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'Blackwood': La muerte de las Musas

Javier Parra Viernes 03 agosto 2018

Es normal que al comienzo de 'Blackwood', dejándonos a un lado la presentación de su protagonista como joven problemática (recién salida de una fábrica de clichés básicos) que le grita a su madre (y que recibirá como castigo el ser ingresada en una "elitista" escuela para adolescentes de su clase), que los entusiastas del cine de terror, público potencial al que va dirigida la nueva propuesta de Rodrigo Cortés, puedan ver algún que otro elemento que indique que el film vaya a apostar duro por una revisión de los cánones del terror gótico, apuntando hacia dos títulos que parecen estar presentes dentro de ese edificio donde el horror hará acto de presencia.

Blackwood

Una serie de personajes femeninos a merced de los misterios que encierra una casa y la aparición del hijo de la directora del lugar (Uma Thurman, cuyo personaje pasa de ser interesante a provocar vergüenza ajena), nos traen a la memoria sendos pilares del horror europeo como 'Suspiria' y 'La residencia'. Al film de Dario Argento, puede llegar a recordarnos por lo fácil que resulta la asociación de ideas entre chicas jóvenes-misterio-edificio. Al de Narciso Ibáñez Serrador, porque a esa suma de elementos se le añade la de un misterioso joven cuyo arco argumental ojalá hubiera sido como el que tenía Luis, el perturbado hijo de la sádica Sra. Fourneau.

Expectativas. Ese es el principal problema del que parte 'Blackwood': el hecho de crear una serie de expectativas en torno a lo que podemos encontrarnos a medida que avanza la trama, la cual empezará a tomar pronto unos derroteros en los que el intento de susto a golpe de sonido y una mala formulación de los espacios y un mal uso de la luz, convierten la experiencia en algo más cercano al espanto (como forma literal del término), que en algo que consiga provocar ningún tipo de reacción asociada al miedo.

Blackwood

Tal vez sea porque detrás de esta producción, basada en una novela de Lois Duncan, autora de las obras en las que se basaron 'Sé lo que hicisteis el último verano' o 'Las dos caras de Julia', existe la única de idea de querer vendernos una clásica historia de terror con el rostro de Thurman como principal reclamo. Y todo se queda en eso: en intenciones que acabarán con la paciencia del espectador más experimentado, pese a la poca duración de la película que se hace cada vez más cuesta arriba a medida que se van desvelando las razones que mueven a los villanos y la verdadera naturaleza de un mal sobrenatural que, desde el primer momento, está presente.

Blackwood

Del cliché al bochorno

En su día, la propia Duncan echó pestes acerca de lo que habían hecho Kevin Williamson y Jim Gillespie con 'Sé lo que hicisteis el último verano', alegando que habían convertido su thriller de suspense en un slasher al servicio del renacimiento del terror teen de los noventa. Y es una pena que la prolífica escritora lleve muerta desde 2016, porque hubiera sido interesante conocer sus reacciones ante 'Blackwood', ante los estúpidos y odiosos personajes de las adolescentes que intentan llenar metraje con sus conflictos (salvando únicamente a Isabelle Fuhrman, la mítica Esther de 'La huérfana') mientras Madame Turet (Thurman con un desquiciante acento francés que bien nos podríamos haber ahorrado) se preocupa por seguir ejerciendo cual mecenas del Más Allá y utilizando a las jóvenes como instrumentos para las Musas.

Horror y arte. Arte y horror. Dos términos que, utilizados de buena forma, podrían haber derivado en algo mucho más interesante que lo que acabará siendo este intento por recuperar el terror gótico. Un intento que resultará lo que bien podríamos definir como el horror del arte: porque no hay nada más terrible que cuando un artista te mira por encima del hombro creyéndose que su obra es incuestionable tan solo por el hecho de hablar del Arte y las Musas, las cuales parecieron no llegar nunca a la cita con Cortés para inspirarle a la hora de llevar a cabo 'Blackwood'.

Nota: 4

Lo mejor: La presentación de la casa y los espacios, prometedores.

Lo peor: Todo lo demás, desde la interacción entre los personajes a la bochornosa resolución.

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