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'Los hombres que no amaban a las mujeres', un conjunto de buenas escenas no hace una buena película

Laura Sande 15 enero 2012

El tándem formado por Stieg Larsson y David Fincher parecía destinado al éxito, y es que la sordidez de la saga 'Millenium' no podría tener mejor objetivo que el del genial Fincher. La turbia historia de Lisbeth Salander y el misterio de la familia Vanger nos hicieron soñar con la vuelta del Fincher de 'Seven' y 'El club de la lucha', pero la adaptación de 'Los hombres que no amaban a las mujeres' se ha quedado a las puertas de la grandeza con una amplia trama que supera el indudable talento del director.

Una joven desaparecida, un periodista condenado en los tribunales y una hacker asocial son el punto de partida de la cinta, que narra la investigación de Mikael Blomkvist para dar con la nieta del ex líder de un poderoso grupo empresarial. 40 años antes, Harriet Vanger desapareció sin dejar rastro durante una reunión familiar, convirtiendo a todos los Vanger en sus potenciales asesinos, hasta que el misterio vuelva a convertirlos a todos en sospechosos destapando los secretos más oscuros de la familia.

Daniel Craig y Rooney Mara en 'Los hombres que no amaban a las mujeres'

Dos horas y media incapaces de adaptar la novela

Llevar a la gran pantalla una novela superventas es uno de los retos más difíciles a los que se puede arriesgar un cineasta, y es que cualquier universo que cree ya habrá sido imaginado por millones de lectores. Fincher no sólo se enfrenta al legado de Larsson, sino a la primera adaptación sueca protagonizada por Noomi Rapace.

Fuera de toda duda está el talento del director, patente en sus planos, el color de la película, movimientos,... Las escenas saben a David Fincher, pero por mucho prestigio que haya tras la cámara, el conjunto resulta un grupo de escenas que parece no evolucionar en el desarrollo de la película. El espectador no logra sentir que ha alcanzado el preciado nudo, y las investigaciones paralelas llevadas a cabo por Lisbeth y Mikael parecen una constante presentación de los hechos. Y es que si de algo peca esta adaptación es en su ritmo, ya que la fuerza de la imagen y de determinadas escenas no logra enganchar por completo a los que ocupan las butacas.

Fincher vuelve a confiar en Trent Reznor y Atticus Ross para la banda sonora, tras su excelente trabajo en 'La red social', una música que daba pulso a la trama del creador de Facebook. Aquí, sin embargo, su declaración de intenciones se diluye con el paso de los minutos. Los videocliperos créditos iniciales consiguen hacernos sentir que algo bueno se acerca, pero nada más que eso, ya que su presencia deja de retorcerse alrededor de la historia y pasada la primera media hora apenas notas su efecto.

Rooney Mara y Daniel Craig, la extraña pareja

La hacker Lisbeth Salander creada por Larsson es un personaje de culto a pesar de su corta vida, su imagen transgresora y su más que oscuro pasado implican la creación de un personaje que marca un antes y un después en la carrera de un actor.

Daniel Craig y Rooney Mara en 'Los hombres que no amaban a las mujeres'
Rooney Mara sale del paso, pero al igual que el resto de la cinta no logra la matrícula de honor, al quedarse ligeramente relegada a las órdenes de Fincher. Su presencia es más visual que de carácter, algo que le sobra al personaje, convirtiendo erróneamente la mirada al suelo en su firma. Su fuerza, su rabia y su odio alcanzaban la empatía de los lectores de la novela y pocos serán los espectadores no iniciados que se enamorarán de esta asocial.

La química entre los dos personajes protagonistas tampoco logra explotar. La trama es densa y el tiempo escaso, por lo que Fincher optó por no desperdiciar escenas que nos mostraran la relación entre ambos. No le echaremos la culpa a Mara, que da lo que se le pide, ni tampoco a Craig, que pasa como por el resto de sus personajes sin pena ni gloria, con un aprobado raspado que denota la falta de personalidad que transmite.

Los hombres que no amaban a las mujeres confirma con esta segunda adaptación que su historia no es apta para cines, y que una sucesión de buenas escenas no dan forma una buena película. Fincher firma un entretenimiento notable respecto a la media, pero sin alcanzar las altísimas expectativas de los que vibramos con la novela de Larsson.

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