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'Wall Street, el dinero nunca duerme', muertos vivientes

Óscar Martínez Jueves 07 octubre 2010

Han pasado más de dos décadas desde que Oliver Stone dirigiera 'Wall Street', salvaje y mordaz crítica contra la sociedad capitalista que en 1987 le valiera a uno de sus protagonistas, Michael Douglas, el Oscar al Mejor Actor, amén de convertir a su personaje, Gordon Dekko, en el paradigma del broker por antonomasia.

Altas eran las expectativas ante esta inesperada secuela, más aún teniendo en cuenta que la productora decidió retrasar su estreno internacional para ganar enteros ante la carrera hacia los Oscar. Por desgracia, el nuevo trabajo de Stone no puede sino defraudarnos en líneas más que generales, en un film que carece de la virulencia y la enjundia de su predecesora, y que a pesar de criticar nuevamente a la sociedad capitalista occidental (si bien esta vez en época de crisis), naufraga al adentrarse en derroteros sentimentales.

'Wall Street, el dinero nunca duerme', muertos vivientes

Y es que 'Wall Street, el dinero nunca duerme' oscila a lo largo de sus más de dos horas largas entre el autoreferencia y el romance trillado, en un desfile de antiguas caras conocidas alrededor de la figura de un Gordon Gekko que, a pesar de su siempre agradecida presencia, es incapaz de sostener una historia repleta de giros más bien previsibles y subtramas que apenas nada aportan al film.

De este modo, y a pesar de sus notables interpretaciones,las historias que interconectan a los personajes de Douglas, LaBeouf, Mulligan, Brolin y compañía carecen de la fuerza suficiente, del empaque, la pasión y el nervio necesarios como para arrastrar al espectador hacia esa vorágine de skylines construída por Stone, obteniendo con ello un film cuyo extenso metraje resulta a todas luces innecesario para lo que finalmente termina por contar.

'Wall Street, el dinero nunca duerme', muertos vivientes

A pesar de ello, la lectura stoniana de la actual crisis mundial resulta tan edificante como entretenida, pero por desgracia la búsqueda de la redención del personaje de Gekko, así como la incursión de nuevas historias y nuevos personajes que no terminan de calar en el espectador, no hace sino forzarnos a recordar con resignada nostalgia la genialidad del film original.

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