'La alta sociedad': Esperpéntica serenata de la bahía

Miguel Ángel Pizarro Viernes 21 abril 2017

Jacques Tati dijo: "Habría una manera de resolver todos los problemas económicos: colocarle impuestos elevados a la vanidad". Como si desease crear un retrato más extremo a la par que real y esperpéntico de la sociedad burguesa de inicios del siglo XX, Bruno Dumont trae 'La alta sociedad (Ma Loute)', ganadora del Giraldillo de Oro a la mejor película en el 13º Festival de Cine Europeo de Sevilla, donde también se llevó el premio a la mejor actriz. Además, la película estuvo en la Selección Oficial del 69º Festival de Cannes y obtuvo 9 nominaciones a los premios César.

La alta sociedad

Año 1910, en la Costa Canal, las playas del norte de Calais son especialmente preciosas en verano, momento en el que llegan muchos burgueses y miembros de la distinguida clase alta de varias partes de Francia. Allí tienen una mansión de verano los Van Peteghem, un clan acomodado y algo excéntrico. Cerca de allí existe una pequeña comunidad de pescadores, en la que destaca la familia Bréfort, cuyo cabeza de familia es conocido como "El Eterno" tras haber salvado a mucha gente de posibles naufragios. Aunque este año sucede algo extraño, se están produciendo una serie de desapariciones entre los veraneantes. Todos tienen algo en común: No son de la zona y pertenecen a la alta sociedad.

La decadencia de una era

Si ya con 'El pequeño Quinquin' Dumont demostró a la crítica de todo el mundo que estaba decidido a dar un nuevo enfoque a su carrera como realizador, con 'La alta sociedad' se confirma que el cineasta ha cambiado su clara intención de plasmar la pura realidad (hizo rodar a Juliette Binoche 'Camille Claudel' en una auténtica institución mental) en una exageración y un humor extremadamente particular que, realmente, esconde una fuerte crítica social.

La alta sociedad

En el caso de 'La alta sociedad (Ma Loute)', Dumont da un giro retorcido a la comedia en la que se encuentran desde el puro humor slapstick con tributo al dúo del Gordo y el Flaco hasta las escenas más grotescas y gore que se pueden ver en filme de época, pasando por momentos en los que hay reminiscencias de 'Mi tío' de Jacques Tati a una decadencia plena en la que imposible no acordarse de Paolo Sorrentino, Albert Dupontel o Wes Anderson. Porque Dumont toca todas las piezas incómodas posibles en un lienzo hipertrofiado de una época que supieron retratar pintores como Cézanne, Gauguin o Van Gogh.

Aunque Dumont cambia la elegancia del postimpresionismo por una caricatura extrema, una ácida crítica en la que cohabitan humor negro, ácidas situaciones satíricas, canibalismo, incesto, perversiones sexuales y asesinatos, además de contar con una especie de meta-imagen de la transexualidad como elemento más positivo. Entre todo esta patética serenata veraniega se encuentran dos elencos de actores, ambos magníficos. Por un lado están la alta sociedad, representada exageradamente por Fabrice Luchini, Valeria Bruni Tedeschi y Juliette Binoche, magníficos en sus papeles, tan extremos que sólo los tres hubieran podido defenderlo de manera tan certera este retrato del esperpento burgués. Por el otro lado están los actores no profesionales, aquellos que representan al proletariado, igual de entregados pero con un aspecto más trágico y perturbador.

Ácido humor en estado puro

La alta sociedad

Ambos pueden representar una peculiar lucha de clases en la que Dumont juega con el espectador, lo lleva a un extremo, no le da opción a respirar. De hecho, ese es quizás su punto más incómodo, el no querer darle un descanso al público, logrando que la cinta se un perfecto retrato patético de una sociedad, extrapolable en algunos aspectos con la vida actual, pero que carezca de empatía hacia el público, sobre todo en su segundo tramo, en el que Dumont decide dejar varios cabos sin atar, provocando que cierto tipo de público se enfade al no comprender lo que está sucediendo.

Pese a ello, 'La alta sociedad' es una tragicomedia patética, un magnífico retrato del esperpento, de la decadencia y la absurdez, Dumont convierte su hiperrealismo en una exageración cómica propia del cine de Tati. Maravillosa a la par que exasperante.

Nota: 8

Lo mejor: Fabrice Luchini, Valeria Bruni Tedeschi y Juliette Binoche.

Lo peor: Su tramo final es difuso y está mal resuelto.

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