Y llegó Annie. A lo largo de la década de los setenta, Woody Allen había conseguido introducir en Hollywood su modelo de comedia alocada y siempre pegada a un absurdo cuya consecuencia directa era la carcajada más sonora posible. De esta forma, trabajos como 'Bananas', 'Todo lo que siempre quiso saber sobre el sexo y nunca se atrevió a preguntar' o 'La última noche de Boris Grushenko', su mejor película hasta entonces, se habían convertido en pequeñas joyas de culto que habían conquistado a público y, especialmente, a crítica. Un camino de éxitos que explotó por completo con el estreno de 'Annie Hall', para muchos, la obra maestra definitiva de su carrera. Para todos, el punto de inflexión definitivo dentro de una carrera deslumbrante.

La taquilla, siempre agradable con el cine de Allen pero pocas veces entusiasta, se volcó por completo con este romance repleto de sentido del humor y melancolía que, en fondo y forma, esconde mucho más que la clásica historia de chico conoce chica, suponiendo un espectacular salto de madurez para el cineasta, también en su condición de guionista de mente privilegiada. Incluso la Academia, históricamente reticente a la comedia, se rindió ante ella, otorgándole cinco nominaciones y cuatro Oscars, los correspondientes a Mejor Película, Mejor Director, Mejor Guion Original y Mejor Actriz para Diane Keaton. Un triunfo indiscutible que terminó de redondear la leyenda de una película destinada a ser uno de los grandes clásicos de la historia del cine. Expectativas cumplidas.

A continuación, nosotros también nos rendimos ante 'Annie Hall' y ofrecemos un homenaje en forma de curiosidades y anécdotas relacionadas con una de las obras cumbres de la trayectoria de un cineasta imprescindible. Uno de esos trabajos en los que todo funciona al máximo de sus posibilidades, dando forma a una historia, unos personajes y un buen número de escenas sencillamente inolvidables. Siempre es un buen momento para regresar a ella. Y volver a aplaudir con insistencia cada una de sus infinitas virtudes.