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Bertrand Tavernier: "No soy un nostálgico. Estoy muy feliz de vivir mi época"

Miguel Ángel Pizarro 28 mayo 2017

Considerado uno de los grandes cineastas del cine francés, Bertrand Tavernier fue de esos directores que mostró los frutos que empezaba a dar la influencia de la Nouvelle vague en el panorama europeo. Pupilo de Jean-Luc Godard, influenciado por cineastas de la talla de Jacques Becker o Jean Renoir y ganador de un Oso de Oro en Berlín, una Palma de Plata en Cannes y varios premios César, Tavernier una leyenda viva del séptimo arte.

eCartelera ha tenido la oportunidad de entrevistar al aclamado cineasta, que acaba de estrenar en España su último largometraje, 'Las películas de mi vida', un documental en el que invita a los espectadores a realizar un extenso recorrido por los inicios del cine francés y de aquellos títulos, directores y actores que marcaron su infancia y juventud y fueron clave en sus inicios como realizador.

Bertrand Tavernier

Una exquisita fuente de sabiduría. El cineasta deleitó con sus palabras con las que también destacó a cineastas actuales a los que admira.

eCartelera: Cuando el espectador se acerca a uno de sus trabajos, lo que siempre percibe es que transmiten mucha pasión. Por ejemplo, su obra dividida en dos volúmenes '50 años de cine norteamericano' ya desprende ese fervor tan característico de usted.

Bertrand Tavernier: Sería incapaz de poder crear algo sin pasión. Cuando realizo películas, vivo con los personajes, sueño con ellos, hasta como ellos. Es imposible que me dejen. De hecho, a veces, resulta complicado volver al mundo real cuando estoy dirigiendo una película, entro de lleno en ella. Afortunadamente, intento siempre rodar en un espacio de tiempo corto, como mucho entre siete u ocho semanas. Cuando veo a mis colegas filmar un proyecto entre 24 o 25 semanas, pienso que yo me volvería loco. Pero, efectivamente, sin pasión no podría hacer nada.

EC: Entonces, al implicarse mucho en sus películas, cuidará mucho los detalles.

BT: Sí, cuando ruedo una película, hasta como y bebe lo que comen y beben mis personajes. Bebí alcohol como lo hizo un hombre que tuvo problemas de alcohol en una de mis películas, comí un sándwich de ostras fritas para saber cuál era el sabor al que iba a enfrentar mi personaje. Me meto en la piel de la película en sí. De hecho, de esta forma descubrí hechos muy interesantes como cuando rodé una película ambientada en el siglo XVI, encontré que la reina Catalina de Médici fue una de las descubridoras de la alcachofa y la introdujo en la corte francesa, trayendo las primeras alcachofas moradas a palacio. Por ello, la reina consorte tenía constante flatulencias. Estas anécdotas las contaban los embajadores, puesto que la reina llegaba a comer una docena de alcachofas todos los días. Son ese tipo de detalles los que hacen que las películas tengan pasión.

EC: Ha compilado una gran colección de varios títulos, autores, directores y actores en el documental. ¿Cómo fue ese proceso de selección?

BT: Ha sido toda una locura. Primero, elegí unas 150 películas y, después, encontré más. Hubo algunas que se tuvieron que suprimir por problemas de derechos de autor o no existía una copia en buen estado de la cinta. Desde entonces, ya hemos descubierto algunas copias en buen estado y, poco a poco, el guion fue cogiendo forma. Finalmente, la película dictaba sus propias reglas.

Las películas de mi vida

EC: Creo que ha declarado que ha habido varios directores que se han quedado fuera del documental. ¿Aparecerán en la serie que preparaba como continuación de la cinta?

BT: Hubo un director al que no lograba meter dentro del documental, Henri-Georges Clouzot, primero, porque no le conocí nunca y me costaba porque fue un director de la Francia ocupada. No veía cómo introducirlo, ya que parecía que quedaba fuera del relato. Fue entonces cuando surgió la idea de hacer una serie y es ahí donde aparecerá, ya que habrá un capítulo en el que se hablará del cine durante la ocupación alemana en la que hubo películas como 'El cuervo' o 'La Continental'. Se podrá hablar que durante de la Ocupación, hubo muy pocos cineastas colaboracionistas. Realizar esta película ha sido una batalla enorme.

EC: Volviendo al tema de la emoción. En la película habla sobre cómo sentir el latir el corazón de los personajes. ¿Es esa la clave para poder entender y acercarse a una obra maestra? ¿Cree que se ha abandonado ese cine que hacía palpitar el corazón de los protagonistas por uno más cerebral y frío?

