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Festival de San Sebastián, Día 4: Lynne Ramsay impacta con una de las mejores direcciones del año

Antonio M. Arenas Martes 26 septiembre 2017

¿Cómo presentar a un hombre torturado que actúa de justiciero en los bajos fondos de Nueva York? ¿Cómo hacerlo además si se trata de alguien con un físico tan reconocible como Joaquin Phoenix? La cineasta de Glasgow Lynne Ramsay lo tiene claro, a partir de fragmentos de la habitación del hotel en la que acaba de cumplir su última misión, negando una presentación convencional del argumento y de su protagonista. Y además de para introducirnos a la fuerte apuesta estética de la película, repleta de planos detalle, espacios vacíos, tiempos muertos e insertos en el montaje, lo hace para afirmar lo lejos que su protagonista se encuentra de nuestro mundo.

Precisamente, 'En realidad, nunca estuviste aquí' fue galardonada en Cannes con el premio a mejor actor para un Joaquin Phoenix hierático, cuyo cuerpo está repleto de cicatrices, al que vemos atormentado por sus recuerdos y que solo encuentra un sentido a su existencia en salvar a otras niñas indefensas e inocentes como lo fuera él. Pero el premio más sorprendente que recibió la película en el festival francés fue el de mejor guión, ya que el argumento se encuentra soterrado bajo la estética, repleto de vacíos narrativos cuya trama criminal, que incumbe a las altas esferas de la política norteamericana, es el ruido de fondo de la experiencia física y sensorial en la que acaba convertida la película.

Hablando de ruido, la atmosférica música compuesta por el miembro de Radiohead Jonny Greenwood, que ya colaboró con Lynne Ramsay en la banda sonora de 'Tenemos que hablar de Kevin', es parte fundamental del resultado final, indivisible del acabado estético y del sentido que cobran las imágenes en el montaje. Además su uso se vuelve progresivamente más palpable conforme la película avanza en violencia, como si fuera lo único a lo que agarrarse en esta sanguinaria espiral. No se la pierdan, se estrena en noviembre en España.

Tres documentales, tres grandes personajes

Además, durante estos días hemos visto tres documentales que retratan a tres personalidades indómitas y que nos revelan al personaje que desconocíamos habita detrás. Carlos Saura no requiere presentación, uno de los cineastas más prolíficos de nuestra historia, al que en 'Saura(s)' Félix Viscarret intenta mostrarnos aquello que ignorábamos: su faceta de particular padre de familia; Agnés Varda tampoco, el lado humanista y adorable de la Nouvelle Vague, feliz Premio Donostia a una cineasta que con sus documentales ha reflexionado sobre sí misma y la creación de un modo único; pero la que si requiere de introducción y de repente abre una nueva e insospechada página en nuestro cine es la madre del actor 'Gustavo Salmerón', Julieta, terremoto omnipresente en las imágenes de 'Muchos hijos, un mono y un castillo', uno de los documentales del año.

'Muchos hijos, un mono y un castillo'

Mientras que un huidizo Carlos Saura esquiva constantemente en las conversaciones con sus hijos cualquier posibilidad de adentrarse con profundidad en su pasado, 'Saura(s)', que en su intención por imitar los juegos de escena de los musicales del director de 'Flamenco', y debido a su falta de coherencia formal en el montaje, acaba cobrando un cariz más televisivo que cinematográfico; y a su vez Agnés Varda en 'Caras, lugares' se deja llevar por su amistad con el artista JR para formar parte sin pretenderlo de un publirreportaje que captura sus distintas perfomances fotográficas en pueblos franceses, pero que nunca alcanza la entidad ni trascendencia suficiente para sembrar algo más que una amable sonrisa; en cambio, tenía que ser un actor inquieto, Gustavo Salmerón el que frente a estos dos genios nos haya traído un documental sumamente genuino.

Al menos tanto como la personalidad de su madre, a la que sigue durante años mediante un sólido y personal estilo formal en 4/3, por medio del que da rienda suelta a sus excentricidades y ocurrencias. Un retrato desbordante en el que además se cuela una particular visión de España, de nuestra historia común marcada por la Guerra Civil y de nuestra idiosincrasia, que no duda al asomarse en las inquietudes vitales, tormentos y claroscuros de una madre hija de su época. Miedos que ella siempre afronta y supera con un comentario chispeante o una sonrisa furtiva . Probablemente gracias a la que cosechó el Globo de Cristal de Karlovy Vary y los múltiples reconocimientos que le esperan.

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