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70 ANIVERSARIO 'GILDA'

9 curiosidades acerca de 'Gilda'

El clásico de Charles Vidor protagonizado por Rita Hayworth cumple 70 años.

Por Israel Calzado López 15 de Marzo 2016 | 13:10

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"Nunca hubo una mujer como Gilda" (pronúnciese "Guilda"), rezaba el cartel promocional. Pocas veces la campaña publicitaria de una película fue tan acertada: es difícil encontrar una mujer con una personalidad tan arrolladora, desafiante y temperamental, y a la vez tan frágil e inestable como la que inmortalizó Rita Hayworth en el clásico homónimo de Charles Vidor.

Glenn Ford y Rita Hayworth en 'Gilda'

Siete décadas después, son muy pocos los detalles que han trascendido acerca de la producción de 'Gilda'. El director, un eficaz cineasta a sueldo de Columbia tras haber roto con MGM, ya había trabajado con la que sería su musa en una producción anterior, y no dudó en ponerla al frente de este relato de intrigas oscuras, pasiones encendidas y lealtades traicionadas ambientada en el Buenos Aires de los albores de la II Guerra Mundial, apenas un año antes del estreno del film.

Convertida en mito del celuloide, ha sido reivindicada en multitud de ocasiones, muchas de ellas en otras obras cinematográficas posteriores. Coincidiendo con el setenta aniversario de este film, nosotros también nos unimos a estos homenajes repasando estos nueve datos curiosos acerca de 'Gilda'.

9 curiosidades de 'Gilda'

¿Buenos Aires o Casablanca?

¿Buenos Aires o Casablanca?

A simple vista, podríamos encontrar más de un (sospechoso) parecido razonable entre esta película y el clásico de Michael Curtiz estrenado tan solo cuatro años antes: un protagonista masculino genuinamente norteamericano, un triángulo amoroso, un escenario exótico y la sombra del nazismo y de la II Guerra Mundial como telón de fondo. El casino que regenta George Macready (y luego Glenn Ford) tiene una distribución casi calcada al Café de Rick (despacho en la planta superior, bar en la inferior y acceso a la sala de juego a través de una discreta puerta), y en ambas películas las autoridades locales gozan de ciertos privilegios para seguir haciendo la vista gorda ante alguna actividad ilícita de los dueños. No tenemos a Sam tocando el piano, pero sí un asistente que tampoco tiene pelos en la lengua, y los macguiffin también son parecidos: de los salvoconductos de 'Casablanca' a las patentes de 'Gilda'. Es verdad que luego las tramas de ambas películas son notablemente diferentes, pero no se puede negar que, en un primer vistazo, el déjà vu es, como poco, notorio.

El director

El director

De ascendencia húngara, Vidor Károly se había iniciado como montador en una productora alemana antes de llegar a Estados Unidos en 1924. En 1931, ya firmando como Charles Vidor, había realizado su primer corto, 'The Bridge', y a lo largo de la siguiente década y media dirigiría más de una veintena de películas de carácter efímero y amable. En una de ellas, 'Las modelos' (1944), conocería a su musa Rita Hayworth, a quien regalaría el inmortal personaje de 'Gilda' (1946). Volverían a trabajar juntos en una tercera ocasión: 'Los amores de Carmen' (1948).

Vidor aún realizaría varios títulos notables como 'El cisne' (1956) o el remake de 'Adiós a las armas' (1957), antes de fallecer prematuramente, víctima de un ataque al corazón, mientras rodaba la que se convertiría en su obra póstuma, 'Sueño de amor' (1960), que finalizaría su colega George Cukor.

