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'Una relación abierta': Cinismo remilgado

Miguel Ángel Pizarro Viernes 10 agosto 2018

Hay quien piensa que del cine independiente estadounidense solo salen buenas películas o, por lo menos, con una vena autoral que indica que se está ante una propuesta eficiente. Sin embargo, ni todo es bueno ni todo es malo, ya que también existen aquellas películas que cuentan lo mismo que otras más comerciales solo que con menos presupuesto. Un ejemplo de ello es 'Una relación abierta', una película tan sumamente progre como conservadora.

Una relación abierta

Anna y Will llevan juntos desde que eran niños. Es uno de esos casos raros de pareja que lleva junta toda la vida. Will tiene un taller en el que crea muebles de madera, lo lleva con su socio, Reece, que es el novio del hermano de Anna, Hale. Anna está terminando su tesis sobre mujeres pianistas de la historia, puesto que quiere dedicarse a la enseñanza universitaria en Historia de la Música. Todo parece funcionar, Anna y Will están a punto de dejar su estupendo loft en un barrio bohemio de Nueva York por una chalet adosado en una zona más residencial de la ciudad. Sin embargo, en el 30 cumpleaños de Anna, Reece les pregunta si no les apetece a los dos probar una relación abierta, ya que nunca han tenido relaciones sexuales con otras personas. Debido a la presión y a la curiosidad, los dos deciden atreverse, provocando que también se abra una auténtica caja de Pandora.

Película llena de clichés y con un trasfondo mojigato

En la segunda película de Brian Crano, se nota que se trata de un proyecto hecho entre amigos, ya que tanto Rebecca Hall, que coproduce la cinta, como Crano, han querido contar con gente cercana a ellos. De hecho, el marido de Hall, Morgan Spector, interpreta a Reece, mientras que el novio de Crano, David Joseph Craig, se mete en la piel de Hale, el hermano de Anna. Cierto es que esos lazos personales le otorgan al filme esa sensación de estar viendo una reunión de amigos, similar al de esas series de amistades que toman todos los fines de semana algo juntos en su bar habitual.

Una relación abierta

Sin embargo, lo bueno se queda ahí, ya que Crano pretende hacer una reflexión sobre los nuevos modelos de pareja que, realmente, esconde un mensaje mojigato y remilgado. Por un lado está la pareja heterosexual que lleva toda la vida junta y que decide probar nuevas experiencias. Sí, el inicio parece interesante, pero la trama se desarrolla de forma previsible, por un lado ella redescubre el amor apasionado, ese que se ve al inicio de las comedias románticas, por otro lado él va a caballo de lo que su novia dicta, obligándose a tener encuentros sexuales con mujeres que, encima, son algo singulares, dejando momentos realmente patéticos. Dejando una pregunta, ¿no iban a probar con diferentes personas en plan juerga de solteros?

Una película de sexo contenido y recatado

El mensaje final de esa relación abierta es tremendamente cínico y conservador. Eso es completamente legítimo, por supuesto, pero es legítimo cuando la cinta es honesta consigo misma y no pretende querer "ser moderna" cuando, en el fondo, es el reflejo de una generación conservadora y, sobre todo, egoísta. Los actores tienen química, cierto, pero nada más, ya que Rebecca Hall se muestra como una chica que no sabe qué quiere en su vida, con ya 30 años cumplidos, y que, lejos de mostrar a una mujer liberada, acaba convirtiéndose en una chica dependiente que enlaza una relación sentimental con otra. Dan Stevens no es que sea buen actor, aunque lo intenta, pero sus escenas son propias más de una comedia protagonizada por Ashton Kutcher a principios de los 2000 que de una cinta indie que pretende ser "urbana, seria y liberal".

Una relación abierta

Después está la pareja homosexual, con la paternidad como fondo. Sí, esa pareja tenía una trama más interesante, que hubiera podido dar para otra película con mayor complejidad dramática. Sin embargo, quedan completamente eclipsados por la otra pareja, cuya trama deja de interesar, no causa simpatía hacia el público y solo dejan en evidencia el que a Crano no le interese en absoluto hablar sobre las relaciones sentimentales. Con lo cual, 'Una relación abierta' es tan o más conservadora que la sexista 'Canción de Nueva York', con una historia de burgueses neoyorkinos aburridos con sus vidas, que van a exposiciones artísticas, comen en restaurantes de comida fusión, toman café aguado de cafeterías cucas, tienen vena artística, consumen solo comida macrobiótica y se preocupan por banalidades. O sea, nada que la haga diferente a una comedia protagonizada por Anne Hathaway, solo que, al menos, esa comedia comercial es más honesta con el público al que va dirigido.

Nota: 4

Lo mejor: La subtrama de la pareja gay sobre la paternidad.

Lo peor: Es sumamente superficial e hipócritamente conservadora, sobre todo en lo referente al sexo. Cualquier propuesta europea hubiera sido más directa.

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