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'Yo no soy Madame Bovary': Hipnótica vendetta

Miguel Ángel Pizarro Viernes 10 marzo 2017

En la novela china 'Flor de ciruelo en vasito de oro', escrita en 1610 por Lanling Xiaoxiao Sheng, se puede leer: "La felicidad sólo puede comprarse con actos desesperados". Ganadora de la Concha de Oro del 64º Festival de San Sebastián, llega la polémica 'Yo no soy Madame Bovary', dirigida por Feng Xiaogang y protagonizada por la estrella china Fan Bingbing, que se llevó la Concha de Plata a la mejor actriz en el mismo festival.

Yo no soy Madame Bovary

Li Xuelian es una mujer que decide montar un falso divorcio con su marido con el fin de obtener una vivienda mejor. Sin embargo, el hombre la traiciona casándose con una mujer más joven y acusando a Li de infiel, por lo que se queda en tierra de nadie. Herida en su dignidad, Li intentará recurrir la decisión del divorcio para recuperar su honor. Un proceso que se extenderá durante diez años.

Justicia para una mujer

Algo en lo que coincidirá todo el mundo es que 'Yo no soy Madame Bovary' es una de las propuestas más extrañas y atrevidas en llegar desde la Zinemaldia. Arriesgada por su curiosa forma de filmarse, una buena parte de la cinta está grabada en formato ojo de buey, mientras que otra en encuadre 1.0:1 y, finalmente, una escena en ancho panorámico. Esta forma de grabar no está elegida al azar, por un lado se pretende mostrar el mundo imperfecto, pero sin aristas, de la joven heroína y, por otro, la forma rectangular y obtusa de pensar del gobierno chino.

Yo no soy Madame Bovary

Porque ahí reside su principal crítica, a la administración china al evidenciar una eterna burocracia; unos encargados de diferentes departamentos, el alcalde, el jefe del condado, el juez, el jefe de policía, arrogantes, impersonales y tremendamente machistas; una clara desigualdad social. Todo ello configurado en el personaje de Li Xuelian, interpretado magníficamente por la popular Fan Bingbing. Es ahí cuando surge la importancia del nombre del título.

Alegato contra el gobierno chino y la sociedad patriarcal

Aunque en Occidente, Feng Xiaogang haya optado por el nombre de Madame Bovary, figura trágica del romanticismo creada por Gustave Flaubert, es el nombre original, Pan Jinlian, el que cobra sentido al tratarse de un arquetipo clásico de la femme fatale y símbolo de la mujer adúltera que debe pagar por su crimen. Un insulto deshonroso que el cineasta y el escritor Liu Zhanyun, que escribió la novela en la que está basada la cinta, utilizan como empoderamiento de la protagonista, que se convierte en una figura incómoda para el gobierno y la sociedad patriarcal.

Yo no soy Madame Bovary

En tono original de comedia satírica, 'Yo no soy Madame Bovary' va convirtiéndose en un potente thriller para, después, terminar siendo un desgarrador drama. Una combinación peligrosa en la que resulta complicado entrar pero que, una vez hecho el esfuerzo, supone una experiencia diferente y claramente comprometida. Eso se une a una cuidada fotografía que, con elegancia y parsimonia, relata una historia cruel de una heroína mundana.

Todo ello convierte a 'Yo no soy Madame Bovary' una experiencia cinematográfica ideal, una combinación entre lo agresivo de 'Un toque de violencia' de Jia Zhang Ke, la belleza del cine del hongkonés Wong Kar Wai y entremezclado con la crítica social de Zhang Yimou. Diferente, sensorial y brutal.

Nota: 8

Lo mejor: Fan Bingbing y su plano ojo de buey.

Lo peor: Es una historia difícil, poco empática y con giros que desconcertarán al espectador.

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