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'La batalla de los sexos' y el continuo menosprecio a la mujer que ¿te hará sentir incómodo?

Berta F. del Castillo Viernes 03 noviembre 2017

Un para todos los públicos, mezclado con ese rollo biográfico que tanto excita a los académicos de la meca del cine y un ligero recuerdo al toque indie que de verdad lucía 'Pequeña Miss Sunshine', así es 'La batalla de los sexos', la nueva película de los directores de aquella cinta que se llevase el Oscar al Mejor Guion y al Mejor Actor Secundario para un Alan Arkin tan grandísimo como el resto del reparto. Jonathan Dayton y Valerie Faris vuelven a buscar el triunfo en la temporada de premios con esta adaptación cinematográfica de uno de los eventos deportivos más importantes de la historia. Billie Jean King, harta de que las mujeres deportistas cobrasen muchísimo menos que sus homónimos masculinos, decide callar la boca al autodeclarado "cerdo machista" Bobby Riggs en un enfrentamiento que tuvo al país en vilo. La película se pega increíblemente a lo que sucedió en aquel partido de 1973 llegando incluso a utilizar imágenes de archivo. En ese sentido no se le puede reprochar ni una coma porque las licencias creativas se reducen a un par de momentos añadidos... Uno de ellos vital, que representa lo que sentirán la mitad de los espectadores. Luego hablaremos de la otra mitad.

 Los verdaderos Billie Jean King y Bobby Riggs

Interpretativamente hablando Emma Stone y Steve Carell están enormes. De hecho Stone se luce tantísimo que hace pensar que los Oscars patinaron de nuevo porque el abanico de emociones y el talento que esta actriz despliega para dar vida a Billie Jean, nada tienen que ver con la Emma que vimos bailando por los soñadores junto a Gosling en 'La La Land'. Por su parte Carell, que no cuenta con ese regalazo de personaje, tiene también lo suyo, especialmente una mirada que deja atrás ese discurso de menosprecio hacia todo lo femenino que hará que los espectadores que lleguen exhaustos al final de la cinta sientan algo de alivio. Y diréis, ¿exhaustos por qué? Pues porque es agotador meterse en la piel de Jean, vivir su lucha y sufrir su duro viaje emocional. Ella es el feminismo y el resto de personajes que la rodean representan la tarea que queda por hacer. Y abruma. Abruma porque está solísima. Es en la comprensión de este sentimiento y en la sutileza de algunas escenas, en las que esa primera mitad de los espectadores se van a situar, apreciando la crítica durísima a los comportamientos machistas propios de la época que quiere transmitir la cinta. Así la cinta puede parecer en muchos momentos tremendamente incomoda e indignante pero, no tengo claro que esa vaya a ser la reacción de todo el mundo.

 Emma Stone y Steve Carell como Billie Jean King y Bobby Riggs

Esa otra mitad

El corsé de la adaptación cinematográfica de un hecho histórico se siente más que nunca en 'La batalla de los sexos' y es por eso que intento reprimir mi rechazo ante un storytelling que no soporto ver más. Me explico. Me hace sentir tristeza y un punto de desesperanza pasarme dos horas siendo testigo de un menosprecio constante hacia la mujer. Y diréis, eran los 70, era así, no hay otra. No podemos borrar el pasado, solo quizá usarlo para poner remedio a unos comportamientos que por desgracia siguen a la orden del día. Mi reacción no viene por ahí, más bien surge de la desesperanzadora idea de que no todos los espectadores vean con reproche ciertos detalles que muestra la cinta. Quizá es por mi parte un menosprecio al avance que la figura femenina ha logrado en 44 años, pero es que la realidad que percibo es otra. La realidad que siento me empuja a creer que quizá la cinta ayuda más a perpetuar ciertos pensamientos reprochables que a luchar por acabar con el machismo y aún más difícil y esencial, con el micromachismo. No, no todas las películas tienen que asumir una responsabilidad social y ayudar a que nuestras mentes vean ciertos comportamientos ampliamente interiorizados de otra manera, pero cuando hace tanta falta una lo acaba echando de menos. Sobre todo teniendo en cuenta que la película en cuestión tiene toda la intención y todas las papeletas para alcanzar a un gran público.

