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'La Bella y la Bestia': Cuentos que no envejecen

Jesús Agudo Viernes 03 marzo 2017

Cuando era pequeño, mis padres me contaban cuentos antes de ir a dormir (sí, muy original). A veces los leían, y otras veces me los contaban de memoria. Aunque en esencia siempre eran los mismos, a veces cambiaba algún detalle porque lo olvidaban, o porque decidían añadir alguna cosa de su propia cosecha. Supongo que ya sabréis por donde voy. Cuando Disney llegó a mi vida, tuve la suerte de encontrar a alguien que me siguió contando cuentos hasta hoy, para que no se me olvidara lo importante que es seguir siendo un poco niños y la magia de los cuentos. Ahora, como hacían mis padres cuando era pequeño, Disney me vuelve a relatar esas historias que me han narrado decenas de veces, y aunque en esencia son los mismos, a la vez no lo son.

La Bella y la Bestia

'La Bella y la Bestia' es el último clásico animado de la casa de Mickey Mouse en ser recuperado para la gran pantalla, esta vez con actores reales. ¿Era necesario? Ya de primeras os digo que no. Este es, sin duda, mi clásico Disney favorito y la considero una película de animación casi perfecta. No era necesario que hicieran una nueva versión. ¿Pero la nueva molesta? Para nada. Es como los cuentos, si la historia es buena, muy mal contado tiene que estar para que no enganche una vez, y otra, y otra... Disney ha hecho todo lo posible para asegurar que nadie quedara decepcionado con ella. Vuelve a estar Alan Menken a los mandos de la banda sonora. Han agrupado a un casting impresionante, empezando por la ídolo de grandes y pequeños Emma Watson. Y han dejado que Bill Condon dirija una película con un gran equipo técnico detrás, apostando por escenarios reales y por unas animaciones por ordenador fuera de serie para los objetos encantados. La intención es de hacer justicia al legado de la película de 1991. Y creo sinceramente que lo han conseguido. Con sus peros, pero lo han conseguido.

La historia es prácticamente por completo la que ya vimos en 'La Bella y la Bestia' original. Una joven llamada Bella vive en un pequeño pueblo de Francia con su padre. Todos son campesinos muy contentos con su vida tranquila, salvo Bella, que quiere mucho más. Quiere conocer mundo, no ser un ama de casa más, quiere leer, quiere descubrir cosas nuevas, aprender. Un día, su padre tiene un encontronazo con unos lobos de camino al mercado y se refugia en un castillo que parece abandonado. Pero no lo está, se encuentra habitado por una Bestia que le toma como rehén. Bella acude en su rescate, y decide cambiarse por él. Pronto descubrirá que el castillo está encantado y que los habitantes ahora son objetos que pueden hablar. Lo que no sabe es que la solución para que todo vuelva a la normalidad podría ser ella. Porque la Bestia debe aprender a amar y ser correspondido antes de que caiga el último pétalo de una rosa encantada que guarda en su habitación del ala oeste.

La Bella y la Bestia

Esta es sin duda la versión de un clásico de Disney más calcada a la original que han hecho en el estudio hasta ahora. Si en los tráilers parece que hay planos idénticos es que lo son. Y realmente es mágico ver cómo se hacen realidad muchas de las escenas que me emocionaron tantas veces en la cinta animada. Unos lo podrán ver como poca originalidad, yo prefiero verlo como homenaje. Además, toda la película cuenta con un increíble trabajo de diseño de producción que no pasa nada desapercibido y hace que esos homenajes crezcan. Esta vez han querido adoptar el estilo de la Francia del siglo XVIII con todas las consecuencias. El castillo, por ejemplo, es todo lo recargado y barroco que han podido, lleno de detalles por todas partes. Han logrado, además, darle ese punto tétrico con el que se nota la opulencia que hubo en su día y ahora duerme bajo un terrible hechizo.

Lo mismo le ocurre a los objetos. Abandonando esa imagen de caricatura adorable que tenían en 1991, ahora se ha buscado un estilo hiperrealista y barroco, aprovechando esos diseños para integrar los rasgos faciales sin ponerles ojos y boca. El mecanismo de Din Don hace la cara, la pintura de la señora Potts hace lo propio con ella, y Madame de Garderobe, el armario, aprovecha las telas para que parezca tener expresión. Lumiere, en su caso, lo tiene más fácil porque es un candelabro con forma de estatua humana. Quizás el diseño más vago es el de Plumette, un plumero con forma de ave para que "pueda volar" y que no pega mucho con los demás. Pero todo el resto del castillo consigue que se respire magia.

