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'Un golpe con estilo': Pensionistas antisistema

Alejandro Rodera Miércoles 12 abril 2017

El estilo de Zach Braff tras las cámaras ha ido perdiendo identidad y encanto con el paso de las películas y de los años. 'Algo en común' fue una poderosa, sencilla y prometedora ópera prima, que relataba el regreso de un frustrado joven a su lugar de origen. Una década más tarde estrenó 'Ojalá estuviera aquí', continuación en espíritu de aquel debut, con la que no estuvo a la altura de la delicada sinceridad y agridulce sensibilidad de su predecesora. Aun así firmó un largometraje optimista y luminoso, y por esa línea circula su película menos personal y más comercial hasta el momento: 'Un golpe con estilo'.

Un golpe con estilo

La trama se centra en tres ancianos, Joe, Albert y Willie, que ven peligrar sus pensiones cuando la empresa a la que dedicaron sus esfuerzos durante décadas decide desplazar su producción a Vietnam. Entonces uno de ellos decide atracar el banco que gestiona ese fondo de pensiones para hacer justicia y recuperar el dinero que van a perder. El guion, escrito por Theodore Melfi ('Figuras ocultas'), toma prestado el punto de partida de 'Going in Style', la película homónima de 1979, dirigida por Martin Brest. En esta nueva versión el peso del relato también recae plenamente en los hombros de tres veteranos actores: Michael Caine, Alan Arkin y Morgan Freeman. Una terna de lujo que se dedica a pasarlo bien durante el ligero metraje de la cinta.

La película encierra un obvio compromiso social con ese sentido de justicia poética que involucra la humillación del sistema bancario, pero a Zach Braff le interesa más la relación de amistad establecida entre los tres protagonistas. También se incide con acierto en el vínculo de cada uno de ellos con familiares, cercanos o lejanos, y con nuevas amistades, como la generada entre Arkin y Ann-Margret, la despampanante Bobby de 'Conocimiento carnal'. En ese sentido se profundiza más en el personaje de Caine, el verdadero protagonista de la cinta, que tiene una especial conexión con su nieta, encarnada por Joey King, que repite con Braff tras deslumbrar en 'Ojalá estuviera aquí'.

De esa manera Melfi recupera un tema que ya trató en 'St. Vincent', el de la riqueza de las amistades entre ancianos y niños, aunque en esta sea algo más anecdótico. Pero se agradece poder ver a tres grandes actores, que rondan los ochenta años de edad, compartiendo pantalla, bromas y hasta un atraco. Todo ello con una soltura propia de su veteranía. De aquellos elementos, el atraco es el menos convincente. Braff no se maneja con la misma habilidad en el terreno de la acción, imprescindible en un robo de ese calibre, y se rompe el ritmo de la secuencia que se anticipa durante toda la película, aunque realmente ocupe escaso tiempo del metraje.

Un golpe con estilo

Sin espacio para el drama

La comedia llena todos los espacios de la película, sin dejar espacio al más mínimo drama, sobre el que se arroja la mayor cantidad de luz posible para que no oscurezca el resultado final. Así se le resta complejidad al film, que prefiere trivializar la dimensión del crimen y elaborar a tres protagonistas tan encantadores como poco originales. En ese sentido, el de la justificación emocional del delito, nos encontramos con evidentes e inmediatos referentes, como 'Comanchería' o 'Breaking Bad'. Del terreno televisivo también se toma prestado el dinámico estilo de montaje de la segunda temporada de 'Fargo', en la que se combinaban ocasionalmente diversos planos en pantalla.

Por primera vez, Braff trabajaba en una película en la que no había participado en las tareas de guion, y se nota esa carencia. La personalidad del protagonista de 'Scrubs' se disipa y nos encontramos ante un producto de estudio cuyo único atrevimiento es la elevada edad media de su reparto. La música de ascensor como banda sonora en algunas escenas, los juegos de palabras y los alegres arcos narrativos de los tres protagonistas nos ofrecen una comedia estándar, que ve elevado su nivel por la magnánima presencia de Caine, Freeman y Arkin.

Nota: 6

Lo mejor: La exuberante química que se genera entre tres leyendas como Michael Caine, Morgan Freeman y Alan Arkin.

Lo peor: Es un entretenimiento vocacionalmente pasajero, pero al menos el tiempo que se pasa en la butaca no se densifica en ningún momento.

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