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Olivier Ayache-Vidal ('El buen maestro'): "Hay que hacer que los profesores confíen en la capacidad de los alumnos"

Miguel Ángel Pizarro 15 abril 2018

Está claro que el cine y la educación deben ir de la mano. El estreno en España de 'El buen maestro', que distribuye Caramel Films, pone de manifiesto la importancia de la pedagogía dentro del mundo del cine. Con 'El buen maestro', el cineasta Olivier Ayache-Vidal logra combinar una buena propuesta cinematográfica con un mensaje claro: Hay que acabar con la desigualdad social a través de la educación, solo fomentando el estudio se logra romper barreras e incentivar la integración.

Educando con cine, luchando contra la desigualdad social

Olivier Ayache-Vidal

Nosotros hemos podido entrevista al realizador, que presentó en Madrid la que es su ópera prima. Ayache-Vidal, con una amplia carrera en cortometrajes con títulos como 'Undercover', 'Coming-Out', 'Mon dernier rôle' o 'Welcome to China', se lanza a la aventura del largo con una película con vocación de concienciación social. Un sólido debut en el que se ve su compromiso con la educación. 'El buen maestro' acerca al público a la realidad de los institutos de extrarradio de París, cuyos alumnos son reflejo de las fuertes desigualdades que vive el país. Una película que critica mezcla clasismo, racismo y xenofobia y que solo educando se consigue romper esas barreras de desigualdad, pese a tener un sistema educativo que debe continuar renovándose.

Contiene SPOILERS

eCartelera: En Francia ya se han producido filmes similares como 'La profesora de historia', de Marie-Castille Mention-Schaar o 'La clase', de Laurent Cantet. ¿Cuál es la diferencia que marca a su película?

Olivier Ayache-Vidal: Bueno, sin hablar solo del fondo, lo primero que la distingue de otras propuestas es el humor, eso es lo primero. Las películas de Mention-Schaar y Cantet carecían de momentos de humor, había muy pocos. Lo siguiente sería que, a diferencia de 'La clase', muestro a un profesor que se cuestiona a sí mismo y su propia filosofía, que intenta mejorar y aceptar que él también comete errores, cosa que en 'La clase' es completamente diferente, ya que el protagonista no conecta con sus alumnos y que tiene pensado rendirse. Personalmente, no quería retratar a un personaje así, lo veía demasiado pesimista. Ese perfil existe, nada es de color de rosa, pero el que yo creo para la película también.

EC: De hecho, la figura del profesor que deja a los chavales como casos perdidos también se muestra en la película.

OA: Por supuesto, es un profesor que claudica ante el consejo disciplinario, no lucha por salvar al niño, lo abandona. Si todo el mundo funcionase así, y tristemente los hay, no iríamos muy lejos, no reformaríamos completamente el sistema educativo, nos conformaríamos. Ese otro profesor deja que el sistema lo aplaste, lo acepta. De ahí, que mi protagonista sea diferente, yo apuesto por esa persona dispuesta a cambiar las cosas y que, para hacerlo, decide cambiarse a sí mismo.

EC: Efectivamente, ahí también se aprecia la diferencia. Denis Podalydès, asociado de la Comédie Française, tiene un personaje que, al principio, es el prototipo de burgués bohemio de izquierdas, elitista que, posteriormente, decide rectificar y cambiar de actitud con sus alumnos. ¿No es esencial ese cambio de actitud, porque es, justamente, lo que motiva a que los estudiantes crean en sí mismos?

OA: Desde luego. En el gran liceo de París, el Henri IV, no la hace falta su labor de pedagogo, los estudiantes quieren aprender, lo necesitan para ir a otras grandes instituciones, le es más fácil instruirlos. En esos ambientes hasta puede hacer bromas políticamente incorrectas, no van a estar a la defensiva. Por cierto, debo decir que los alumnos que se muestran en la película son, verdaderamente, estudiantes de los centros que se muestran en el filme, tanto en el Henri IV como en el instituto de extrarradio. Pero cuando se tiene un público difícil, que no sigue las pautas, hay que provocar el interés por el estudio, estimularlos, para hacer que quieran aprender y crecer y, si no se sabe hacer, es el fracaso total.

Olivier Ayache-Vidal

EC: De hecho, una buena parte del profesorado da por imposibles a estos alumnos, condenados a engrosar la tasa de fracaso escolar y carne de pandillas y grupos subversivos. Algo que llama la atención es que, en la película, los consejos disciplinarios no sirven para nada, solo para estigmatizar. ¿Cuál es la realidad de ese tipo de consejos? ¿Y, en caso de existir, no fomenta un tipo de círculo vicioso que fomenta la desigualdad social?

OA: Bueno, no hay que decir eso, no hay una mayoría de profesores que crea que los alumnos no valen la pena. Además de Chloé (Pauline Huruguen), está Rémi (François Petit-Perrin), el profesor de Historia y Geografía, que también se une para apoyar a los alumnos, como también otros profesores como la de música o la de inglés. Hay profesores que no se rinden. De hecho, aunque el sistema no sea perfecto, existe un porcentaje muy elevado de profesores que, pese que las cifras invitan al pesimismo, se esfuerzan por ejercer de pedagogos en alumnos de barrios de extrarradio. Pero, claro, lo malo es que, aunque el número de malos profesores no sea elevado, basta con muy poco para hundir la moral de un niño. Figuras como las de Foucault, tristemente, tampoco son lo habitual, poca gente está dispuesta a aceptar sus propios errores y cambiar el chip. Pero es, justamente, por eso que él es el protagonista de mi película, para invitar al cambio.

