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'El nacimiento de una nación': Oda de venganza y violencia

Luisa N. Jabato Viernes 17 febrero 2017

Presentada en el Festival de Sundance en enero de 2016, 'El nacimiento de una nación' causó una tremenda conmoción. Tanto su provocador título, clara referencia al filme homónimo de 1915 dirigido por D.W. Griffith, como el hecho de encontrarse en plena protesta #OscarsSoWhite por la falta de diversidad racial en los premios, hicieron de ella un fenómeno que se auguraba como próxima gran favorita de los galardones de la Academia. Hasta el punto de que 20th Century Fox llegó a pagar 17.5 millones en derechos de distribución, una cifra nunca antes alcanzada en este festival. Sin embargo, parece que el interés se fue apagando a lo largo del año. No ha recibido ninguna nominación en los premios Oscar y su estreno en España parece pasar un poco desapercibido.

Fotograma de 'El nacimiento de una nación'

Nate Parker, quien produce, escribe, dirige y protagoniza 'El nacimiento de una nación', ha invertido 100.000 dólares y siete años de su vida en contar por primera vez en la gran pantalla la historia real de Nat Turner, un esclavo estadounidense que se rebeló contra los amos del condado de Southampton años antes de la Guerra de Secesión.

Turner recibió una educación inusual para un esclavo y era profundamente religioso. Tenía visiones que interpretaba como mensajes de Dios y que tuvieron una fuerte influencia en su vida. Se convirtió en predicador entre los esclavos y su amo le utilizaba en las plantaciones y granjas colindantes para apaciguar los ánimos de revuelta. Es durante estos viajes cuando empieza a ser auténticamente consciente de la barbarie y la clase de vida inhumana que llevaban sus iguales. Después de que su mujer sufra un brutal ataque por parte de tres hombres blancos, Turner decide organizar una violenta rebelión que duró tan solo cuarenta y ocho horas y tuvo como consecuencia un mayor recorte de libertades, así como el incremento de la represión contra esclavos y negros libres.

Aunque hay varias violaciones a mujeres, y es la agresión sexual a su esposa (Aja Naomi King) es la que despierta su sed de venganza, la película ignora las consecuencias que tiene la opresión en todas ellas, y se centra en el sentimiento de hombría perdida de los personajes masculinos. Las mujeres en el film son deliberadamente relegadas a un segundo o tercer plano, son doblemente esclavas, de las personas blancas y de los hombres negros.

Fotograma de 'El nacimiento de una nación'

El tema mesiánico tiene un fuerte peso en el argumento y en el detonante de la revuelta. Nat Turner es un predicador que da consuelo a otros esclavos y del que se aprovecha y exprime el hombre blanco sin consideración. Desde el inicio de la película, cuando aún es niño, Turner es señalado como un profeta y hasta el final, que no desvelaremos, se le presenta como un enviado de Dios para liberar a su pueblo. Esta sensación se hace patente en escenas como la del bautizo o los azotes, que acepta con resignación como el sacrificio de un mártir. Este apuesta por fomentar la parte más mística del personaje condiciona el visionado e impide una narración histórica más convincente, ya que deforma la realidad para conmocionar al espectador, lo que debilita el conjunto.

Considerado un héroe por algunos, el director se desvía de la reconstrucción histórica de su personaje para hacer una oda al mártir. El resultado es una película consumida por su propia rabia, con un enfoque que busca acentuar tanto el sufrimiento, que no puede más que resultar algo efectista. Nat Parker, que además de dirigir se ha reservado el papel principal, abusa de sus propios primeros planos y se otorga, de manera arrogante, demasiado protagonismo. Sobrevuela por la película la sensación de, quizá, se considere a sí mismo una especie de salvador del cine afroamericano en Hollywood. Esta decisión de enfatizar los encuadres evidencia sus carencias interpretativas, que contrapone con una dirección no demasiado brillante pero al menos más competente. Hace un notable uso de los movimientos de cámara y tiene buen gusto a la hora de componer, sin embargo no es capaz de dotar de equilibrio visual al errático conjunto.

Nat Parker en 'El nacimiento de una nación'

La violencia no es indulgente, y tampoco lo es Parker con el espectador

Cuando Nat, educado por una familia blanca en la religión católica, comienza a predicar, elige aquellos pasajes de la Biblia que hablan de la sumisión del esclavo. Al empezar a comprender la realidad que existe fuera de su mundo y a confrontar su plácida servidumbre con la opresión violenta en la que viven los demás, las palabras y los versos de la Biblia cobran un nuevo sentido, ve en ella el permiso de Dios para alzarse en armas contra el mal. El mismo libro que le mantenía oprimido, se convierte en su motor hacia la libertad. Este interesante planteamiento dual se refleja también en la familia Turner. Ellos se consideran mejores personas porque no tratan con excesiva crueldad al servicio, sin embargo son esclavistas y por ende parte activa del despotismo. Samuel Turner (interpretado por Armie Hammer) ha crecido jugando con Nat, como niños son iguales, como adultos uno vive sometido a la voluntad del otro. Samuel no encuentra su lugar entre los terratenientes que ni siquiera consideran personas a sus esclavos; pero tampoco entre el servicio pues vive sumergido en una sociedad racista que no consiente este tipo de relaciones. Parker apunta cierto síntomas de culpabilidad y conciencia en ellos (como cuando Samuel se da a la bebida), pero uno de los grandes méritos de la película es no caer en trivializar o justificar las acciones del hombre blanco. Ni ser condescendiente con el público a la hora de enfrentarle a las imágenes en toda su crudeza.

La violencia y las escenas de tortura explícitas son necesarias a la hora de de ofrecer sin paños calientes la visión más descarnada de los Estados Confederados de América en el siglo XVIII. Sin embargo, su falta de ritmo y las decisiones a la hora de mostrar esa violencia pueden llegar a abstraer de la narración, por desagradables, y por su falta de coherencia visual con el resto de la película.

Armie Hammer y Nat Parker en 'El nacimiento de una nación'

Aunque el resultado final sea fallido y su estreno probablemente pase desapercibido, 'El nacimiento de una nación' es una película a tener en cuenta y sobre la que reflexionar. Puede que, afortunadamente, nunca volvamos a una situación social de tanta desigualdad en el mundo civilizado, sin embargo las brechas entre blancos y negros (o entre norteamericanos y mexicanos) son cada vez más profundas. Puede que visual y narrativamente no tenga nada que aportar, pero recuperar historias como la de Nate Turner resulta necesario para abordar una nueva representación del mundo contemporáneo. También como otra forma de aprender sobre figuras que son parte de la identidad de una nación que se construye cada día entre muchas razas, pero de la que, aún, solo una se beneficia y cuenta la historia.

Nota: 6

Lo mejor: Se mantiene siempre fiel en su perspectiva y explora sin tapujos ni indulgencia lo peor del ser humano. Es necesario conocer esta parte de la Historia.

Lo peor: El ego y la ambición de su director se interponen en la narración.

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