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'El espía que me plantó': Resultona parodia femenina y oda a la sororidad

Javi P. Martín Viernes 17 agosto 2018

El mismo verano en que 'Misión Imposible: Fallout' está triunfando en cartelera, 'El espía que me plantó' parece una respuesta directa a la saga de Tom Cruise: las mujeres también pueden salvar el mundo sin ir de la mano de Ethan Hunt (o James Bond, o Jason Bourne, o cualquiera de ellos). Una pena que lo que hace esta comedia ya lo hayan intentado antes, con mejores o peores resultados, 'Austin Powers', 'Johnny English', 'Superagente 86' o, sobre todo, 'Espías', con la que Paul Feig y Melissa McCarthy ya hicieron una parodia femenina del género. Y les salió tan bien que su sombra sigue tapando tres años después este intento a medio gas.

'El espía que me plantó'

En 'El espía que me plantó' Mila Kunis y Kate McKinnon interpretan a dos amigas que se ven implicadas en una conspiración internacional en la que la CIA, el MI6 y unos terroristas se disputan un secreto de Estado. No tienen experiencia alguna en el asunto, pero Audrey (Kunis) descubre que su exnovio (Justin Theroux como una especie de Ethan Hunt muy creíble físicamente) es un espía con una misión que ella misma tendrá que acabar. La misión las llevará a ella y a Morgan (McKinnon) en un viaje por Viena, París y Berlín para evitar un ataque terrorista. Como en toda película de espías, no pueden confiar en nadie más que en ellas mismas, ni siquiera en un apuesto agente de la CIA, Sebastian (Sam Heughan, el atractivo protagonista de 'Outlander'), que jura y perjura tener buenas intenciones.

Hay dos niveles en los que se puede disfrutar 'El espía que me plantó', aunque en ambos cumple sin superar la media. Como parodia de películas de acción y espionaje, género en el que la directora y guionista Susanna Fogel se estrena, funciona sorprendentemente bien. Fogel no solo se lanza a firmar una película de un género tradicionalmente masculino (si es que alguno no lo es), sino que consigue realizar con garra y precisión algunas escenas de acción muy entretenidas. Algunos ejemplos son la persecución que da comienzo al metraje, incluido el salto desde un balcón rodado con un portentoso travelling, o la huida en coche de las protagonistas por las calles de Venecia. Por cierto, una huida que cambia el taxi tradicional por una especie de Uber o Cabify, que aprovecha para hacer guiños contemporáneos al cambio de modelo que está viviendo el sector.

'El espía que me plantó'

En el ámbito de la comedia protagonizada por mujeres, el guion de Fogel no va más allá de lo esperado. Como ocurría en casos como 'Plan de chicas', '#Sexpact', 'Una noche fuera de control' o 'Malas madres' (con McKinnon y Kunis en sus repartos respectivamente), la comedia femenina estadounidense está cortada por el mismo patrón de gags escatológicos, humor físico y juegos de palabras. A diferencia de la genial 'La boda de mi mejor amiga', por lo general estas comedias no hacen demasiada gracia, irónicamente.

Sin embargo, 'El espía que me plantó' sí sobresale sobre todo cuando a la autora le da por reírse de sí misma. Hay dos momentos que me llamaron la atención, no solo porque funcionan muy bien, sino porque consisten en mofarse, por una parte, de ese esfuerzo constante de deconstrucción autoconsciente que pretende el feminismo (a todas luces desde la experiencia propia de la autora), y, por otro, de las turistas estadounidenses que vienen a Europa a beberse hasta el agua de los floreros. El primero ocurre después de una escena de acción en la que las protagonistas cumplen su objetivo contra todo pronóstico. En pleno subidón de adrenalina y aún escapando de sus enemigos, Morgan agarra a Audrey y, encerradas en un cuarto de baño, le pide que se felicite a sí misma por lo que ha conseguido. "Siempre estás haciéndote de menos", asegura. Es un giro muy fresco a una situación que muchas mujeres feministas viven en algún momento, pero no en plena misión encubierta y mientras se juegan la vida. La otra escena divertida la protagoniza la villana Nadedja (Ivanna Sakhno interpretando a una psicópata de Europa del este que recuerda un poco al personaje del año, Villanelle de 'Killing Eve'), a la que ordenan eliminar desde una azotea al objetivo: "dos amigas estúpidas americanas". Desde la mirilla del arma de Nadedja vemos una plaza llena de parejas de amigas americanas: unas se hacen una selfie, otra sujeta al pelo a su acompañante mientras vomita, otras bailan twerking restregándose con un monumento...

'El espía que me plantó'

Es precisamente la relación entre estas dos "amigas estúpidas americanas" lo que le da sentido narrativo a la película, más allá del puñado de escenas de acción resultonas y gags simpáticos. Audrey y Morgan se conocen mejor que nadie, sin secretos, se embarcan juntas en una aventura internacional de la que quizá no salgan vivas y se apoyan la una a la otra en cada una de sus decisiones. Su lealtad y entrega, junto con la química que consiguen transmitir Mila Kunis y Kate McKinnon, convierten a 'El espía que me plantó' en una oda a la sororidad.

McKinnon, Kate McKinnon

Con un guion que lo intenta pero muchas veces no llega, queda en manos de los actores elevar el material con sus dotes cómicos. En esto no destacan ni Theroux ni Heughan: ambos cumplen el papel de chico guapo, lamentablemente invirtiendo la tradición de la comedia estadounidense protagonizada por hombres. A Mila Kunis le sienta muy bien haber abrazado su faceta de protagonista de comedias mientras se apoya en secundarias más bufonas, y no hay actriz de comedia más divertida ahora mismo que Kate McKinnon.

'El espía que me plantó'

Es una pena que ninguna de sus películas aproveche del todo ese talento que la hemos visto desplegar en 'Saturday Night Live' (os animamos a escribir su nombre en YouTube y disfrutar, entre sus personajes se encuentran la mujer que pintó el Ecce Homo de Borja y Penélope Cruz), ni la nerd en la 'Cazafantasmas' de Paul Feig ni la australiana de acento loco de 'Una noche fuera de control'.

Morgan es su personaje menos excéntrico, pero su personalidad, parlanchina y sin filtros (ya le dicen en una escena que es "demasiado"), le permite ser protagonista de alguno de los momentos más graciosos. Como cuando Morgan se obsesiona por el personaje de Gillian Anderson, la jefa del MI6 ("te respeto tanto que ha dado la vuelta y te he cosificado"). Una relación aún más graciosa si sabemos que McKinnon lleva siendo fan de la actriz británica desde joven, a juzgar por la foto que circula por Internet de ella de pequeña disfrazada de la agente Scully de 'Expediente X'.

'El espía que me plantó'

Quizá el humor de Kate McKinnon brille más en el formato corto, y a diferencia de Kristen Wiig, que se ha transformado en actriz indie de drama (y villana de DC), nunca le haga justicia una película. Mientras esperamos a que eso ocurra, cualquier oportunidad de verla en nuestros cines, como esta 'El espía que me plantó', hay que aprovecharla.

Nota: 6

Lo mejor: Kate McKinnon y el humor meta-feminista

Lo peor: Tiene un ratio bastante bajo de chistes que realmente funcionan

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