Los actores

Los actores

De padre español (sevillano, para más señas) y madre irlandesa, Margarita Carmen Cansino Hayworth había llegado a Hollywood en 1933 formando parte del Spanish Ballet, y a los dos años ya estaba haciendo pequeños papeles en films de Serie B. Hasta que por fin consiguió un papel de cierto peso en 'Solo los ángeles tienen alas' (Howard Hawks, 1939). Y a partir de ahí, al estrellato: 'Sangre y arena' (Rouben Mamoulian, 1941), 'The Strawberry Blonde' (Raoul Walsh, 1941) o 'Las modelos' (Charles Vidor, 1944), entre otras. Luego llegó 'Gilda', de nuevo de la mano de Vidor: un papel que la catapultó definitivamente a un estrellato que ya no volvería a tocar de este modo en películas posteriores.

El joven Gwyllyn Samuel Newton Ford, sin haber cumplido los treinta y con solo nueve años en la industria, ya sumaba más de una quincena de protagonistas y secundarios en otros tantos títulos menores antes de llegar a 'Gilda'. Este papel no solo le dio a conocer internacionalmente, sino que le granjeó una profunda amistad (y durante una etapa, algo más que eso) con su compañera Hayworth, hasta tal punto que, a la muerte de ella en 1987, él caería en una profunda depresión de la que no se recuperaría. Ford nos dejó en 2006, a la edad de noventa años.

George Peabody Macready Jr. era un veterano de los escenarios cuando hizo su primera aparición en la gran pantalla: fue con un papel secundario en 'Ataque al amanecer' (John Farrow, 1942). En tan solo cuatro años, hasta llegar a 'Gilda', participó en nada menos que catorce largometrajes; luego le veríamos interpretando otros inolvidables papeles en clásicos como 'Rommel, el zorro del desierto' (Henry Hathaway, 1951), 'Julio César' (Joseph L. Mankiewicz, 1953), 'Senderos de gloria' (Stanley Kubrick, 1957) o 'Tora! Tora! Tora!' (Richard Fleischer, 1970). Fallecería en 1973 tras más de ciento cuarenta trabajos en cine y televisión.

En playback

En playback

Es una de las grandes preguntas que siempre deja la película: ¿es Rita Hayworth la que nos seduce cantando 'Amado mío' y la inmortal 'Put The Blame on Mame'? He aquí un mito cinéfilo que, aun siendo desmontado una y otra vez, parece que no se apaga. La respuesta es no: Hayworth podrá encandilarnos con su movimiento de caderas, con su pelo revuelto y con su jugueteo con los guantes, pero no con su voz. Anita Ellis, una cantante canadiense de veintiséis años, fue quien interpretó ambos temas, un trabajo no acreditado oficialmente en la película pero que, con el tiempo, ha sido siempre reconocido en los libros, artículos y estudios que se han publicado sobre 'Gilda' en estos últimos setenta años.

El escándalo

El escándalo

La paradigmática escena que ha pasado a los anales de la Historia del Cine: Glenn Ford arrastra a Rita Hayworth fuera del escenario y, en un arrebato, le arrea un señor bofetón para hacerle callar. ¿Reprochable acto misógino? ¿Exceso de temperamento por parte del protagonista masculino? No entraremos aquí a calificarlo, pero sí nos da pie a comentar otra bofetada anterior menos recordada y, como poco, igual de dolorosa: el doble guantazo que Hayworth propinó a Ford (en aquella escena en la que ella, engañada, regresaba de Montevideo) le hizo saltar dos dientes al futuro padre terráqueo de 'Superman'.

La censura

La censura

En muchos países (entre ellos, España), 'Gilda' no pasó el corte de la censura: que la película mostrara trapicheos, contrabando y corrupción era una cosa, pero tanta poligamia y libertinaje por parte de la protagonista era algo muy diferente. Una película "gravemente peligrosa", en palabras de la propia Iglesia Católica, que exigiría tarjeta roja para el film en cuanto Hayworth se quitaba el primer guante. Sin embargo, al menos en nuestro país, se levantaría parcialmente (y por tiempo limitado) la prohibición, permitiéndose una exhibición limitada del film en Madrid durante la Navidad de 1947, casi dos años después de su estreno oficial.

