía necesarias por parte del Festival. De esta forma, y a lo largo de crónicas diarias, iremos desvelando y analizando las películas más importantes que se dan cita en este FICC 45, trazando una ruta cinematográfica a través de las escenas, personajes e historias que nos acompañen a lo largo de la última semana de noviembre.

Nos ponemos manos a la obra y comenzamos nuestro trayecto en la sede principal del Festival, el Nuevo Teatro Circo, otro de esos lugares de la ciudad de Cartagena que llevan la palabra historia pegada en cada uno de sus rincones, desprendiendo aroma a cultura en cada una de su butacas. Un lugar al que volvimos para decir, gritar, un año más, "bienvenido FICC". Un acto de inauguración repleto de una expectación que es ya marca de la casa y que cumplió los mejores deseos gracias a 'Frantz'.

'Frantz'

 'Frantz'

François Ozon es un director único. Para (muy) bien y para mal. Experto en sacar oro de materiales altamente peligrosos, por lo excesivo y arriesgado, el francés, uno de los mejores y más genuinos cineastas surgidos en el país vecino en las últimas décadas, ha ido dando forma a una trayectoria siempre inquieta e interesante que, especialmente en su último tramo, ha alcanzado un nivel soberbio. Tras ese punto de inflexión en forma de obra maestra llamada 'En la casa', aún hoy su mejor trabajo, Ozon ha ido construyendo una envidiable etapa de madurez con 'Joven y bonita', 'Una nueva amiga' y, ahora, 'Frantz', la confirmación de su estado de gracia.

Partiendo, nada más y nada menos, que de 'Remordimientos', la maravillosa película dirigida por Ernst Lubitsch en 1932, Ozon propone su ejercicio cinematográfico más clásico hasta la fecha, combinando un cautivador blanco y negro con puntuales escenas de color que funcionan más a modo de caricia que de explosión, alejándose por completo del capricho estético gratuito y entendiéndose en todo momento como una necesidad del relato, una manera de remarcar las emociones de sus personajes y de adornar sus miradas y silencios. De esta forma, 'Frantz' propone un viaje del que es mejor conocer los mínimos detalles, dejándose llevar por los recovecos de una historia narrada con inmensa delicadeza e inteligencia narrativa, especialmente en una primera hora impecable en la que todos los elementos están en el lugar correcto y en el momento preciso.

 'Frantz'

Ayudado por dos excelentes interpretaciones protagonistas, especialmente la de Paula Beer, Ozon se permite el lujo de dedicar el tiempo necesario para contar la historia, apostando por un ritmo pausado, pendiente de los pequeños detalles, obsesionado con capturar lo que pesa la supervivencia, aunque para ello haya que existir en una mentira constante. Porque, al final, de lo que se trata es de plantear una desoladora reflexión sobre la irrealidad como única tabla de salvación en medio del naufragio, la hipnosis colectiva frente al terror, la eterna lucha entre la cobardía y la valentía. Y así, Ozon consigue entregar una película con ligeros fallos, ciertas irregularidades en el ritmo de su segunda mitad, pero con infinidad de aciertos, todos ellos resumidos en una escena final que forma ya parte de lo mejor de la cosecha cinematográfica de 2016.

Nota: 8,5

Lo mejor: su primera hora, excelsa, y su maravilloso desenlace. Paula Beer.

Lo peor: cierta prisa a la hora de cerrar algunas tramas secundarias.

Y con el sabor dulce de 'Frantz' aún en la boca, llegamos a la primera jornada del FICC 45 propiamente dicha con dos películas a la cabeza, la japonesa 'Maravillosa familia de Tokyo' y la brasileña 'Aquarius', bautizada en nuestro país con el título de 'Doña Clara', propuestas completamente diferentes entre sí.

'Maravillosa familia de Tokyo'

La primera de ellas, dirigida y escrita por Yôji Yamada, ilustre cineasta que cuenta en su trayectoria con películas sobresalientes como 'Love & Honor','El ocaso del samurái' o 'La espada oculta', es su particular salto al género de la comedia. Porque, aunque no dejemos de estar ante una secuela en el fondo de aquel brillante remake de 'Cuentos de Tokio', la obra maestra de Yasujiro Ozu, que el propio Yamada adaptó con inteligencia y respeto el pasado año 2013, la forma es completamente distinta, partiendo de la misma sensación de cotidianidad y espíritu familiar para plantear situaciones en la búsqueda constante de la carcajada.

 'Maravillosa familia de Tokyo'

Lástima que el director japonés no termine de encontrar nunca el tono más acertado a la hora de plantear la historia, especialmente en esos gags que, quizás por tratarse de un sentido del humor tan excesivo y especial, no permite la conexión directa con el espectador. Y es una pena, porque el punto de partida tiene mucho potencial, con una esposa que, tras 50 años casada, le pide a su marido el divorcio, provocando que él y sus hijos sufran un shock emocional en toda regla. Un giro argumental que, sin embargo, Yamada aleja de cualquier tipo de profundidad dramática o trascendencia narrativa. Y ahí tenemos la mejor noticia de todas, en la sencillez que desprende esta 'Maravillosa familia de Tokyo' en sus mejores momentos, aquellos en los que el veterano director se acerca a sus personajes para escucharles e intentar entender sus decisiones y motivaciones más allá de escuchar sus gritos e incoherencias.

Son pequeños destellos de genialidad que aparecen en medio de un conjunto lastrado por el irregular funcionamiento de sus golpes de humor. Una comedia que mejora siempre que se aleja, de manera paradójica, de sus intenciones principales y mira directamente a los ojos de su notable reparto.

Nota: 6'5

Lo mejor: Su reparto y los momentos en los que Yamada se aleja de la comedia.

Lo peor: La ausencia de gags que funcionen realmente.

'Aquarius'

 'Aquarius'

Hay intérpretes que están por encima de la propia historia. Rostros que superan la ficción, que terminan hipnotizando por encima del resto de elementos. De todos. Y eso es lo que sucede con 'Aquarius' y su protagonista, Sonia Braga. Su trabajo es tan soberbio, tan impactante en su manera de hacer que parezca fácil algo tan complicado como llevar todo el peso de una película, que ella termina siendo el centro absoluto de la atención del espectador, el recuerdo imborrable que deja una propuesta que, por otra parte, cumple con sus humildes objetivos de forma bastante efectiva.

 'Aquarius'

Kleber Mendonça Filho, director y guionista de la cinta, enfoca esta historia sobre el paso del tiempo, la psicología femenina en un tramo tan complejo de la vida como la tercera edad y la importancia de nuestra historia a la hora de tomar decisiones por encima del ruido externo, de la manera más natural y cotidiana posible. Sumergiendo al espectador en un Brasil caluroso e impulsivo, tan liberado como prisionero, el cineasta dibuja a un personaje protagonista lleno de matices que Braga convierte en milagro hecho carne y dolor, coherencia y madurez, belleza e inteligencia.

Una interpretación que, insistimos, termina devorándolo todo sin opción, elevando la propuesta y otorgando excelencia donde, a priori, solamente había lugar para lo correcto. De esta manera, todo se equilibra en un conjunto que no deslumbra pero que contiene una de esas demostraciones de talento que merece la pena disfrutar. Sonia Braga. Y después, todo lo demás.

Nota: 7

Lo mejor: Sonia Braga. Sonia Braga. Sonia Braga. Ella.

Lo peor: nunca intenta ir más allá de su zona de confort

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