Nadie le esperaba, pero llegó para quedarse, dispuesto a todo. Y lo consiguió. Todos sabemos lo que le gusta a la industria de Hollywood las resurrecciones profesionales inesperadas, los regresos por la puerta grande, las ovaciones en pie después del olvido y la indiferencia. Lo llamarán justicia poética cuando, en realidad, se trata de exhibición de Factoría de Sueños de manual. Y sí, puede que todos estos procesos de reinserción en el mundo de la fama y el halago colectivo estén llenos de hipocresía, incoherencia y artificio pero, maldita sea, ¿no es genial que Michael Keaton haya participado en dos de las tres últimas películas que se han llevado el Oscar en la categoría principal?

Efectivamente, después del descubrimiento de que Matthew McConaughey era un enorme actor que se había empeñado en hacer estupideces una detrás de otra, le llegó el turno a Keaton, quien había desaparecido por completo de la primera línea de batalla. Todos le recordábamos, principalmente, por su trabajo a las órdenes de Tim Burton en dos de los clásicos más aplaudidos del director, 'Bitelchus' y 'Batman', pero sus trabajos durante toda la década de los 2000 estaban muy por debajo de lo aceptable. Un conjunto de propuestas de serie B o Z, comedias sin la menor gracia y thrillers y cintas de terror que provocaban más risas que intriga, que habían colocado a Keaton en una situación más que delicada. Hasta que llegó Alejandro G. Iñárritu y su 'Birdman o (la inesperada virtud de la ignorancia)'. El resto es historia.
La sartén dio media vuelta, el círculo se cerró y la carrera de Keaton se reactivó por completo. Un punto de inflexión que conviene celebrar ya que hablamos de un actor con indiscutible talento que, además, ha vuelto a escena en el mejor momento posible, repleto de una madurez envidiable. En este especial, repasamos algunas de las anécdotas más sorprendentes y curiosas de su vida y de su carrera, elementos que nos ayudan a completar el apasionante puzzle Keaton. El enésimo Ave Fénix de Hollywood.