El cine homenaje a 'Gilda'

El cine homenaje a 'Gilda'

Tal vez no sea la obra más reputada ni más valiosa en la Historia del Séptimo Arte, pero sin duda su aureola mítica ha trascendido más allá de su tiempo convirtiéndose, además, en una de las películas más homenajeadas en obras cinematográficas posteriores. Quizá el guiño más simpático lo encontremos en '¿Quién engañó a Roger Rabbit?' (Robert Zemeckis, 1988) (el número musical de Jessica, el vestuario y el bastón letal del Dr. Doom), y el más cinéfilo, en 'Cadena perpetua' (Frank Darabont, 1994): recordemos que el relato original de Stephen King se titulaba 'Rita Hayworth and the Shawshak Redemption', y en la película, tras proyectarse 'Gilda' en el presidio (para gozo de los presos), la mismísima se convertía, de manera pasiva, en el primer cómplice del plan maestro de Tim Robbins. El póster (considerado el sexto mejor cartel de cine de todos los tiempos según la revista Premiere) lo hemos podido ver también en 'Ladrón de bicicletas' (Vittorio de Sica, 1948), 'Cinema Paradiso' (Giuseppe Tornatore, 1988), 'Jacquot' (Agnès Varda, 1991) o 'Mulhollad Drive' (David Lynch, 2001), por citar sólo unos pocos films.

Los cineastas españoles también idolatran al personaje y a la película: ahí están las referencias explícitas en, por ejemplo, 'Madregilda' (Francisco Regueiro, 1993), 'El baile de las ánimas' (Pedro Carvajal, 1994), 'El crimen del cine Oriente' (Pedro Costa, 1997) o 'Historia de un beso' (José Luis Garci, 2001), y quizá algo más velada en el número musical de Victoria Abril en 'Sin noticias de Dios' (Agustín Díaz Yanes, 2001).

Por último, señalar que el cantante Michael Jackson se colaba en la película y conversaba con 'Gilda' en un audiovisual de la que iba a ser su gira de despedida 'This Is It'; dicho vídeo se puede ver en el documental homónimo de 2009.

El remake turco

El remake turco

Si pensabais que nuestros amigos turcos solo ametrallan grandes hits setenteros como 'La guerra de las galaxias' (George Lucas, 1977) o 'Superman' (Richard Donner, 1978), estáis pero que muy equivocados: los grandes clásicos de la Edad de Oro de Hollywood también son susceptibles de pasar por el tamiz balcánico. 'Bo? Ver Arkada?' es el título original de esta rareza de 1974 que no oculta su, ejem, inspiración, pero que, contrariamente a lo que podríamos imaginar en un principio, venía firmada por uno de los cineastas más prolíficos de su país y que, posteriormente, alcanzaría cierto prestigio internacional con otra película, 'Sürü' (1979), que sería galardonada en Locarno, Berlín y en los premios del Instituto Británico de Cine, entre otros prestigiosos certámenes.

'Gilda' y el paso del tiempo

'Gilda' y el paso del tiempo

A pesar de estar hoy considerada como todo un clásico, la verdad es que a 'Gilda' no le fue excesivamente bien en su estreno: como ya hemos dicho, tuvo que enfrentarse a la censura en varios países y ninguno de sus actores logró volver a igualar la notoriedad que habían logrado con este film. Tampoco hizo carrera ni en los Oscar ni en festivales internacionales: tan solo una nominación al Gran Premio del Jurado de Cannes '46 que terminaría decantándose por el 'Breve encuentro' de David Lean.

Tras unas décadas en las que estuvo casi olvidada, el Festival de San Sebastián de 1987 la recuperó y la proyectó dentro del homenaje a Glenn Ford, Premio Donosti de aquel año. En 1999 sería digitalizada y restaurada a iniciativa de Sony Pictures y la UCLA para su lanzamiento en DVD. Finalmente, en 2013, la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos la introdujo en su Registro Nacional de Cinematografía.

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