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CRÍTICA

'París puede esperar': El predecible y forzado intento de romance

Diane Lane, Arnaud Viard y Alec Baldwin se ponen a las órdenes de la debutante Eleanor Coppola en este film plagado de clichés que deja mucho que desear.

Por Enrique Torquemada García 16 de Junio 2017 | 09:28

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Eleanor Coppola hizo su debut en el mundo del cine allá por los años sesenta como decoradora en la película 'Dementia 13' y ahora a sus 81 años de edad se ha embarcado en la aventura de escribir y dirigir para la gran pantalla después de haber dirigido varios cortos y documentales para la televisión. Su debut como directora y guionista se llama 'París puede esperar', un romance ambientado en Francia y protagonizado por Diane Lane, Arnaud Viard y Alec Baldwin.

 París puede esperar

La premisa de la película parte de una pareja. Michael (Baldwin) es un productor que no para de trabajar y su mujer Anne (Lane) le sigue en sus viajes de negocios. Cuando están a punto de volar de Cannes a Budapest, Anne no puede volar y decide quedarse en tierra, quedando con su marido en París unos días más tarde. Y aquí es donde entra Jacques (Viard), un compañero de trabajo francés de Michael que se ofrece a llevar a Anne a París en coche. Entonces es cuando empieza la aventura de nuestra protagonista y cómo Jacques intenta enamorarla.

Llega un momento en el que la línea que separa la película con un documental sobre la geografía y la gastronomía francesa desaparece. De los 90 minutos que dura la película, aproximadamente 70 de ellos son de Anne y Jacques comiendo platos en restaurantes caros, y cuando no están comiendo cogen el coche para 30 segundos después parar en alguna ciudad a comer otra vez. Una ignorante culinaria americana como Anne y un experto en vinos y en gastronomía francesa como Jacques son una combinación perfecta para que al espectador se le abra el apetito con ese desfile incesante de platos. Entre comida y comida, Jacques saca todas sus armas de seductor francés para conquistar a Anne llegando a situaciones que son hasta más incómodas para el espectador que lo que quiere aparentar el personaje de Diane Lane, llegando a rozar el ridículo.

 Anne

Los actuaciones de los tres actores son todo lo buenas que pueden exigir los personajes. Anne es una mujer que quiere aparentar soledad y resignación por la no presencia de su marido, pero tampoco hay motivos para pensar que realmente echa de menos estar con él. Es un personaje al que la vida le lleva de un punto A a un punto B y ni siquiera se plantea por qué, simplemente lo asume y no cuestiona. No hace nada en particular, solo toma fotografías de detalles con su cámara Leica allá donde va. Parecía que se iba a desarrollar más su afición a la fotografía, pero esta potencial sub-trama se queda en papel mojado. Jacques por su parte es el arquetipo de conquistador, intenta por todos los medios medios seducir a Anne y sus diálogos se limitan a hablar sobre Francia, decir que los americanos no tienen idea de nada y que el plato que van a comer es el mejor que se hace en el país. Michael aparece apenas 10 minutos con una actuación correcta de empresario que no tiene tiempo para nada ni para nadie.

El primer acto se ve inmerso en situaciones forzadas y prefabricadas. No hay razón para pensar que lo que está ocurriendo en pantalla es espontáneo o viene de algo que provoque esa situación. La razón por la cual Anne no coge el avión al principio de la película se plantea previamente, pero de forma vacía para que esté relativamente justificado lo que ocurre a continuación. El (eterno) viaje Cannes-París parece que promete al principio, pero luego se estrella entrando en un bucle de parar-comer-conducir-mira qué bonito este sitio-comer. Es admirable conseguir que 50 minutos de metraje se conviertan en una eternidad. El desenlace no llega a una resolución real de lo que ha ocurrido y desde luego tampoco a convencer con un clímax insípido y predecible.

 Carlotta

'Lost In Translation' pero en Francia

'Lost in Translation' se estrenó hace ya 14 años y son innegables los parecidos de la película de Eleanor Coppola con la de su hija Sofia. Ambas películas comparten las mismas directrices: una chica que no hace nada con su vida, su pareja no tiene tiempo porque trabaja, y la aparición de una tercera persona que hace cuestionar esa pareja. En 'Lost In Translation', Charlotte (Scarlett Johansson) es un personaje realmente solitario, sin ambición ni aspiración en la vida. Está envuelta en una vorágine de vacío existencial, no sabe quién es ni qué quiere en la vida, y es por ello que sigue a su marido allá donde va. Bob Harris (Bill Murray) es un actor acabado que llega a Tokio para grabar un anuncio de whisky y no le ve sentido a su matrimonio ni sabe qué hace ahí.

Ambos personajes están bien construidos desde el punto de vista del planteamiento de su pasado, cómo han llegado a Tokio y cómo llegan a conocerse. Es una historia verosímil. Al contrario que Anne y Jacques en 'París puede esperar'. ¿Por qué se ha ido Anne con su marido de viaje de negocios? ¿De dónde sale Jacques? ¿Por qué está ahí? Son solo algunas preguntas sin responder (o respondidas vagamente) que deja el film. En defensa de Eleanor, plantear una película en Francia pierde ante la de su hija al dar más juego las barreras culturales japonesas que las (casi inexistentes) francesas.

En definitiva, 'París puede esperar' es una vaga representación de una historia que cojea por sí misma y que no da motivos para creerla. Se queda en un simple e insípido tour turístico de 90 minutos en el que la comida y el vino son más protagonistas que los propios personajes.

Nota: 4

Lo mejor: La fotografía, las localizaciones.

Lo peor: Lo repetitiva y predecible que es.

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