El pueblo se mantiene casi igual que en la película de animación, al menos en diseño. Pero aquí se empiezan a ver algunos de los cambios que ha sufrido la historia, sobre todo para actualizarla un poco, sin tocar lo esencial. En esta ocasión, desde la canción de Bella se nos muestra cómo los niños van al colegio mientras las niñas hacen la colada. Bella sigue siendo una chica absorta en la lectura, que va a ver al cura (curioso cambio) para que le preste los pocos libros que tiene en la capilla. Como una persona con aspiraciones, se las ha arreglado para inventar una especie de lavadora que le libre de tener que pasar el día haciendo la colada como las demás y poder leer. Pero los vecinos ya no son un grupo de pueblerinos que la ven simplemente como una joven con pájaros en la cabeza. La ven peligrosa: ¡una mujer leyendo! Y no dudan en dejarle claro lo que opinan. Una pena que esta idea se quede solo aquí y no haya sido más aprovechada en la historia. Era un cambio importante, mostrar la desigualdad de forma tan directa, mostrar de lo que es capaz la ignorancia. Pero no pasa de eso, una idea que luego no es desarrollada. Y por desgracia no es la única.

La Bella y la Bestia

Por supuesto, el mayor representante de la ignorancia es Gaston, que es probablemente el personaje que menos ha cambiado respecto a la película de animación. Y Luke Evans hace un gran trabajo como el egocéntrico y narcisista ex militar, al que ahora le atribuyen su ira contenida a su paso por la guerra. De ahí que, al no conseguir lo que quiere (Bella), su primer impulso sea eliminar a la competencia. Le acompaña su leal escudero Le Fou, que a diferencia de su "amigo", es uno de los personajes que más ha cambiado. Como un personaje tan caricaturesco como el original no pegaría con esta versión más "seria", el guión le otorga una evolución, intentan explicarnos por qué sigue tan ciegamente a Gaston, y siembran en su cabeza la duda, dándole más profundidad y dejando que Josh Gad se luzca un poquito más. Además, le dan un punto final que es probable que traiga mucha cola, y del que probablemente hablaremos largo y tendido una vez se estrene la película. Es un paso muy importante para Disney, pero podrían haberse arriesgado más y haberlo tratado de una forma menos "de tapadillo". A pesar de haber rebajado las dosis de humor, 'La Bella y la Bestia' sigue siendo muy divertida gracias al carisma de los objetos (sí, sé que suena irónico), a la Bestia intentando comportarse o a Gaston queriéndose tantísimo (todo como el clásico, lo sé). La escena de la batalla en el castillo entre los objetos y los pueblerinos es maravillosa.

Con la pareja protagonista, Disney no ha errado en casting, a pesar de que todos conocemos que Emma Watson suele quedarse corta en lo que a sentimientos se refiere. Por suerte, le echa bastante pasión y, a pesar de que hay escenas en las que podría haber sido más expresiva, lo compensa la buenísima química que tiene con Dan Stevens. Este, a pesar de contar con el handicap de estar oculto bajo una capa de ordenador, cumple perfectamente con su labor de Bestia y su evolución de enfadado señor del castillo a hombre que está dispuesto a sacrificarlo todo por la persona que ama. Juntos consiguen poner los pelos de punta en las escenas clave, como es el caso del baile, una de esas escenas que, a pesar de que Emma Thompson no es Angela Lansbury y que la animación del vestido en el clásico de 1991 dejaba sin aliento, han crecido para aprovechar todo el poder del cine actual y nos dan una escena en la que saltan las lágrimas. Y a la Bestia se le nota a veces demasiado el ordenador, pero no molesta, ni mucho menos. Lo compensa el trabajazo de Stevens detrás de los puntos verdes.

