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'Casi 40': La mirada de David Trueba sobre el tiempo, los juglares y los primeros amores

Javi P. Martín Miércoles 27 junio 2018

Hace unas semanas me preguntaba quién podría hacer una película en España tan bonita como 'Caras y lugares', el documental en el que Agnès Varda y el fotógrafo JR viajaban por Francia retratando a las gentes en sus vidas cotidianas. La mirada de la cineasta de 90 años siempre ha dado películas luminosas y alejadas del cinismo que todos vamos acumulando conforme nos hacemos mayores. 'Casi 40' me servía de respuesta: David Trueba es el candidato perfecto para recorrer el país y enseñárnoslo con una mirada distinta, más infantil y curiosa, algo que ya hizo en 'Salir de casa'. Y algo que hace, en gran medida, en su nueva película.

'Casi 40'

El director regresa al largometraje de ficción después de triunfar en 2013 con 'Vivir es fácil con los ojos cerrados', que arrasó en los Goya y nos descubrió a Natalia de Molina, una de las actrices jóvenes más punteras ahora mismo. Después, Trueba se ha especializado en apuntar la cámara a los músicos con un programa de Movistar+, 'Un lugar llamado mundo', y el citado documental 'Salir de casa', en el que él y Francisco Nixon viajaban alrededor de España y hablaban un poco de todo.

El año pasado, Trueba se reencontró con Jorge Sanz en una nueva entrega de su serie de ficción a medias, '¿Qué fue de Jorge Sanz?', y en su nueva película, que estrena esto viernes en cine, estas dos vertientes se funden en una. 'Casi 40' es una película musical y también una reunión, la de Lucía Jiménez y Fernando Ramallo con los personajes que interpretaron hace 22 años en 'La buena vida', el debut del director en el cine.

Es inevitable compararla con la obra de Richard Linklater, el director de 'Boyhood' y la trilogía que empezó con 'Antes del amanecer'. Como en esta última, 'Casi 40' es una exploración del paso del tiempo visto a través de una relación intermitente entre un hombre y una mujer. El anti-"felices para siempre", una premisa que podría resultar deprimente si no fuera por la natural tendencia a la comedia de Trueba.

También como en las películas protagonizadas por Ethan Hawke y Julie Delpy, a Lucía y Fernando les da tiempo a hablar de todo (y de nada) en este fugaz viaje alrededor de la España interior del norte. Desde por qué los hombres dejamos los baños públicos hechos un desastre (con su inevitable deje viejuno, como siempre que basas tu humor en la supuesta guerra de sexos, ese tópico añejo y cuñadil) hasta cómo nos afectó la muerte de Michael Jackson. Es ese tipo de conversación que todos podemos tener en algún momento: podrían quedarse en el terreno del cliché si no son afrontadas desde la verdad y la naturalidad. Por suerte, verdad y naturalidad hay a raudales en el cine de Trueba, algo que compensa la obvia falta de presupuesto en un proyecto con cierta textura de cine casero e improvisado.

'Casi 40'

Conversaciones sobre lo sublime y lo banal que convierten este viaje a los 'Casi 40' en un paseo agradable, aunque también algo inocuo. No ayudan en este sentido las limitaciones actorales de Lucía Jiménez y Fernando Ramallo, que a veces parecen incómodos e impostados en este regreso a sus primeros personajes. Aunque bien podría ser buscado: las primeras escenas son una muestra de lo incómodo que es reencontrarte después de muchos años con alguien que te marcó mucho en su momento.

Música y primeros amores

A pesar de rozar lo anecdótico, sí que hay ciertos temas que envuelven la propuesta, aparte de esa conversación constante sobre el paso del tiempo ("por 25 pesetas, cosas que han desaparecido de nuestra vida en los últimos 20 años").

El más claro y obvio, relacionado con el anterior, es el primer amor, y cómo seguimos con nuestra vida después de su inevitable final. Lucía ha formado una familia; Fernando no ha encontrado su lugar. A lo largo del metraje va confirmándose lo que se intuye desde el principio, que uno de ellos se quedó para siempre en esa primera relación idílica y el otro creció como persona. Pero el primer amor no es solo un sentimiento romántico, también es una época, y el reencuentro de Lucía y Fernando los vuelve a enfrentar a aquellos días de música y juventud que se esfumaron. De ahí la nostalgia con la que Trueba se deja arrastrar, que le da a 'Casi 40' un tono algo derrotado. Como su protagonista, Fernando, la película se resigna al humor autodestructivo como única forma de afrontar el dolor que causa la certeza de haber abandonado la mejor parte de la vida.

'Casi 40'

Otro tema menos evidente, y por eso quizá más agradecido, viene con la parte musical de la película. La gira con la que Lucía y Fernando se reúnen es todo lo contrario a un esperado y exitoso reencuentro: recorriendo pequeñas librerías y viejos hostales y actuando ante un público casual y espontáneo. No es un tour hecho para ganar dinero, si acaso para no perderlo, con suerte. Al igual que la propia película, es un proyecto pensado desde la supervivencia, por gente que no sabe hacer otra cosa, los juglares que solo conocen la vida de contar historias aquí y allá. 'Casi 40' también es una mirada a la relación entre la cultura y su público, y entre la cultura y la crítica (impagable esa reseña real de un concierto de Los Planetas, que demuestra que a veces a los periodistas se nos olvida lo poco importantes que somos).

Nota: 6

Lo mejor: La mirada de David Trueba, que siempre puede enseñarnos algo

Lo peor: Algunos diálogos impostados que los actores no son capaces de defender

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