Ese todos contra uno que transmite tan visceralmente lo injustamente que se ha tratado a la mujer en la sociedad, no va a significar lo mismo para toda la audiencia y hay una escena en concreto que destaca esta diatriba a la perfección.

 Natalie Morales es Rosie Casals en 'La batalla de los sexos'

¡Cuidado SPOILERS!

*Aunque la escena de la que vamos a hablar sea una reproducción prácticamente inalterada de lo que sucedió, si no quieres saber más, mucho ojo.

Billie Jean, sabedora de que lo más inteligente era controlar la narrativa del enfrentamiento, y aprovechar la audiencia y la expectación del evento para transmitir la injusticia en la que vivían las deportistas en los 70, se segura de que junto al comentarista de la BBC Howard Cosell, estaría otra estrella del tenis de la época, su gran amiga Rosie Casals. Ambos protagonizan las imágenes más incómodas de la película en las que puede verse como Cosell no suelta en ningún momento a Casals. Ese gesto condescendiente transmite tal menosprecio que se hace duro de ver. Y lo que impregna de aún más sentido la escena: la actriz que da vida a Rosie en la cinta, Natalie Morales, está recortada e insertada en las imágenes originales. Menudo reto. Menudo reto teniendo en cuenta que entre Cosell y la tenista no corre el aire en ningún momento.

El gesto, que para muchos puede resultar nimio, insignificante, puede que incluso inocente, representa la gota que colma el vaso cuando se une a todos esos planos que muestran la fanfarronería y los aires de superioridad de todos aquellos que nunca tomaron a Billie Jean en serio. Como espectadora me sale del alma pensar que este instante huele tanto a podrido que despeja todas las dudas en torno a la intención con la que Dayton y Faris han planteado la cinta. Eso sí, su técnica, muy de crítica sarcástica, ¿funcionará en la mente de todos aquellos que sigan viendo algunos de estos comportamientos como algo normal? La labor de estos cineastas no es la de educar moralmente a aquellos que siguen un paso atrás, pero como diría el tio de Spidey, "un gran poder conlleva una gran responsabilidad", y si tu cinta va a dirigirse a las masas... Pues eso.

Más allá de esta reflexión, la cinta funciona y dejará poso, con suerte, en la mayoría de los espectadores... Todo esto mientras entretiene. No está mal.

FIN SPOILERS

 Emma Stone en 'La batalla de los sexos

La mala de la película

Margaret Court (Jessica McNamee) se une al continuo ataque que el mundo masculino del tenis asesta a Jean, encarnando a la villana directa durante la primera mitad de la cinta. Court, que censuraba la vida privada de la número uno del tenis femenino, se mueve con el mismo desdén hacia Jean que el resto de personajes masculinos de la historia, siendo mujer. Por supuesto el odio de este personaje hacia la protagonista y su rechazo, representa todos esos instantes en los que nosotras hemos sido nuestras propias enemigas pero, ¿por qué se convierte a Court en una mala malísima sin tapujos mientras el comportamiento reprochable de los hombres de la cinta se aplaude hasta el final?

De nuevo habrá que recordarse que todo esto lo que pretende es que el espectador sienta el mismo ataque que Jean, sufra esa injusticia, se sienta así de confuso, de solo y que de esa experiencia saque las conclusiones necesarias. Si no lo ha hecho no os preocupéis, hay esperanza en un par de frases bastante evidentes hacia el desenlace de la cinta que no hacen referencia a la figura femenina de Jean sino a su tendencia sexual. Y es que solo con una conversación al final se deja claro que los protagonistas suspiran por un mundo mejor, condenando por consiguiente aquel en el que viven. Y diréis, ¿tanta sutilidad y un discurso tan retorcido a la hora de plantear una denuncia para desembocar en una escena así? Sí, es una lástima.

Nota: 7

Lo mejor: Una de las últimas escenas de Stone y la magnífica labor de Carell como contrincante.

Lo peor: Que, aunque no quiera, termine perpetuando ciertos micromachismos ampliamente interiorizados.

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