Sobre los consejos disciplinarios. A ver, no todos los adolescentes se van a ir a vender drogas, ni tampoco se van a ir a pandillas o van a acabar en la cárcel, pero sí hay un alto riesgo. Hay gente de los extrarradios de París que consigue salir, la mayoría no quiere quedarse en esos barrios y vivir dentro de la ciudad. Son barriadas, aunque también es verdad que no viven mal, disfrutan del día a día, pero sí en situación complicada.

"Los niños tienen la capacidad de encontrar la alegría, incluso en situaciones complejas"

EC: Es una realidad que también se pudo ver en 'Girlhood' de Céline Sciamma y 'Divinas' de Houda Benyamina.

OA: Sí, aunque yo quise enfocarlo desde un punto de vista más optimista. El final de 'Divinas' es trágico, acaba de una forma que, evidentemente, se aleja de lo que yo quiero mostrar. A ver, son barrios marginales pero no son barrios tristes, la gente vive y disfruta de lo que tiene, son barrios alegres, los niños juegan y se divierten. Son los adultos los que, realmente, saben la verdadera situación, para ellos sí que es muy duro, eso la infancia no lo ve.

EC: Efectivamente, los niños no ven esas realidades, o las ven de otra forma, propia de la infancia. Sin embargo, tras acabar su período escolar, esa misma realidad es inhóspita.

OA: Hay situaciones muy complicadas, desde luego. Por ejemplo, el actor que interpreta a Seydou (Abdoulaye Diallo), cuando visitamos su casa, había una habitación muy pequeña con dos literas. Cuando le preguntamos cuál era su cama, él me comentaba que dependía del momento, no tenía su propia cama, tampoco tenía una mesa para trabajar, para hacer sus deberes. Entonces, tras el colegio, ¿dónde hace los deberes? En el salón es imposible, en su habitación tampoco, dónde entonces. Hay muchas realidades así, su padre tenía dos trabajos, apenas podía ver al niño. Son situaciones complicadas, hay miseria. Pero los niños tienen la capacidad de encontrar la alegría, incluso en situaciones complejas.

El buen maestro

EC: Ahí el sistema educativo, ¿qué papel tendría? ¿Haría falta una mayor presencia de asistencia social dentro de las instituciones educativas para barrios en riesgo de exclusión social? ¿Qué ha hecho el ministro de educación, Jean-Michel Blanquer para solucionar estas desigualdades? Creo recordar que Macron ha hecho que la educación sea obligatoria desde los tres años.

OA: A ver, ellos lo intentan, quieren impulsar al sistema educativo, no se puede decir que no hagan nada. Pero queda mucho por hacer, hace falta formar más a los propios profesores, hacer más pedagogía. No solo en su tema, en sus asignaturas, sino de una forma más social. Yo apenas he podido mostrar cómo son las situaciones en una película de una hora y cuarenta minutos. Hay que hacer que los estudiantes confíen en la figura del profesor y que el maestro confíe en la capacidad de sus alumnos, confianza mutua. Aun así, es muy complejo. No es una situación catastrófica tampoco, cuando viajas a otras partes del mundo, se ven situaciones mucho peores, pero eso no significa que no se tenga que seguir mejorando.

El buen maestro

EC: Efectivamente, el mensaje de 'El buen maestro' es optimista, invita a la esperanza. El profesor cambia y eso provoca el cambio en sus alumnos. Seydou, por ejemplo, piensa en querer ir al Henri IV.

OA: Sí, curiosamente, conocí a un alumno de estos barrios cuando él tenía 11 años. Actualmente está terminando el bachillerato en Louis-le-Grand, otro gran liceo de París, situado al lado de Henri IV. El joven aún vive en los extrarradios y cada mañana va y vuelve. Está claro que hay esperanza y posibilidad de crecer académicamente, dando igual el nivel socioeconómico.

EC: Según datos de la Fundación BBVA, en España hay un 18,3% de tasa de abandono escolar. Cifra alta, pero que ha ido reduciéndose en el último lustro, en 2013 llegaba hasta el 31,7%. La misma fundación considera que el dato en un 80% superior a la media de la UE. ¿Conocía la realidad española? ¿Cree que, pese que 'El buen maestro' hable de la realidad francesa, su mensaje sea extrapolable a la sociedad española?

OA: La cifra es demoledora. Claro, su mensaje se puede también ver en la realidad española. El abandono escolar y la desigualdad social es un problema internacional. Lo importante hacer que los niños quieran aprender, eso es universal. Es el mensaje esencial de la película, un profesor desconocido tiene que hacer que un grupo heterogéneo de niños quiera estudiar y aprender, que les aporte claves.

'El buen maestro' se estrena este 13 de abril. Distribuida por Caramel Films.

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