BT: Esta es mi clave, la emoción. Era lo que yo sentía. Por ejemplo, 'París, bajos fondos', de Jacques Becker, fue una película que me atrapó por el sentimiento. Eso no quiere decir que no sea un filme inteligente integral y cerebral; pero la primera cualidad de la cinta es la emoción, es el estado que llena, realmente, toda la pantalla. Sin embargo, hubo un momento en el que la inteligencia de Becker fue lo que le dio su toque a la película, viéndose en pequeños detalles. Un ejemplo fue que llegó en un punto en el guion que no lograba una resolución satisfactoria, el momento en el que el protagonista se daba cuenta de que hay un soplón de la policía. De hecho, fue inteligente porque decidió recurrir a otro guionista, que fue el que le dio la idea para resolverlo. De hecho, tal fue su ayuda para ese momento que ese guionista, Jacques Companeez, apareció en los créditos como colaborador, ya que sin él, esa escena no se resolvía. De esta manera, creo que la pasión y la mente pueden ir de la mano.

EC: ¿Considera que esa cualidad aún la tiene el cine actual o es usted un nostálgico?

BT: Nunca he sentido nostalgia, jamás. Tengo una gran admiración por los cineastas de una época, pero no nostalgia.

EC: Sin embargo, usted admira a unos cineastas de una época muy concreta.

BT: Sí, tengo una admiración enorme por esos directores pero también estoy muy entusiasmado con realizadores actuales. Pero, créame, no soy un nostálgico. Incluso cuando he hecho cine de época, no he sentido una melancolía hacia el pasado. Sí pasión, pero nunca nostalgia. Jamás he dicho, por ejemplo, que me hubiese gustado vivir en la época de Napoleón III. Estoy muy feliz y agradecido de vivir en mi época, incluso si mi época no se la considera buena no le gusta a nadie, pero me gusta porque es la que yo vivo.

Las películas de mi vida

EC: ¿Cuáles son los realizadores actuales que admira?

BT: Me encanta Steven Sodebergh, por ejemplo. Aunque de mi país admiro a Arnaud Desplechin, Olivier Assayas, Jacques Audiard, François Ozon, Xavier Giannoli o Emmanuelle Bercot. Entre las últimas películas que más me han gustado hay una de animación, 'La vida de Calabacín', que cuenta con guion de Céline Sciamma. También es verdad que el número de películas y directores de calidad actuales es enorme. Yo he tenido y tengo contacto muy cerca con ellos. Por ejemplo, trabajé mucho con el fallecido Philippe Noiret y también tengo una relación muy cercana con Stéphane Brizé, que hace poco estrenó 'Une vie', una película extraordinaria.

EC: Además de este documental, usted prepara una serie de televisión en la que analizará la historia del cine de francés. Tengo entendido que el proyecto dura más de ocho horas en total. Con lo cual, usted ha hecho un trabajo de muchísimo tiempo. Con esto, ¿tiene en mente volver a la ficción?

BT: Primero quiero terminar las ocho horas de la miniserie. Además, el documental son más de tres horas, así que necesito un tiempo para recuperar fuerzas. Quizás haya otro proyecto de ficción, pero, por superstición, no digo nada antes de que el guion empiece a gestarse. De momento, estoy muy centrado en esta serie pero siempre estoy pensando en nuevos temas, constantemente.

Bertrand Tavernier

EC: Usted tiene también fascinación por el cine de género, que hasta hace poco era una cosa que estaba un poco apartado. Usted fue uno de los primeros en reivindicarlo. En el documental, por ejemplo, cuando habla del cine francés de los años 60 a través de la figura del director Jean-Pierre Melville en lugar de hacerlo desde el enfoque de los nombres más importantes de la Nouvelle vague. ¿Qué valor da actualmente al cine de género?

BT: Pienso que, para algunos cineastas, el género ha sido una manera estupenda de abordar ciertos temas, incluso, a veces, un poco al borde de la censura. Pero ahora, lo encuentro para algunos cinéfilos muy jóvenes, de repente, le dan demasiado privilegio al cine de género y acaban dándole sólo importancia, por ejemplo, al cine de ciencia ficción. Detesto la gente que se especializa sólo. En un momento dado, la gente llega a idolatrar películas de ciencia ficción, de terror, de género fantástico o de serie Z de una manera mitómana, sin darse cuenta de que son películas de poca calidad. No digo que no haya que ver cine de género, hay obras maestras, pero, por qué también ver cine de Ingmar Bergman, les daría otro enfoque, o cine de Aki Kaurismäki.

Hubo un momento en el que apoyé que se defendiese la figura de Roger Corman contra el cine hollywoodiense pero ahora hay un montón de libros sobre Corman y uno espera poder encontrar algo de William Wyler, una verdadera retrospectiva, porque apenas hay bibliografía y duele porque Wyler, durante los años 30 y 40 hizo películas geniales y apenas se estudian. Siempre hay que tener cuidado de conservar esas cosas y no sólo seguir la moda y, volver, de vez en cuando, recordar ese cine. Está genial reivindicar el cine de género, incluso el pornográfico por qué no, pero está muy bien hablar de películas como las de Jacques Becker. Hay películas que son magníficas y que aún no tienen la fama que merecen.

'Las películas de mi vida' ya está disponible en salas de toda España.

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