CRÍTICA

'Aída y vuelta' sin fingir que el tiempo no ha pasado

El regreso de 'Aída' al cine esquiva la nostalgia fácil y se atreve a mirarse al espejo: una comedia consciente de su legado y de los límites de su propio humor.

Por Víctor Mopez Más 30 de Enero 2026 | 09:00
La vida se me queda corta para ver todo el cine y las series que me gustaría.

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'Aída y vuelta'
'Aída y vuelta' (Sony Pictures)

El regreso de 'Aída' al cine no es, contra todo pronóstico, una operación nostálgica al uso ni un episodio extendido diseñado para reproducir mecánicamente los tics de la serie. 'Aída y vuelta', dirigida por Paco León, plantea desde su propio arranque una ruptura consciente con la idea de continuación convencional apostando por un artefacto híbrido que mezcla comedia popular, reflexión metanarrativa y ajuste de cuentas con el paso del tiempo.

Tráiler 'Aída y vuelta'

La película entiende que el verdadero desafío no consiste en resucitar personajes icónicos, sino en interrogar qué significan hoy. Para ello, León opta por una estructura que desdobla identidades, difumina los límites entre actor y personaje y convierte el propio acto de volver a 'Aída' en el centro del relato. Es una decisión arriesgada pero también honesta: no hay intento de fingir que nada ha cambiado, ni en la ficción ni fuera de ella.

Volver a Esperanza Sur

Este juego metacinematográfico funciona como motor conceptual de la propuesta. ¿Qué significa volver a Esperanza Sur? Los personajes son conscientes de su condición, del recuerdo que arrastran y de las expectativas que pesan sobre ellos. La película se construye, así, como una reflexión sobre la memoria colectiva, el desgaste del humor y la dificultad de repetir un fenómeno cultural sin traicionarlo ni embalsamarlo.

Carmen Machi vuelve a sostener el conjunto con una presencia que trasciende el gag. Su Aída aparece atravesada por una melancolía inesperada, más consciente de sus límites y contradicciones, sin perder por ello el filo cómico. Machi aporta una dimensión emocional que eleva el material y evita que la película se quede en un mero ejercicio de ingenio autorreferencial.

'Aída y vuelta' se mete en el rodaje de un capítulo de 'Aída'
'Aída y vuelta' se mete en el rodaje de un capítulo de 'Aída' (Sony Pictures)

Paco León, tanto delante como detrás de la cámara, refuerza esta lectura autoconsciente. Su dirección no busca la corrección ni la nostalgia blanda, sino una cierta incomodidad calculada: el espectador es invitado a reírse, pero también a preguntarse de qué se ríe y por qué. No todos los chistes aterrizan con la misma precisión, pero la intención es clara y coherente.

El reparto coral se mueve entre la fidelidad al recuerdo y la necesidad de evolucionar. Miren Ibarguren y el resto del elenco asumen ese equilibrio con desigual fortuna, pero siempre desde una entrega evidente. La película sabe que su fuerza no reside en replicar sketches clásicos, sino en tensionar su propio legado.

El carácter marcadamente coral de 'Aída y vuelta', reforzado por el regreso de prácticamente todo el elenco principal —con la notable ausencia de Ana Polvorosa—, juega también en su contra. El metraje no permite que todos los personajes tengan el mismo espacio para brillar y muchos de ellos quedan inevitablemente desdibujados, reducidos a presencias o a meros guiños para el espectador fiel. Es una limitación comprensible, incluso inevitable, en una película que intenta abarcar tantos rostros y memorias en poco más de hora y media, pero no por ello menos perceptible: la nostalgia convoca a todos, aunque no todos encuentren un lugar real desde el que volver a existir con plenitud.

Más allá del guiño

Narrativamente, 'Aída y vuelta' es irregular. La acumulación de ideas, guiños y capas de lectura termina afectando al ritmo, especialmente en su tramo central. Hay una sensación persistente de dispersión, como si la película quisiera abarcar demasiados frentes a la vez: homenaje, sátira social, reflexión íntima y comentario industrial.

Carmen Machi, el corazón de 'Aída y vuelta'
Carmen Machi, el corazón de 'Aída y vuelta' (Sony Pictures)

Sin embargo, esa falta de cohesión también revela algo genuino. 'Aída y vuelta' no pretende ser un producto perfectamente engrasado, sino una obra atravesada por dudas, contradicciones y cierta urgencia expresiva. Es una película que se permite ser imperfecta porque entiende que la perfección sería, en este caso, una forma de traición.

El humor, elemento definitorio del universo original, se mantiene deliberadamente al límite. Hay chistes incómodos, provocaciones conscientes y una voluntad clara de no autocensurarse en exceso. La película asume que el humor envejece mal por definición y decide enfrentarse a ello sin pedir disculpas, aunque eso implique incomodar a parte del público.

Desde el cariño

Visualmente, la película no busca sofisticación innecesaria, pero sí una puesta en escena más cuidada que la de la televisión. León prioriza la claridad del dispositivo narrativo frente a la estilización, reforzando la sensación de estar asistiendo a un ejercicio de exposición emocional más que a un espectáculo cinematográfico tradicional.

Paco León y Eduardo Casanova en 'Aída y vuelta'
Paco León y Eduardo Casanova en 'Aída y vuelta' (Sony Pictures)

Quizá el mayor problema de 'Aída y vuelta' sea su dependencia del bagaje previo del espectador. Quienes no tengan una relación emocional con la serie original encontrarán dificultades para conectar plenamente con la propuesta. La película no se esfuerza en ser autónoma y asume ese riesgo como parte de su identidad.

'Aída y vuelta' es una obra valiente dentro del panorama del cine comercial español. No solo recupera a unos personajes queridos, sino que se atreve a cuestionarlos, a reírse de ellos y de sí misma. Un regreso lúcido que entiende que volver no siempre significa repetir, sino mirar atrás con la suficiente madurez como para seguir avanzando.

'Aída y vuelta' se estrena en cines el 30 de enero.

7
Lo mejor: La valentía de asumir el paso del tiempo y convertir el regreso de 'Aída' en una reflexión autoconsciente sobre la memoria, el humor y sus propias contradicciones.
Lo peor: En su afán por abarcar demasiadas capas y guiños, acaba debilitando la cohesión narrativa y su autonomía como película. No todos los personajes encuentran su hueco.