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'Declaración de guerra', noble y valiente batalla por la vida

Jorge R. Tadeo 12 febrero 2012

Llega a los cines la triunfadora del pasado Festival de Cine de Gijón, donde acaparó los premios a mejor actor y actriz, además del galardón principal a la mejor película del certamen asturiano de cine independiente. 'Declaración de guerra' es la candidata que la academia francesa escogió para representar al país galo en los Oscar 2012 en la categoría de película de habla no inglesa... y no resulta demasiado sorprendente que finalmente se haya quedado fuera de las preferencias 'académicas' hollywoodienses.

 Los protagonistas de 'Declaración de guerra'

Y es que además de una gran película, la cinta que dirige, escribe y protagoniza Valérie Donzelli (estos dos últimos aspectos junto a su ex marido Jérémie Elkaïm) es un salto sin red, una poco acomodaticia propuesta autobiográfica que narra, de manera nada convencional, cómo Donzelli y Elkaïm lucharon en la vida real por sostener su relación (y sostenerse a sí mismos) durante los duros años en los que su hijo padeció los efectos de un cáncer. Una premisa que puede fácilmente apartar a un buen número de espectadores, sagazmente abordada huyendo del tremendismo y crudeza con que podría haberse tratado tan delicado asunto.

El temible subgénero del melodrama sobre la enfermedad, que demasiado a menudo se regocija en el sufrimiento, el morbo emocional y la degradación física de los pacientes, invitando al espectador a una absurda ceremonia del dolor ajeno, ha encontrado entre innumerables y fatigosos títulos que todos tenemos en mente (por no hablar de los abominables telefilms de sobremesa) algunas propuestas más que interesantes. Obras como 'Wit' de Mike Nichols, 'Mi pie izquierdo' de Jim Sheridan, 'Camino' de Javier Fesser (con reparos por la excesiva crudeza de la odisea médica, pero con el enorme acierto de utilizar un arriesgado barniz de inocencia infantil para abordar lo emocional) o la extraordinaria 'La escafandra y la mariposa' de Julian Schnabel, narran en primera persona el drama humano, con recursos formales y narrativos que permiten conmover al espectador sin conducirle gratuitamente a una absurda espiral de dolor y padecimiento.

 Escena de 'Declaración de guerra'

Pero 'Declaración de guerra' propone algo distinto también a las respetables propuestas mencionadas, pues quizá el gran mérito del film de Donzelli, es huir del tratamiento morboso optando por un tono catártico, de melodrama (casi) ligero, puntuado por rupturas narrativas que introducen no pocos elementos de liberadora e inteligentísima comedia (el jocoso juego de hipótesis de los padres, sobre las secuelas que le puedan quedar al niño) o incluso ciertos momentos musicales (la muy ecléctica banda sonora y su uso son magníficos) que recuerdan al delicioso surrealismo naïf de un film de Jacques Demy. Todo ello sin caer en ningún momento en lo frívolo o en lo irrespetuoso (no son sospechos de serlo Donzelli y Elkaïm, desde luego, cuando están hablando de la auténtica enfermedad de su hijo).

El amor contra los elementos

Una de las claves para que el asunto funcione y encandile a su audiencia sin asfixiarla en los terrenos del drama sórdido, es que Donzelli y Elkaïm ponen el foco desde el guion, no en el traumático proceso de superación de la enfermedad del niño, sino en cómo la pareja libra una batalla simultánea para sostener su relación de pareja frente al durísimo golpe que se les viene encima y cómo ambos se apoyan en el otro para no derrumbarse. La película es ante todo una doble historia de amor contra los elementos (no es casualidad que los protagonistas de la película se llamen alegóricamente Julieta y Romeo), por un lado el reparador afecto y complicidad de la pareja y por otro, el amor incondicional a su hijo, que permiten a los padres sacar fuerzas de flaqueza al afrontar un cáncer.

 Los protagonistas de 'Declaración de guerra' con su hijo

Es modélica la muy humana manera de contar cómo los protagonistas se encargan de gestionar el entorno familiar (debe ser recordada esa extraordinaria y humanísima escena en la que la dramática noticia del diagnóstico del niño, se extiende entre el círculo familiar desatando una larga cadena de apoyos y solidaridad), cómo afecta a su vida personal, laboral y emocional la enfermedad del hijo (los altibajos y pequeñas crisis de ambos, que no son falsamente mostrados como irreductibles o heróicos padres) o cómo afrontan las visitas médicas (la película es también un homenaje al sistema de salud pública del país vecino, al que está dedicada explícitamente en un rótulo previo a los créditos finales).

Así las cosas, con una premisa de duro drama hábilmente matizado y aligerado, con un logrado tono que consigue emocionar sin golpes bajos, la película (formalmente muy atractiva, imbuida de un indisimulado espíritu de 'Nouvelle Vague' y rodada con una cámara de fotos Canon) y su atractivo romanticismo humanista, va seduciendo al espectador que logre liberar sus prejuicios y se deje guiar por Donzelli en un sensible, que no sensiblero, viaje de catarsis que convierte una batalla contra el cáncer en un esperanzador canto a la vida. En definitiva, 'Declaración de guerra' es cine moderno (en el mejor sentido), audaz y arriesgado. Una propuesta tremendamente valiente y emocionante, que arrancará en más de un espectador sanas lágrimas liberadoras.

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