La Bella y la Bestia

Esta vez nos encontramos con una película que da mucho más la sensación de musical que lo que era la original. Y eso que tiene solo tres canciones nuevas, pero son tan estilo Broadway que consiguen dar un aire teatral que no le sienta nada mal a 'La Bella y la Bestia'. Alan Menken ha compuesto junto a Tim Rice tres canciones con las que Howard Ashman (el colaborador habitual de Menken como letrista en 'La Bella y la Bestia', 'La Sirenita' y unas cuantas más) habría estado orgulloso. A Bella le ha dado la preciosa 'How Does A Moment Last Forever', que escuchamos un par de veces en la cinta. A Bestia también le han regalado un baladón estupendo, 'Evermore', que canta cuando decide dejar marchar a Bella. Y los habitantes del castillo cantan al son 'Days In The Sun', que parece más profesional que 'Ser humano otra vez', la canción eliminada del clásico que se puede escuchar en la versión extendida y en el musical de teatro. Aún a riesgo de que algunos piensen que ahora son demasiadas canciones, creo que le da un punto más adulto a la cinta, más teatral. Los números que ya conocíamos siguen ahí, muchos de ellos tal como los recordábamos. 'Gaston' está ampliado y cuenta con un momento de baile irlandés muy curioso, y ya he comentado que 'La Bella y la Bestia' es tan de pelos de punta como la primera vez. El que más miedo me daba era 'Qué festín', y es una traslación curiosa: primero apuestan por una puesta en escena bonita, pero más sobria, y parece que se va a quedar a medio gas hasta que, de pronto, llega el gran final y es una locura colorista y festiva. La escena es buena, pero me quedo con la original. El reparto de voces es más que correcto, sobre todo con gente como Audra McDonald o Luke Evans, que tienen experiencia de sobra en teatro musical. Emma Watson sorprende con una voz muy dulce, aunque tiene pinta de tener ayuda técnica detrás. El resultado, igualmente, es bueno.

Un poquito más de magia

Hay una escena nueva que es quizás el mayor añadido de la película, una en la que el centro es un objeto nuevo que la hechicera (que tiene más protagonismo esta vez) le da al príncipe. Sin desvelar mucho, este objeto (y su escena) sirve para remarcar que el amor entre ellos dos no nace de la noche a la mañana, sino que se van dando cuenta de que él tiene todo lo que ella ha deseado siempre (la capacidad de abrir su mente y llevarla a esos sitios que ella soñaba) y que ella, a su vez, le complementa a él (no le hace la pelota ni le sigue por su dinero o poder, tiene paciencia pero es independiente). Con esto quieren paliar un poco del Síndrome de Estocolmo que había en el clásico, y aunque sí consiguen que la relación parezca un poco más orgánica y menos tóxica, depender de los pétalos de una rosa es un tiempo demasiado corto para que las cosas fluyan con naturalidad. Pero la moraleja sigue ahí: lo que importa está en el interior, lo de fuera es más accesorio (aunque uno de los chistes finales de Bella es magnífico). Además, nos da más detalles de la historia de Bella y de su pasado, aunque se queda de nuevo un poco desarrollada a medias y podría tener más potencia de la que acaba teniendo.

La Bella y la Bestia

Muchos habréis llegado a la conclusión de que, en gran medida, esta nueva 'La Bella y la Bestia' es un calco de la original, y ya os digo que, en gran medida, así es. Hay cambios o añadidos que me gustan (las canciones nuevas, por ejemplo, o el momento final, que es capaz de volver a dejarme con lágrimas en los ojos por lo emotivo que lo han hecho) y otros que no tanto (no les perdonaré jamás que hayan desechado las vidrieras del prólogo clásico, por mucho que la nueva introducción muestre cómo también los habitantes del castillo eran un poco pedantes y que por eso también fueran alcanzados por el hechizo. Pero considero el prólogo de las vidrieras de los momentos más increíbles de Disney). Con todo, en el fondo, es como cuando mis padres me contaban cuentos cuando era pequeño. A veces algo cambiaba respecto a la última vez, pero si se mantiene el corazón y la magia del cuento, lo escuchaba de cabo a rabo sin pestañear, como me ha ocurrido con esta película. Porque admitámoslo: yo habría salido muy indignado si no hubiera visto a Bella alucinar con la biblioteca de Bestia, o si no hubiera habido pelea entre los objetos y los vecinos del pueblo, por poner dos ejemplos. Hay cosas que, por mucho que nos cuenten los cuentos, tienen que estar. Esta nueva narración no está a la altura del clásico animado (porque era algo prácticamente imposible), pero ha hecho todo lo posible para que su legado se mantenga intacto. Y lo consigue. Y como la historia de Bella y Bestia sigue siendo algo mágico, que me cuenten el cuento las veces que quieran. Yo tiemblo de emoción por volver a escucharlo.

Nota: 7

Lo mejor: Que mantenga la magia y vuelva a emocionar. Las canciones nuevas.

Lo peor: No aporta prácticamente nada al clásico, que sigue siendo muy superior.

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