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Festival de Locarno 2018 (Día 1): Del descubrimiento del primer amor y otros síntomas

Antonio M. Arenas Miércoles 08 agosto 2018

Desde las nuevas olas de los 60 al cine independiente norteamericano, pasando por el cine asiático y de oriente medio, hasta la actualidad bajo la dirección de Carlo Chatrian, en la que será su última edición al frente, Locarno se ha caracterizado por ser el festival de los descubrimientos. Y precisamente acerca del descubrimiento del primer amor en la adolescencia hablan las tres películas a concurso sobre las que gira esta primera crónica. 'Yara' de Abbas Fahdel, 'Genèse' de Philippe Lesage y 'Tarde para morir joven' de Dominga Sotomayor miran con inocencia y un cierto componente autobiográfico a ese primer flechazo que no se olvida, que impacta de la misma manera en Chile, el Líbano o Canadá.

Yara

'Yara'

Parece pronto para hacer quinielas del Leopardo de Oro, que concederá un jurado presidido por el cineasta chino Jia Zhangke, pero pocas películas podrían definir mejor las búsquedas y el espíritu del Festival de Locarno que 'Yara', el regreso a la ficción de Abbas Fahdel tras 'Homeland (Iraq Year Zero)', en la que grabó durante meses a su familia para retratar el antes y el después la Guerra de Irak. Desprendiéndose del peso de aquel ejercicio monumental en todos los sentidos, el cineasta iraquí mantiene su compromiso con la realidad dirigiendo un melodrama con las formas más humildes y universales del documental, que nos sitúa en una modesta casa en las montañas del norte del Líbano como prácticamente único escenario.

Allí vive la joven Yara con su anciana abuela, apartadas de la civilización. Una huérfana a las que observamos durante un verano en el que las tareas domésticas y el cuidado diario de la granja se alternan con esporádicas visitas y la llegada del primer amor. Fahdel traza un seguimiento impresionista a su día a día, a los tiernos encuentros de la pareja, la evolución de su romance y, por supuesto, su inevitable separación. Un proceso que captura con la misma ingenuidad con la que ellos se enamoran, sujetando la cámara con sus propias manos, señalando el carácter documental de sus imágenes al filmar recursos y momentos espontáneos que conectan la quietud y belleza del lugar a las bondades de la adolescencia, fundiendo de forma honesta la puesta en escena de la ficción y su construcción narrativa con la mirada documental.

Para ello cuenta con la complicidad de dos actores no-profesionales, estudiantes de cine del Líbano, que representan sus escenas relacionándose dulcemente con los habitantes del lugar y la propia dueña de la casa, que ejerce de la abuela de Yara. Hay algo hermoso en cómo la película recupera una inocencia perdida en nuestra aproximación al cine, alejada del perfeccionismo técnico y las estrictas pautas del guion (que se improvisaba en cada localización), sin por ello renunciar a dejar ciertos apuntes sobre el contexto socio-político del país, la influencia que ejerce la religión y el peso de nuestras vidas. Todo aquello que por un momento olvidamos en este rincón de las montañas donde la historia del cine y la humanidad se dan la mano a escondidas.

Nota: 8

Lo mejor: Su sencillez al integrar documental y ficción en la misma capa, continuando la herencia de Flaherty a Kiarostami.

Lo peor: Pese a sus buenas intenciones, el desarrollo corre el riesgo de volverse algo básico y maniqueo.

Genese

'Genèse'

Todavía no nos hemos desprendido del todo de la incómoda sensación que nos dejó 'Los demonios' cuando se proyectó en los últimos días del Festival de San Sebastián de 2015. Había un cineasta talentoso detrás de aquella ópera prima de largos y coreografiados planos secuencia que transmitían el malestar del fin de la infancia, pero los ponía al servicio de un ejercicio limítrofe con el cine de la crueldad en el que no acertábamos a ver justificado su exhibicionismo visual. Afortunadamente, el talento del cineasta canadiense Philippe Lesage sale a relucir en su segundo largometraje, también de carácter autobiográfico, para el que vuelve a contar con el niño protagonista de 'Los demonios' (Édouard Tremblay-Grenier), desplegando su propio 'Boyhood' particular con un romance de campamento de verano que reserva para el final, un extraño y sugerente epílogo con el que rompe la narración.

