El 8 de junio de 1984 se estrenaba en Estados Unidos 'Gremlins', de Joe Dante. Transcurre en tiempos navideños, y por eso se había planificado para estrenarla en esa época, pero la Warner consideró que tendría menos competencia para alcanzar la condición de película de verano en cuanto consecución de taquilla, porque sólo tenía como rivales a Los Cazafantasmas, de la Columbia, e Indiana Jones y el Templo Maldito, de la Paramount. De todos modos, aunque fuera destinada a un público familiar, tampoco era una convencional película navideña, por su singular combinación de comedia un tanto oscura y gamberra y terror. Por eso, Steven Spielberg, que propulsó el proyecto con su productora Amblin Entertainment, se la propuso a Joe Dante, tras admirar su Aullidos(1981). No diferían demasiado los licántropos de los desbocados Gremlins (o de los vampiros: les afecta las luces muy brillantes, el detalle de que no se les puede dar de comer pasada la medianoche, y el peligro que reporta que les eche agua encima, como el agua bendita a los vampiros). Los Gremlins, llana y simplemente, siembran el caos, son la infracción hecha materia.
El guión era de Chris Columbus, con quien Spielberg conectaría tan bien que volvería a colaborar inmediatamente en Los Goonies y El secreto de la pirámide. La inspiración para el guión fue propiciada por las tensas noches que vivió en Manhattan, tras graduarse en la escuela de cine de Nueva York,cuando escuchaba tras la pared lo que parecía un regimiento de ratas que temía se abalanzaran sobre él en cualquier instante. El término Gremlin se popularizó durante la segunda guerra mundial, cuando se achacaba a pequeños monstruos los fallos mecánicos de los aviones. Roal Dahl escribió un relato titulado 'Los Gremlins' en 1943, y ese mismo año Bugs Bunny se enfrentaría a una de esas criaturas demoníacas en 'Falling hare', que se vería en la secuela que realizó Dante en 1990. Dante consideraba que se desmarcaba notablemente en su caracterización. Sus gremlins son verdes, con grandes bocas, ríen mucho y hacen cosas increiblemente desagradables a la gente.

En las secuencias finales, Mr Wing (Keye Luke), el hombre que había vendido el dulce y cantarín mogwai Gizmo al padre de Bily (Zach Galligan), les recrimina que hayan hecho con el mogwai lo mismo que el ser humano al mundo. El desbocamiento de los gremlins que arrasa con todo y todos sin consideración alguna, no dejaba de ser una metáfora del capitalismo salvaje puesto en marcha, como caballo desbocado, en la era Reagan. No era casual que se estableciera un vínculo con las películas de Frank Capra, feroz crítico de la insensibilidad avasalladora de la mentalidad empresarial estadounidense, personificada en la mujer adinerada que amenaza con matar al perro del protagonista (y en cuya casa se puede distinguir una fotografía del actor Edward Arnold, que solía encarnar esas siniestras figuras de capitostes en el cine de Capra). No es de extrañar que sea uno de los personajes que pierdan su vida, proyectada por los aires (los Gremlins no dejan también de proyectar los deseos más oscuros y turbios).
La vertiente siniestra, como fábula navideña, y por añadidura, de la faceta enajenadora comercial en la que han ido derivando las propias festividades, viene apuntalada en la actitud de la protagonista femenina, Kate (Phoebe Cates), quien señala que también es época de depresiones y soledad, en su caso concreto, por la trágica muerte de su padre precisamente en esas fechas. Los Gremlins pueden parecer la vena desaforada de un punkie antisistema (como evidencia la cresta blanca del lider de los mismos, Stripe), o niños sin control que se dejan llevar por sus ansias de satisfacer, y por tanto tomar, todo lo que quieren, placer que también se amplía con su complemento, destruir todo lo que les apetece. Eso es el capitalismo salvaje que se ha ido propagando en nuestra sociedad como las criaturas que brotan del cuerpo del mogwai o ya del Gremlin, cuando se moja con agua. Dante quedó aún más satisfecho con la segunda parte, en la que era aún más contundente al respecto. Y no se lo voy a discutir. Destaquemos siete curiosidades.