Porque 'Genèse' aspira a ser algo más que una película sobre un romance de verano, hablamos de un tratado sobre el despertar del amor en la adolescencia que pone en situación a dos hermanos y sus circunstancias. Él (Théodore Pellerin), alumno excéntrico e incorregible de un internado conservador, sentirá una atracción por su mejor amigo. Ella (Noée Abita), que tiene el tradicional primer noviazgo de su edad, despertará sus estímulos y se deja llevar por el deseo hacia una persona de mayor edad. Lesage captura el tránsito por los diversos estadíos del amor (la atracción, el rechazo, la dependencia, el desengaño, el vacío) a través de la música pop, encontrando cierto paralelismo con el cine de Wes Anderson, algo a lo que los refinados ambientes québécois también ayudan.

Genese

A diferencia de en 'Los demonios', su estilizada puesta en escena encuentra razón de ser a través de las setpieces musicales, planos secuencias como flechazos que unen y separan emocionalmente a sus personajes. Además, Lesage le da una original vuelta de tuerca a la selección musical al utilizar las mismas canciones en diversos momentos anímicos de los protagonistas. Pero donde especialmente se aprecia el componente autobiográfico en la mirada personal y frágil que arroja sobre sus personajes, de los que se compadece y aplaude su libertad, sus errores, alejándose de la mirada cruel y distante en la que caía con su anterior película.

En ese sentido, conviene señalar su enorme conexión con Sallinger (de nuevo El guardián entre el centeno, pero también Franny y Zooey) o la decisión de mantener el mundo adulto fuera de campo. Aunque no deja de perseguir cierto extrañamiento con sus movimientos de cámara, que exponen su condición de sospechoso demiurgo, siempre sembrando incógnitas al situarse por encima de la narración, con 'Genèse' Philippe Lesage consigue evocar el estado del enamoramiento y su fragilidad a ras de suelo, un camino que configura nuestra identidad y del que nos hace partícipes hasta el fondo.

Nota: 7

Lo mejor: Que su ejercicio de estilo tras las cámaras se despliegue en fondo y forma a través del uso de la música.

Lo peor: Lleva demasiado lejos el traumático devenir de su protagonista femenina.

Tarde para morir joven

'Tarde para morir joven'

La cineasta chilena Dominga Sotomayor traslada también con 'Tarde para morir joven' sus recuerdos de infancia a la gran pantalla. Cuando tenía cuatro años vivió en una comunidad alejada de la civilización, un no-lugar que se ajusta a su sensibilidad estética en el que entrecruza a jóvenes con adultos en conflicto y sin identidad, cuya huída de la sociedad no lo es más que de sí mismos. Pero ella, de nuevo, centra su atención en los más pequeños, los que conservan aún algo de esperanza. Tanto en los niños que corretean y se mueven con libertad por el bosque, como en los adolescentes que empiezan a descubrir su sensibilidad artística, su personalidad y, por supuesto, el amor.

Ambientada cuidadosamente durante el verano de 1990, para dotar de verismo a la propuesta cuenta con un reparto coral que combina actores no profesionales y rostros populares del cine chileno, como Antonia Zegers (a quien vimos en la recientemente estrenada 'Los perros'), entre los que sobresale el descubrimiento de Demian Hernández, cuya belleza andrógina guía la narración por el camino del inconformismo, la liberación y finalmente el desengaño. Mientras que la brillante puesta en escena, repleta de encuadres muy cerrados y esquinados, en los que los personajes parecen no tener lugar para refugiarse, sabe acompañarla y capturar aquel momento.

Tarde para morir joven

Pese a renunciar a cualquier referencia explícita a la época, en plena transición tras la dictadura de Pinochet, Sotomayor filtra mínimamente la realidad a través de los secretos que ocultan sus personajes y de las canciones de grupos chilenos del momento, como Electrodomésticos o Santiago del Nuevo Extremo. Aunque la mejor secuencia musical la robe una versión de Eternal Flame de The Bangles, en la que la directora juega de forma fascinante con los fundidos y las ilusiones de su protagonista. Pero al contrario de lo que caracteriza a sus personajes, 'Tarde para morir joven' sufre de un guion demasiado rígido y calculado, que en su tramo final conduce a la película a un clímax durante la noche de fin de año y a un anticlímax posterior que subrayan su trasfondo, vuelven explícita cualquier metáfora posible y se encargan de restarle sutileza al conjunto, que encontraba su belleza en lo disperso.

Nota: 6

Lo mejor: La hermosa película que sería posible contar a través de la historia secundaria del perro.

Lo peor: Que la historia no tenga la suficiente personalidad para evitar caer en lugares comunes durante su tramo final.

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